Ruta de los Volcanes
El Sendero de la Ruta de los Volcanes es uno de los recorridos más espectaculares de la isla de La Palma (Islas Canarias, España), famoso por atravesar gran parte de la dorsal volcánica del sur de la isla.
Es una travesía de alta montaña, exigente físicamente, pero con paisajes únicos de origen volcánico.
Buena parte de su dureza se la lleva el desnivel acumulado de descenso, unos 1.500 metros, frente a los 750 metros de acumulación de subida. Por su parte, la exposición al sol, posibles rachas de viento fuerte y tramos arenosos también suben un poco el nivel de dureza.
Para el llegar al Refugio de El Pilar, punto en el que se inicia la ruta, nos valemos de un taxi. Os dejamos el teléfono de Santana, un profesional que nos hizo el viaje muy ameno: +34 618 49 02 41
El sendero completo consta de unos 24 kilómetros hasta las Salinas de Fuencaliente, pero nosotros realizaremos unos 18 hasta Los Canarios, que es lo que suelen hacer muchos senderistas.
Durante el recorrido que transcurre por la dorsal de Cumbre Vieja veremos cráteres, conos de ceniza, coladas de lava solidificada y daremos un pequeño repaso a varios volcanes acontecidos en la historia más reciente de La Palma desde que se tienen registros.
Por este impresionante paisaje salpicado con intermitentes masas de pinares navegaremos por encima de las nubes hasta que en los kilómetros finales nos alcanzan para introducirnos en una atmósfera embrujada.
Tras llegar a Los Canarios nos moveremos en coche para visitar los Faros y las Salinas de Fuencaliente, un atractivo entorno en el que cerramos la jornada con precioso atardecer.
✅Villa de Mazo pertenece a la RUTA MÁGICA 15 · Escapada Mágica por Canarias.
La Palma
¡Hola amig@s!
Os saludamos desde la isla de La Palma, rumbo al inicio de una de sus rutas más emblemáticas.
Como sucede en otros senderos de este territorio volcánico, lo más recomendable es hacer uso del taxi para ir al punto de inicio, ya que hay recorridos lineales que requieren de gran esfuerzo para hacerlos de ida y vuelta.

Área Recreativa Refugio del Pilar
Nos despedimos del genial Santana, nuestro taxista, para entrar en el Área Recreativa Refugio del Pilar, zona que alberga un fantástico Punto de Información Ambiental.
Como bien reza su letrero de entrada, este centro de interpretación se encuentra dentro del Parque Natural Cumbre Vieja.
Dentro de las instalaciones nos abruman unas impresionantes fotografías sobre el entorno y sobre todo, una aérea salpicada de cráteres que abarca buena parte de nuestro recorrido de hoy.

Entre sus paneles encontramos aquel que nos habla sobre el Volcán Tajogaite, la primera erupción terrestre canaria del siglo XXI. En una pequeña visita pudimos ver parte de sus devastadores efectos.
Por su parte, otros carteles nos hablan de la historia geológica de La Palma, una de las islas del archipiélago más jóvenes en emerger, hace la friolera de 1.770.000 años. La actividad eruptiva más reciente se concentra en la mitad sur creándose con ello una espectacular dorsal volcánica, justo la que vamos a atravesar hoy.
Otro de los expositores, en cambio, exhibe distintos tipos de roca que podremos encontrar: fonolitas y basaltos, siendo este último material volcánico el más frecuente en Canarias.
A continuación, entramos en la habitación que interpreta de manera interactiva la flora y la fauna del parque natural. Si hay algo que no vamos a dejar de ver son los pinares.
Para finalizar, la sala restante nos habla de los aprovechamientos tradicionales que se hacían en Cumbre Vieja. Madera para la construcción y el pastoreo eran los usos principales aunque hoy en día estas tierras se dedican más para el disfrute recreativo.
Y puesto que vamos a involucrarnos en este disfrute haremos caso a las normas de un cartel que nos despide del centro de interpretación.
Inicio «Ruta de los Volcanes»
A escasos metros al sur de este complejo tomamos el sendero que inicia la “Ruta de los Volcanes”. Ya de entrada, impresionantes pinos canarios nos anticipan la envergadura de este recorrido.
Hay dos finales posibles: por un lado el más asequible y la que realizan la mayoría de los senderistas, conlleva unos 17,4 kilómetros hasta la localidad de Los Canarios. Por otro lado, llegar al Faro de Fuencaliente, que supone prolongar la jornada unos 6 kilómetros más.
Nosotros realizaremos la primera ya que es la más aconsejable por tiempo y por dureza.
Vistas al Parque Nacional La Caldera de Taburiente
Los primeros cientos de metros en fuerte ascenso nos van situando sobre los pinares del Área Recreativa al tiempo que nos abren vistas hacia el norte, a las cumbres del Parque Nacional La Caldera de Taburiente.
El Roque de Los Muchachos con 2.426 metros de altura domina la cresta septentrional de la caldera.

Mirador del Birigoyo
Las panorámicas irán mejorando conforme avanzamos. Aquí, en el Mirador del Birigoyo se abre una ventana hacia cotas más inferiores donde el volcán de Montaña Quemada se antepone a la depresión del valle de Los Llanos de Aridane salpicada de viviendas.
El Mirador del Birigoyo recibe el nombre del pico que estamos rodeando, en principio por su vertiente septentrional. Las pendientes de su forma cónica que alcanzan los 1.809 metros de altura no tardarán demasiado en mostrarse. Y tampoco la textura de su pasado violento. Un firme en el que la vida vuelve a brotar.

Avanzando unos cuantos pasos más las estampas se enriquecen. El dominio visual hacia la caldera se acrecienta dejando también al descubierto el macizo montañoso de Cumbre Nueva cuyas cotas empiezan a recibir el abrazo del mar de nubes provocado por los vientos alisios.
Otras nubes, en cambio, aparecen rezagadas en las faldas del Pico Bejenado, al sur de la Caldera de Taburiente.
Entre el Birigoyo y la Montaña del Gallo
A continuación, el camino progresa rodeando el Birigoyo hasta alcanzar su cara occidental, por donde se suavizan las pendientes.
Por este intervalo de ruta atravesamos un paso natural de monte entre el Birigoyo, a nuestra izquierda, y la Montaña del Gallo a nuestra derecha.

Luego realizamos un corto descenso hasta una encrucijada que vuelve a empinar el firme. Esta pista forestal aunque exigente, es de paso cómodo y encara las laderas occidentales de la Montaña La Barquita.
Por el GR-131 -«Palos Jincados»
En el siglo XVII este camino que ahora pertenece al sendero de Gran Recorrido 131 era conocido como el de los “Palos Jincados”. Era un recorrido tradicional que se usaba para evitar los escarpados barrancos de las laderas y que comunicaba el sur con el centro de la isla.
De las laderas de la Montaña de la Barquita pasamos a las de Montaña Pelada y Montaña de los Charcos, siempre en ascenso al cobijo de buenas masas de pinares.
Volcán San Juan
Tras 4 kilómetros de andadura cruzamos una falla mediante una pasarela de madera para dirigirnos al este por un serpenteante sendero. Esta falla es producto de la actividad sísmica del Volcán de San Juan, a cuya cresta nos dirigimos. Aquí, el perfil traza una línea imaginaria entre dos municipios: al oeste, El Paso, y al este, Villa de Mazo.

Precisamente nos asomamos al territorio del último de ellos pero el mar de nubes solo nos deja ver las cotas del Pico Nambroque y de la Montaña de la Morcilla. En el horizonte, flotando entre algodones, Tenerife y su inconfundible pico El Teide de 3.715 metros de altitud.
A poco más de 12 kilómetros de Los Canarios, el camino progresa por esta cresta superando con creces los 1.800 metros de altura. Con esta elevación, mirando a nuestra espalda al norte, regresan las vistas a la Caldera de Taburiente y además podemos identificar los techos del Birigoyo o de la Montaña de los Charcos, entre otros.
Nos hubiera encantado identificar el Roque Niquiomo, cumbre a la que subimos en una fascinante ruta.
Cráter Hoyo Negro
Las nubes parecen asfixiar la orografía por debajo de los 1.600 metros de altura en ambos flancos así que nos preocupamos por disfrutar de lo que hay por encima de ellas.
Seguidamente, ganamos un poco más de altitud por la dorsal hasta que la inclinación se asienta presentándonos parte de la huella más violenta producida por el Volcán de San Juan. Se trata del Cráter Hoyo Negro, una de las bocas eruptivas principales.

Nos acercamos a esta impresionante fractura de tierra para verla más de cerca. El Volcán de San Juan recibe este nombre debido a que su actividad se inició en la festividad del Santo, un 24 de junio.
Ocurrió en el año 1949, tras más de 237 años sin fenómenos volcánicos. Junto con el Tajogaite de 2021, la de San Juan es una de las erupciones históricas más recientes registrada en La Palma.
Esta fuerza de la naturaleza duró más de 40 días siendo el cráter Hoyo Negro uno de los principales emisores de ceniza, vapor y fragmentos de magma y roca. Estos fenómenos se dirigieron sobre todo hacia la vertiente occidental de la isla, hacia El Paso y Los Llanos de Aridane.
Singulares pinares canarios
El rocambolesco hundimiento de la orografía estremece solo con verla. En la medida de lo posible procuramos seguir por el sendero marcado para continuar la marcha.
Sortearemos la parte más elevada del cráter por su cara oriental, donde nos asaltan unos sorprendentes ejemplares de pinares canarios. Algunos de ellos se muestran con el tronco prácticamente enterrado y expresan su liberación al exterior retorciendo sus ramas de manera singular.
Volcán El Duraznero
Después de este pintoresco bosque nos asombra otro escenario ennegrecido por la actividad eruptiva de San Juan. En esta ocasión nos encontramos frente al Volcán El Duraznero, de 1.824 metros de altura, que supone otra de las bocas importantes del fenómeno volcánico ocurrido en 1949.
Su cráter está pegado al pico El Fraile, de 1.906 metros de altura. No tendremos que alcanzar esa cota, pero sí la que encontraremos más al sur y de mayor altitud. Luego nos preocuparemos de ella.

Ahora lo que nos interesa es descender hasta la caldera de este enclave para quedarnos boquiabiertos por el espectacular lago de magma. Con el paso de los años ha quedado petrificado, pero tuvo que ser todo un espectáculo incandescente.
Al contrario que en Hoyo Negro, las consecuencias del Duraznero se vertieron hacia el este con una colada que descendió por el municipio de Villa de Mazo hasta detenerse a escasos metros del Atlántico.
Volcán Llano del Banco
Por su parte, el Volcán de San Juan contó con otra boca eruptiva de relevancia, la del Llano del Banco que emergió en la ladera occidental, a unos 1.300 metros de altura. Esta fisura también expulsó una colada que llegó hasta la costa, en Puerto Naos.
Afortunadamente, las consecuencias del Volcán San Juan no contabilizaron víctimas humanas pero sí ocasionaron cuantiosos daños materiales que obligaron a migrar a numerosas familias palmeras.

Para continuar el viaje, las señales nos empujan a rodear el cráter del Duraznero por su flanco occidental.
Ultramaratón Transvulcania
En sentido contrario nos cruzamos con una corredora. Tal vez se esté entrenando para la carrera Transvulcania que transcurre por este mismo recorrido. Es una prueba bestial que en su versión Ultramaratón alcanza los 73 kilómetros con 4.350 metros de desnivel positivo acumulado y 4.057 metros de desnivel negativo.
Casi nada. Me parece a mí que si venimos algún día a esta prueba nos plantaremos como un pino en un buen lugar para disfrutar de la carrera como meros espectadores.
Volcán de La Deseada
Con todo, esta ruta ya tiene sus propias dificultades, como la subida que nos llevará a remontar el Volcán de La Deseada. Son apenas 400 metros de longitud pero con pendientes de inclinación que oscilan entre el 11% al 25%.
Eso sí, las vistas que obtenemos con la ganancia de altura ayudan a hacerlo más llevadera.

La dorsal de Cumbre Vieja continúa por encima de las nubes, como reivindicando un lugar reservado solo para los dioses. Desde luego no nos sentimos como estos seres mitológicos, pero sí como seres humanos muy felices por coronar este ascenso a unos 1.930 metros de altura, la cota más alta de la etapa.
Desde que se tienen registros no hay evidencias de actividad en el Volcán de La Deseada por lo que sus orígenes debieron darse hace milenios. En este vértice geodésico podemos adivinar a oriente las siluetas de las Islas de La Gomera y Tenerife.

Hacia el sur, la cumbre de la Montaña de los Bermejales, cuyas laderas occidentales van a encontrarse con el Volcán El Charco, justo el que aconteció 237 años antes que el de San Juan.
Al oeste, en cambio, nubes y Atlántico hasta donde alcanza la vista. Antes de comenzar el tramo descendente, realizamos el almuerzo en unos pinares a escasos metros de La Deseada.

Inicio del tramo descendente
Los 10 kilómetros de etapa que nos restan serán prácticamente en descenso, con algunos tramos más pronunciados que otros, como éste que acomete la vertiente meridional del Volcán La Deseada.
De no ser por el serpenteo del trazado más de uno podría salir rodando cuesta abajo. En apenas 500 metros de recorrido hemos descendido 100 metros de golpe.

Montaña de los Bermejales
Ahora el sendero va llaneando por una cómoda pista que se aproxima inexorablemente a la Montaña de los Bermejales. Al llegar a ella nos damos cuenta de que afrontamos este accidente geográfico por un valle que perfectamente pudo ser el cráter de la misma montaña.
En cierto punto la depresión se enfila hacia otro cono de interés, el del Volcán Martín de Tigalate.
Atravesar la Montaña de los Bermejales por este firme de paso fácil y avance rápido evita la visita al Volcán El Charco. Este hito tuvo su erupción en el año 1712 donde estuvo emitiendo lava durante 56 días para cubrir parte del suroeste de la isla.



Una vez que dejamos atrás la Montaña de los Bermejales rodeamos otra conocida como Cabrera y nos plantamos en una extensión dominada por el picón negro, esto es, una grava volcánica muy ligera que tapiza la orografía.
Volcán Martín de Tigalate
En este contexto recorreremos los dominios en los que se alza el Volcán Martín de Tigalate. Su cono alcanza los 1597 metros de altura, cota que se ve superada por los 1610 metros del pico contiguo, el de Los Faros.
Mientras el camino nos dirige a las inmediaciones del volcán, os contamos que la erupción del Martín de Tigalate sucedió en el año 1646. Su boca se abrió entre lo que hoy conocemos como los límites de los términos municipales de Villa de Mazo y Fuencaliente.

Fue un volcán muy destructivo, vertiendo coladas hacia la vertiente sudeste de la isla además de la expulsión de ceniza y piroclastos. Todos estos fenómenos arrasaron multitud de cosechas, pastos, ganado y viviendas destrozando el modo de vida de muchos habitantes.
Se dice que los terremotos fueron tan fuertes que se sintieron hasta en Tenerife donde incluso la población corría a refugiarse en las iglesias.
Por su parte, hay una milagrosa historia en la que los palmeros se encomendaron a la Virgen de las Nieves para pedir por el final de la erupción. Y el prodigio sucedió, pues tras sacar a la Virgen en procesión se encontraron con que la boca que expulsaba lava estaba cubierta de nieve y con ello, el cese de la catástrofe.
El camino progresa ahora entre el monte de Martín de Tigalate y la ladera del pico Los Faros. En esta última nos sorprenden misteriosas aberturas. ¿Servirán a los espeleólogos para estudiar el interior de la montaña?

Rodeando Montaña Pelada
A partir de aquí navegamos por una cota inferior a los 1.600 metros de altitud lo que implica que el mar de nubes ya empieza a abrazar la orografía. Montaña Pelada, con techo a 1.445 metros será el siguiente bastión orográfico a rodear.
Tanto el firme como los alrededores siguen estando tapizados por la grava volcánica lo que realza las tonalidades verdes de los pinos que se atreven a crecer por aquí.
Detrás de nosotros nos vamos despidiendo del volcán Martín de Tigalate cuyo cono se alza todavía más imponente ahora que hemos descendido unos cuantos metros.
Montaña Pelada a la derecha empieza a cubrirse por completo de nubes y sin apenas darnos cuenta aparecemos inmersos en un ambiente embrujado. Y para colmo, un cuervo, que parece recibirnos para darnos la bienvenida al inframundo.

Nosotros no estamos muy acostumbrados a que estas aves se queden tan tranquilas ante la presencia humana, pero se ve que por aquí hay varios ejemplares que han cogido confianza al recibir alimento por parte de los senderistas.
A cambio de comida él puede posar para alguna foto, pero a decir verdad hoy trabajaría gratis. No teníamos nada que darle y además tampoco sabíamos si era correcto el hacerlo.
Con todo, el pájaro insistió dando vueltas alrededor de nosotros mientras descendíamos por la cara oriental de Montaña Pelada. Al final su persecución desistió bien por aburrimiento, o bien porque la niebla cerraba todavía más el entorno como para seguir volando.
Esta atmósfera tiene la mala idea de ocultarnos el paisaje de los alrededores pero por otro lado crea momentos enigmáticos.
Montaña del Fuego
Las laderas escarpadas que transitamos ahora pertenecen a la Montaña del Fuego. Este es uno de los últimos conos volcánicos visibles, bueno, ahora no, que nos saldrán al paso antes de llegar a Los Canarios. Esta localidad la tenemos ya alcance, a poco más de 3 kilómetros.
A partir de aquí afrontamos una llanura descendente entre pinares, alguno de ellos muy singular. Y estando un poco atentos también descubrimos la singularidad en ciertos animales.
La acumulación de tantos pinares por metro cuadrado hace que el terreno esté tapizado de las acículas que caen de estos árboles. En este sentido, las piedras que jalonan el trazado sirven de guía para delimitar el dibujo del camino por si en algún momento estos restos vegetales llegasen a cubrirlo.
Hay tramos, en cambio, que son totalmente de piedra con firmes muy irregulares en los que el paso es más incómodo. Con todo, la piedra también es la solución para improvisar escalones con los que salvar las pendientes más pronunciadas.

En este entorno aparentemente yermo de plantas se pueden indetificar bejequillos canarios, encimbas y tréboles hediondos, entre otras especies.
La ruta de hoy está llegando a su fin y gran parte de su dureza se lo lleva el desnivel de bajada acumulado, unos 1.500 metros. Cuando tocamos asfalto notamos el esfuerzo llevado a cabo.
Los Canarios
Esta pista nos lleva al cenit de la jornada pero acortamos camino por un nuevo sendero que empieza a desvelarnos la localidad de Los Canarios. Volvemos a cruzar la carretera para acortar una vez más por otro camino, éste calzado de piedra.
Entre los edificios de la urbe que nos asaltan de un primer vistazo encontramos la Iglesia de San Antonio Abad. Y al sur, sobre los tejados, asoma el Volcán de San Antonio cuya erupción tuvo lugar en el año 1.678.

Y justo al entrar en Los Canarios nos sorprende el Monumento a El Caminante, del año 2.015.
Iglesia de San Antonio Abad
Antes de salir de Los Canarios le dedicamos un momento a su Iglesia de San Antonio Abad. El templo tiene su origen en el año 1.576, tiempo en el que figuraba como ermita agregada a la Parroquia de Villa de Mazo.
No tuvo el rango de Iglesia hasta el año 1832 cuando ya pasó a formar parte de Fuencaliente, aunque realmente el municipio no se fundó hasta el año 1837.
El aspecto actual del edificio es fruto de numerosas actuaciones a lo largo de los siglos pero su factura presenta una construcción de un solo cuerpo de arquitectura canaria.

En 1866 se llevó a cabo la creación de la espadaña a base de sillares de piedra de cantería.
La plaza anexa que rodea el recinto se construyó en el año 1999.
Descendiendo por el paseo hacia la carretera general observamos una fila de placas. En ellas el pueblo de Los Canarios rinde homenaje cada año a los ganadores de la prueba Transvulcania.
Fuente del Vino
A continuación, en una plaza situada a la izquierda se emplaza la Fuente del Vino. Este hito monumental debe su nombre a las fiestas de la Vendimia que se celebran en agosto, ocasión en la que se aprovechan sus caños para verter vino.
Pastelería Zulay
Nosotros, en cambio, vamos a verter pasteles en nuestro estómago para celebrar otra cosa: la realización de esta fantástica Ruta de los Volcanes. Quedaros con el nombre la Pastelería Zulay, no os vais a arrepentir.
Salinas y Faros de Fuencaliente
No queremos irnos de esta zona sin conocer el apacible lugar de las Salinas de Fuencaliente. La versión larga de la Ruta de los Volcanes continúa descendiendo desde Los Canarios rodeando el Volcán de San Antonio hasta llegar a este lugar.

Faro clásico
Aquí, en el extremo sur de La Palma, se levantan dos faros. El que comprende el edificio clásico es el primero que se construyó comenzando a funcionar en el año 1.903. La altura de su torre es de unos 12 metros.
Diferentes movimientos sísmicos y, sobre todo, la erupción del cercano Volcán Teneguía en 1.971 dañaron la estructura del edificio hasta que dejó de funcionar como tal. Después se restauró para albergar el Centro de Interpretación Marina de la Reserva Marina de La Palma.

Cruz homenaje a los Mártires de Tazacorte
Una cruz situada a la derecha del faro homenajea a 40 beatos de Tazacorte que murieron violentamente por defender su credo cuando en 1.570 se dirigían en la nave “Santiago” a la evangelización de Brasil.
Playa del Faro
Desde este monumento hay bonitas vistas al oeste en las que oteamos próxima a nosotros la Playa del Faro, donde todavía sobrevive una pequeña comunidad de pescadores.
Por su parte al norte, se adivina el cono del Tenegía, la ladera meridional de San Antonio y la de la Montaña del Mago. Es la huella que ha dejado la ferocidad del interior de la tierra que hoy contrasta con la mansedumbre que se respira en el entorno.

Al este divisamos las Salinas de Fuencaliente sobre una plataforma volcánica costera. Todo este enclave forma parte de la Reserva Marina de la Palma y aparece protegido dentro del Monumento Natural de los Volcanes de Teneguía.
Faro Moderno
El segundo faro empezó a funcionar en 1.985 para sustituir al antiguo. Su torre mide 24 metros y a día de hoy sigue prestando ayuda a la navegación. Sus colores a base de franjas blancas y rojas permiten que sea fácilmente visible desde la distancia.
Salinas de Fuencaliente
Para finalizar, nos acercamos a la salinas. Este complejo fue creado en 1967 por la familia Hernández linaje que a día de hoy sigue gestionando su funcionamiento. El proceso de producción y recolección es completamente artesanal manteniendo con ello las labores tradicionales y la sostenibilidad con el paraje natural colindante.


En este sentido, las salinas son un hábitat para aves migratorias, como garzas, chorlitejos o cigüeñuelas.
Los estanques poco profundos reciben el agua que se bombea del Atlántico. Los colores varían según la concentración salina y los microorganismos.

Después, el sol y el viento castigan lentamente estos recipientes evaporando el agua. Una vez que la concentración de la sal es alta, ésta se cristaliza y se recoge con un instrumento llamado cedazo. La sal recogida pasa finalmente por un proceso de secado.

¡Y nada más amig@s! Se nos ocurre que este precioso atardecer en un lugar único es una de las mejores formas de terminar esta jornada. La Palma y la Ruta de los Volcanes os esperan.
¡Hasta la próxima!































