Playa de Doñana
CICLOTURISMO

SANLÚCAR de BARRAMEDA – El ROCÍO

Recorremos los 30 km de Playa de Doñana que separan la desembocadura del Guadalquivir hasta la localidad de Matalascañas.

Cruzamos el Guadalquivir en una barcaza desde Sanlúcar de Barrameda por el módico precio de 10€ por cabeza/bicicleta.

Lo mejor para disfrutar esta ruta es hacerla coincidir con las horas de marea baja para aprovechar la arena de la orilla más compacta. Aun así, no deja de ser arena, un terreno movedizo que a la larga ofrece su resistencia y notas el esfuerzo.

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Como se observa en las imágenes, sufrimos también un fuerte viento de componente noreste que nos golpeaba de costado. No obstante, la experiencia ha sido preciosa: cientos de gaviotas, juguetones correlimos y esquivas cigüeñelas nos acompañarán por una interminable orilla jalonada por una extensa y virgen barrera de dunas de alto valor ecológico en continuo movimiento por las fuerzas del viento.

Tras la llegada a Matalascañas tomaremos la carretera A-483 rumbo a El Rocío, famosa aldea por su tradición mariana donde más de un centenar de hermandades rinden devoción todos los años a su Virgen, también conocida como «Blanca Paloma«.

 


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Sanlúcar de Barrameda

Hola amig@s!
Nos encontramos en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, frente al Centro de Visitantes “Fábrica de Hielo” desde donde gozamos fantásticas vistas a la desembocadura del Guadalquivir.

Playa de Bajo de Guía
Playa de Bajo de Guía

Aquí, en la Playa de Bajo Guía vamos a tomar una barcaza que nos permitirá el cruce del río hasta la otra orilla, a los dominios del Parque Natural de Doñana.

Playa de Bajo de Guía
Playa de Bajo de Guía

Hay que estar atentos porque el transporte nos espera junto al muelle Paso de Olaso en la orilla, no en el embarcadero, donde sí se toma el buque El Real Fernando para realizar las visitas organizadas.

Embarcadero Paso de Olaso
Embarcadero Paso de Olaso

Cruce del Guadalquivir en barcaza

Así que nos damos prisa y nos unimos a otras familias que también quieren hacer esta incursión a su aire.

Los horarios de esta barcaza varían según la época del año, podéis preguntarlos en el Centro de Visitantes “Fábrica de Hielo”. Lo que sí os podemos decir es que el billete nos costó 10€ por ciclista.

Cruzar la desembocadura del Guadalquivir a inicios de un mes de abril y a estas horas de la mañana puede resultar una friolera experiencia, por las temperaturas, claro está.

Cruzando el Guadalquivir
Cruzando el Guadalquivir

Afortunadamente las estampas hacia la todavía dormida Sanlúcar de Barrameda y a los arenales que nos esperan consiguen al menos avivar el fuego del ánimo.

Y es que el primer objetivo de hoy es recorrer toda la orilla de Doñana hasta la localidad de Matalascañas. Unos 30 kilómetros de playa virgen jalonada por un rico sistema dunar en continuo movimiento debido a la fuerza del viento y que sirve como refugio para la avifauna costera.

Atraque de la barcaza en la otra orilla
Atraque de la barcaza en la otra orilla

Todavía estamos en los dominios de la desembocadura del Guadalquivir así que lo único que tenemos que hacer es continuar el curso del río hacia su salida al Atlántico.

En el arenal de Doñana
En el arenal de Doñana

Búnkeres defensivos de la II Guerra Mundial

A pesar de ser un espacio virgen el ser humano deja su firma bélica, en este caso a modo de búnker defensivo, construido durante la II Guerra Mundial ante la amenaza de una posible invasión de las fuerzas aliadas.

Divisando los búnkeres
Divisando los búnkeres
Búnkeres defensivos de la II Guerra Mundial
Búnkeres defensivos de la II Guerra Mundial

Viejos edificios de nuestro pasado más convulso.

Continuamos avanzando unos cientos de metros más paralelos al río hasta alcanzar la Punta de Malandar donde el litoral comienza a orientarse hacia el noroeste abriéndose al Atlántico.

Al sur, el saliente gaditano de la Punta del Perro, justo donde se encuentra el Faro de Chipiona, el más alto de España con 62 metros sobre el terreno.

Por la Punta de Malandar
Por la Punta de Malandar
Por la Punta de Malandar
Por la Punta de Malandar

Vamos a darle la espalda porque nuestro viaje se orienta en sentido contrario ya por el territorio de la provincia andaluza de Huelva.

Cómo afrontar estos kilómetros de playa en bicicleta

Para encarar estos kilómetros por la orilla de esta espectacular playa tenéis que controlar un poco el horario de las mareas.

Recorriendo la orilla en bajamar
Recorriendo la orilla en bajamar

En la medida de lo posible, lo ideal es empezar cuando todavía resta una hora u hora y media para la bajamar, eso os dará un buen margen para rodar sobre un terreno más compacto provocado por la influencia del agua.

No obstante podréis encontrar tramos más movedizos en los que el agua todavía no se ha retirado del todo, pero solo os supondrá algo más de resistencia en el pedaleo.

Después, a disfrutar por un lado con los cientos y cientos de gaviotas que vienen a socializar a la orilla y por otro lado con el mar de dunas que jalonan este interminable arenal.

Las dunas y el rastro del viento
Las dunas y el rastro del viento

Como observáis, la amplia llanura que nos deja la bajamar es una auténtica maravilla. Es el espacio intermareal por donde también corre el viento que se hace visible gracias a esos látigos de arena que lo acompañan.

Gran espacio intermareal
Gran espacio intermareal

El viento, el «enemigo» invisible

El viento es otro de los hándicap que podéis sufrir en esta ruta. Hoy nos viene del noreste, con algunas rachas fuertes que realmente hacen triplicar el esfuerzo, pero bueno, nos lo tomamos con calma y realizamos paradas para no castigarnos demasiado.

Correlimos en la orilla
Correlimos en la orilla

Entre la avifauna que pudimos identificar, además de las numerosas gaviotas, encontramos los simpáticos correlimos, nerviosa e incansable especie cuya alimentación se basa en taladrar la orilla en busca de invertebrados. Y también las estilizadas cigüeñuelas, hermosa especie de largas patas rosáceas.

La rica avifauna se deja ver en la orilla
La rica avifauna se deja ver en la orilla

Hay otras muchas especies, pero son más esquivas y alguna de ellas se resguarda del viento entre las dunas. Un viento que empieza a golpearnos con más dureza y que es el responsable de hacer que esta barrera de montículos de arena cobre vida, cambiándoles la forma, posición y el tamaño. Son conocidas como dunas móviles.

El Parque Nacional y Natural de Doñana

El entorno de Doñana es Parque Nacional y Natural a la vez. El primero se creó en 1969 y el segundo en 1989 aunque posteriormente se amplió en el 1997.

Playas de Doñana
Playas de Doñana

Debido a la su situación estratégica, entre el continente Europeo y el Africano y a sus amplias y ricas marismas es un lugar de paso de miles de aves acuáticas, que emplean este paraje para nidificar e invernar.

Si nos acercamos a las dunas podremos ver carteles donde anuncian la prohibición de transitar por ellas con el fin de proteger los posibles nidos.

Acercándonos a las dunas
Acercándonos a las dunas

Además de la aves existen otros animales que aportan riqueza y valor a este ecosistema, como el caballo autóctono o el lince ibérico, además del resto de variedad de mamíferos, reptiles, anfibios y peces.

Preciosa orilla
Preciosa orilla

Y en cuanto a la flora, destacar aquella que sobrevive a las duras condiciones de las dunas como la retama, la camariña y el carrizo. Pinos y alcornoques se dejan ver más al interior y después está toda aquella gama de especies de los entornos de marismas.

Torres Defensivas

Por su parte, si al inicio nos fijamos en los búnkeres de la II Guerra Mundial, tampoco pasan desapercibidas las atalayas del siglo XVI mandadas a construir por el Rey Felipe II con el fin de avistar las posibles incursiones de piratas berberiscos y así proteger este litoral.

Vistas a la Torre Carbonero
Vistas a la Torre Carbonero

Junto a la Torre Carbonero se sumaron otras al sistema defensivo que recorría toda la Costa de la Luz.

Matalascañas

Matalascañas se adivina cada vez más próxima y tras casi 30 kilómetros recorridos el esfuerzo de rodar por este terreno ya empieza a pesar.

Llegando a Matalascañas por su Playa del Coto
Llegando a Matalascañas por su Playa del Coto

Alcanzamos la urbe por su extremo oriental, en su Playa del Coto, nombre que le viene al dedillo pues por aquí parece haber una barrera que acota el terreno limitando la zona urbanizada.

Aprovecharemos el momento para reponer fuerzas en alguno de los chiringuitos antes de retomar el viaje.

Doñana y la mano del hombre

Reanudamos la marcha comenzando a callejear por las arterias de lo localidad hasta que decidimos que es más placentero hacerlo por su paseo marítimo.

Aunque Matalascañas es lugar de disfrute para miles de veraneantes, para el sector medioambiental puede decirse que es la oveja negra del Parque Nacional y Natural de Doñana.

Los ciudadanos, las infraestructuras de la urbe y los pozos ilegales han ido consumiendo desde los años 70 del pasado siglo el agua del entorno desecando lagunas y marismas de valerosa biodiversidad.

Por el paseo marítimo de Matalascañas
Por el paseo marítimo de Matalascañas

A la altura del Centro de Ocio de Surfasaurus nos adentramos en la localidad para atravesarla y alcanzar su extremo norte, donde podremos circular por un cómodo carril de tierra.

Por aquí iremos encontrando una serie de esculturas a nuestro paso que conmemoran hitos de la cultura e historia de la provincia de Huelva, como por ejemplo aquellos referentes a los restos dolménicos, a la época de los descubrimientos o a la cultura del vino y de las romerías.

Rumbo a El Rocío por la A-483

Llegados al extremo occidental de Matalascañas tomaremos la recta carretera A-483 dirección a El Rocío, jalonada a ambos lados por los dominios de Doñana.

Y tras 14 kilómetros de asfalto por un agradecido y amplio arcén, llegamos a esta famosa aldea, lugar de gran tradición mariana que celebra una aclamada romería cada fin de semana del Lunes de Pentecostés para venerar a la Blanca Paloma, nombre que recibe la Virgen que custodian los muros de esta hermosa Ermita.

El Rocío, mirando hacia Charco de la Boca
El Rocío, mirando hacia Charco de la Boca

Un templo que se emplaza en un marco incomparable, a orillas del Charco de la Boca, una sosegada marisma que recibe aportes de diferentes arroyos, como el de la Rocina, y donde su flora y fauna parece vivir en comunión con el ajetreo de la comunidad rociera.

Santuario de Nuestra Señora de El Rocío
Santuario de Nuestra Señora de El Rocío

Para finalizar recorreremos el paseo fluvial que bordea el Charco, donde además de perfilar la orilla norte de este espacio natural nos aproximaremos más a la Ermita y veremos monumentos que homenajean las señas de identidad del lugar.

Paseo fluvial
Paseo fluvial

El Rocío bien merece una visita más pausada, aunque eso tendremos que dejarlo para otro momento. Nuestro siguiente objetivo será llegar a Mairena del Aljarafe, el punto de inicio de esta ruta circular por esta área del valle del Guadalquivir, aunque eso lo veremos en otro capítulo.

Hasta la próxima!



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