MOLINOS del RÍO GUADAÍRA
Hoy recorremos una atractiva ruta por el Río Guadaíra en la que descubriremos un valioso conjunto de molinos harineros, muchos de ellos originarios de la época de Andalusí. Otros en cambio, se construyeron con el auge de la economía agrícola entre los siglos XIV y XV sobre todo con el aumento de la producción del cultivo del trigo y el olivar.
El río nos dirigirá a la histórica Alcalá de Guadaíra donde encontraremos gran parte de estos edificios etnográficos en buen estado de conservación. No en vano, este tramo del Guadaíra fue declarado Monumento Natural en el año 2011 debido al alto valor patrimonio natural como a su arquitectura de interés.
Un marco incomparable bajo la custodia de un Castillo emplazado en un cerro y un “Dragón” que nos vigila desde un puente.
En la ruta también surcaremos unos kilómetros por el Canal del Bajo Guadalquivir o también llamado “Canal de los Presos“. Podéis conocer más tramos de este canal en el vídeo por DOS HERMANAS – CANAL de los PRESOS – LA CORCHUELA
Por último, deciros que todo el trayecto se incluye dentro del trazado de la Vía Augusta que parte desde Cádiz. Para los amantes del Camino de Santiago os resultará de interés.
Universidad Pablo de Olavide
Iniciamos la marcha dejando el complejo de la Universidad Pablo de Olavide por un viaducto con carril bici que salva las infraestructuras del futuro tranvía de Alcalá y un canal de agua.
Precisamente a este último curso tendremos que emparejarnos por un carril de tierra que permitirá que naveguemos paralelo a él. Hay unos metros que se distancian para sortear una pequeña depresión pero rápidamente regresamos pegados a su orilla.

Canal de los Presos
Si observáis bien, en el otro margen del cauce también hay pistas para realizar este recorrido. Aunque hay varios puentes para pasar al otro lado, nosotros las dejaremos para el viaje de vuelta, así convertiremos esta ruta lineal en una circular, entre comillas.
Este curso de agua es el Canal del Bajo Guadalquivir, también conocido como el Canal de los Presos, ya que fue construido principalmente por reclusos en la primera época franquista entre los años 1940 y 1962.
Tuvimos la oportunidad de conocer otros tramos del mismo en un vídeo que os dejamos en la descripción.
Donde antaño el agua corría a sus anchas en una campiña con dehesas de encinas y alcornoques hoy vemos un espectacular entramado de canalizaciones que la regula, controla y dirige a distintos cultivos de regadío.
Puente Sifón
Tras algo más de 4 kilómetros de recorrido llegamos al valle conformado por el paso del Río Guadaíra. El Canal del los Presos soluciona el paso del flujo del agua con la construcción de este Puente Sifón.
Sin darnos cuenta, bajo nuestras ruedas, dos enormes tuberías transportan el agua por esta infraestructura de más de 300 metros de longitud.
Esta plataforma nos sirve además de perfecto mirador, ya que domina una amplia extensión de las vegas del Guadaíra que ya deja entrever en sus riberas visos de su valor medioambiental.

Lo seguiremos comprobando con más proximidad, pues nada más cruzar el puente tomamos la pista a la derecha para descender e incorporarnos al carril que acompaña al río.
Son pocos los metros a rodar para ser testigos de parte de su riqueza faunística, como este grupo de cormoranes que se entretienen viendo el trasiego de senderistas y ciclistas por el camino.
Aunque rodeado de tierras de cultivo, el enclave del Guadaíra es un paraíso para numerosas especies de aves. Lástima que la cercana presencia de las áreas industriales empañe el paisaje aunque a estos animales no parece importarles demasiado.
Anades y garcetas también se dejan ver en nuestro recorrido hacia el primer molino harinero de la jornada: el de Cerrajas.
Molino de Cerrajas
Debe su nombre a la aldea homónima contigua de la que ya no quedan restos. Su alta torre así certifica su carácter defensivo en una época en la que musulmanes y cristianos estaban en disputas por las fronteras. Es por este motivo que el molino puede ser anterior al siglo XII.
Por su parte, la sala para la molienda es de planta rectangular y culminada por una bóveda de cañón.

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Continuamos avanzando describiendo el dibujo de un cauce bien jalonado por su vegetación de ribera que de cuando en cuando, recibe la sombra de algún eucalipto disperso.
Estas tierras deben ser fértiles, solo hay que ver la vida que rezuma en las orillas del río y el buen aspecto de las tierras de cultivo que se extienden hasta donde alcanza la vista.
Aunque, bueno, poco después se interrumpe por el viaducto de la SE-40.
Molinos de Pelay Correa
Pasaremos por debajo de esta infraestructura para luego ir en busca de los siguientes molinos, los de Pelay Correa, cada uno de ellos situado en una orilla, enfrentados, compartiendo un azud o muro a modo de represa.

El que está en la orilla opuesta es más pequeño y antiguo, originario de la época almohade. Sin embargo, el molino grande, que se emplaza a nuestra vera, aunque más moderno se encuentra en un estado ruinoso.
Reanudamos la marcha advirtiendo una mayor presencia en especies arbóreas jalonando el camino.
Olivos, fresnos, álamos, chopos, olmos y un tramo de pinares, entre otras especies, nos van dando paso a las inmediaciones de la localidad de Alcalá de Guadaíra.
Alcalá de Guadaíra
Molino del Realaje
La urbe nos recibe con el pintoresco Molino del Realaje, que quizá tuvo su origen en la época andalusí aunque lo que hoy exhibe es una gran torre medieval, que resalta más por su anchura que por su altura y que ésta almenada con remates piramidales.

El edificio está muy bien conservado, e incluso mantiene anexa la casa del molinero. Un lugar idílico para disfrutar de la pesca o para recrearlo en pinturas.
No muy lejos se alza un edificio inglés de finales del siglo XIX correspondiente a la antigua estación de bombeo de aguas, La Adufe.
Monumento Natural Riberas del Guadaíra
A continuación, reanudamos la marcha por el margen izquierdo de río siguiendo su paso por el casco urbano de la localidad. Este tramo fue declarado Monumento Natural en el año 2011 debido al alto valor patrimonio natural como a su arquitectura de interés.
Conforme vayamos avanzando iremos descubriendo diferentes hitos, como por ejemplo, el Puente del Dragón, aunque lo veremos mucho mejor en el viaje de regreso. De momento nos dejaremos impresionar por sus pilares ondulados.

Al poco bordearemos los perfiles más escarpados del cerro en el que se emplaza el Castillo de Alcalá de Guadaíra. Tras superar un pequeño tobogán lo apreciaremos desde una mejor perspectiva.
Hoy día constituye un auténtico reclamo turístico, además de usarse para distintos actos culturales.
Avanzamos unos metros más realizando ahora el giro de 90 grados que describe el meandro del río para dirigirnos al este.
Al poco, la pista de tierra finaliza mezclándose con el pavimento de la Calle Cadoso. Pedaleamos por aquí hasta dar con la Calle San Fernando, justo donde se emplaza la Puerta de San Miguel, antiguo acceso Sur de la villa medieval, hoy desaparecida, que se creó en torno al castillo.
Descendemos por esta calle hasta la Plaza el Perejil, que rodearemos hasta dar con un fragmento de viaducto de una antigua línea de ferrocarril.
Tramo de la Vía Augusta del Camino de Santiago
Aquí nos sorprende una placa Xacobea, y con ello aprovechamos para deciros que todo el trayecto que llevamos realizado hasta el momento corresponde a la Vía Augusta que parte desde Cádiz. Para los amantes del Camino de Santiago os resultará de interés.
Frente al viaducto se halla el Puente de Jesús Nazareno, de orígenes desconocidos aunque se sabe que ya en el siglo XVIII, en la época de Carlos III, la estructura sufrió una gran reparación.
Parque Oromana
La intención de atravesar el puente es acometer el siguiente tramo de río por la orilla opuesta, atravesando uno de los enclaves que certifican este espacio como Monumento Natural. Nos referimos al Parque Oromana.
Molino de la Tapada
Nada más comenzar topamos con el Molino de la Tapada, que debe su nombre a una mujer penitente que vivía en una cueva cercana y que poseía una huerta tapiada.
No se sabe mucho de sus orígenes, pero ya en el siglo XVI aparece en unos documentos como propiedad de la familia Afán de Ribera. Restauraciones recientes han recuperado parte de su aspecto original y pinturas murales con inscripciones y escudos heráldicos nobiliarios, probablemente perteneciente a los dueños del molino.
A partir de aquí tendremos que realizar el paseo a pie ya que está prohibido circular en bicicleta. Pero bueno, en parte lo agradecemos ya que de esta forma podemos disfrutar con más calma de esta exuberancia vegetal.
Y si no lo conseguimos basta con observar a las diferentes especies de patos que pueblan el paraje para contagiarnos algo de su regocijo.
Acantos, almeces, algarrobos junto a otras variedades vegetales tratan de ocultar viejos manantiales provocados por algunas surgencias de agua.
Molino del Algarrobo
Pero lo que no pueden ocultar es el siguiente hito, el Molino del Algarrobo, que se alza bien conservado a la orilla del río con una torre almenada como parte de su arquitectura.

Por medio de su azud se puede llegar a la orilla opuesta, donde antaño se emplazaba otro molino que se destruyó en el siglo XIX.
Ambos molinos pertenecían al Monasterio sevillano de San Jerónimo de Buenavista, al menos, así aparecía en unos documentos del siglo XV.
El azud ayudaba a retener las aguas para dirigirla hacia los pasos del molino y así producir la fuerza que los rodeznos imprimían para mover las piedras de molienda. Si nos asomamos a las salas podremos ver algunas de las piedras empleadas.
La verdad es que son de valorar los trabajos de restauración que se hicieron en el año 2003 para recuperar el aspecto original de esta obra. Todo un lujo.
Reanudamos la marcha buscando siempre la senda que va pegada a la orilla del río aunque ello implique alguna dificultad para ir emparejados con la bicicleta. Nos gusta no perder de vista el cauce y las especies que lo habitan.
El río hace aquí otro giro de 90 grados hacia el sur por lo que habrá que dejar atrás el próximo puente, sin cruzarlo.
El tramo que nos espera ahora puede que sea el más embaucador de todos. Y hacemos bien en ir bajados de la bicicleta ya que podríamos haber aguado esta fiesta de estampas naturales y etnográficas, pues los vigilantes motorizados no tardan en aparecer.
En un intervalo de 200 metros vamos a ser testigos de tres molinos, muy próximos entre sí.
Molino de Oromana
El primero de ellos es el de Oromana, construido en el siglo XVII. Hacía funcionar su mecanismo no por el impulso del fuerza del río si por la de un arroyo que bajaba de un manantial de la ladera.

Hoy día parte de su estructura se ha reformado para convertirla en mirador y se mantiene el arco que sustentaba el canalón que transportaba el agua.
Molino de San Juan
El siguiente molino es el de San Juan, situado en el otro margen del Guadaíra. Aunque sus orígenes son medievales el aspecto actual se debe a las actuaciones realizadas entre los siglos XVII y XX.

Aquí el río se ensancha por lo que se tuvo que construir un gran azud para dirigir el agua hacia las entradas de la sala de molienda que, como vemos, se culmina con una bóveda de medio cañón.
Este molino resultó ser el pagó que se realizó a la Orden de San Juan de Tocina con motivo de su participación en la batalla contra los musulmanes para conquistar Alcalá de Guadaíra.
Por medio de su azud se puede llegar a la orilla opuesta, donde antaño se emplazaba otro molino que se destruyó en el siglo XIX.
Ambos molinos pertenecían al Monasterio sevillano de San Jerónimo de Buenavista, al menos, así aparecía en unos documentos del siglo XV.
El azud ayudaba a retener las aguas para dirigirla hacia los pasos del molino y así producir la fuerza que los rodeznos imprimían para mover las piedras de molienda. Si nos asomamos a las salas podremos ver algunas de las piedras empleadas.
La verdad es que son de valorar los trabajos de restauración que se hicieron en el año 2003 para recuperar el aspecto original de esta obra. Todo un lujo.
Reanudamos la marcha buscando siempre la senda que va pegada a la orilla del río aunque ello implique alguna dificultad para ir emparejados con la bicicleta. Nos gusta no perder de vista el cauce y las especies que lo habitan.
El río hace aquí otro giro de 90 grados hacia el sur por lo que habrá que dejar atrás el próximo puente, sin cruzarlo.
El tramo que nos espera ahora puede que sea el más embaucador de todos. Y hacemos bien en ir bajados de la bicicleta ya que podríamos haber aguado esta fiesta de estampas naturales y etnográficas, pues los vigilantes motorizados no tardan en aparecer.
En un intervalo de 200 metros vamos a ser testigos de tres molinos, muy próximos entre sí.
Molino de Oromana
El primero de ellos es el de Oromana, construido en el siglo XVII. Hacía funcionar su mecanismo no por el impulso del fuerza del río si por la de un arroyo que bajaba de un manantial de la ladera.

Hoy día parte de su estructura se ha reformado para convertirla en mirador y se mantiene el arco que sustentaba el canalón que transportaba el agua.
Molino de San Juan
El siguiente molino es el de San Juan, situado en el otro margen del Guadaíra. Aunque sus orígenes son medievales el aspecto actual se debe a las actuaciones realizadas entre los siglos XVII y XX.

Aquí el río se ensancha por lo que se tuvo que construir un gran azud para dirigir el agua hacia las entradas de la sala de molienda que, como vemos, se culmina con una bóveda de medio cañón.
Este molino resultó ser el pagó que se realizó a la Orden de San Juan de Tocina con motivo de su participación en la batalla contra los musulmanes para conquistar Alcalá de Guadaíra.

Molino de Benarosa
Desde esta posición también oteamos el próximo molino, el de Benarosa, aunque antes de llegar a él nos gustaría valorar la cuidada y hermosa infraestructura que los alcalareños han dispuesto para permitirnos disfrutar de este paraje.
Quizá en la casa del molinero contigua de este molino viviera algún miembro de la familia Banu Arusa, que eran los musulmanes dueños del edificio en el momento de la conquista de Alcalá de Guadaíra, en el siglo XIII. A esta familia se debe el nombre de Benarosa.

El complejo se restauró en el año 1999 por el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra. Destacan sus cubiertas de tejados a dos aguas a diferencia de los tejados del molino de San Juan, que eran de cuatro.
Hay un nexo común entre estos tres últimos molinos, y es que están enclavados en un marco bucólico incomparable.
Se nos hace difícil comprobar que un nuevo meandro nos privará de estas estampas, así que aprovechamos cualquier balcón para asomarnos de nuevo.

Lamentablemente, el siguiente molino no ha corrido la misma suerte que sus antecesores (Molino de Rabo de la Zorra).
Los orígenes de los molinos
Por si alguien se pregunta a qué se debe la presencia de tantos molinos en este curso de agua, debe remontarse a los siglos XIV y XV cuando la economía agrícola desarrolló un auge, sobre todo en el cultivo del trigo y el olivar.
Ya entonces se aprovechaban los molinos de la época Andalusí pero para satisfacer las necesidades de tanta producción de cereal se construyeron algunos más. Se elaboraba tanto pan que a la localidad se la apodó como “Alcalá de los Panaderos”.
Molino de Las Aceñas
Todavía nos resta un último molino por conocer, el de Las Aceñas, al que llegaremos tras superar pequeñas pendientes y un tramo escalonado.

De sus posibles orígenes árabes ya nada queda. La erosión y la edificación realizada entre los siglos XIV y XV los hicieron desaparecer. De su estructura resalta la torre almenada de planta cuadrada y las naves de molienda. El azud lo encontramos en la parte trasera dirigiendo el agua hacia las bocas del molino.

Además, también se construyó una pasarela de piedra a modo de puente que nosotros usaremos hoy para llegar a la otra orilla.
El paraje tampoco defrauda, enclavado entre el bosque en galería de las riberas. No es de extrañar que antaño algunas familias adineradas ubicasen aquí sus residencias domésticas.
Parque de la Retama
Para realizar el viaje de vuelta vamos a salir del Parque Oromana y callejear un poco por la urbe hasta alcanzar de nuevo el Puente de Jesús Nazareno. Lo volveremos a cruzar pero en esta ocasión giraremos a la derecha para transitar los dominios del Parque de la Retama.
Castillo de Alcalá de Guadaíra
Los alcalareños y visitantes encuentran aquí otro sosegado espacio en el que deleitarse con un agradable paseo a la vera del Guadaíra. Además se obtienen magníficas vistas al Castillo emplazado en su cerro homónimo.

La edificación que vemos hoy día comenzó a construirse a finales del siglo XII en la época almohade. Con la conquista cristiana en el siglo XIII llegaron las ampliaciones y la adición de más torres. Obras que se extendieron hasta el siglo XVII.
Además, al encontrarse la fortaleza dentro del espacio fronterizo de la “Banda Morisca”, se empezó a amurallar todo el complejo y la ciudad de Alcalá, la cual se fundó el 1280 por el Rey Alfonso X.

Manantial de la Fuensanta
El parque de la Retama también cuenta con algunos acuíferos de agua como el Manantial de la Fuensanta que antaño suministraba fuerza a los rodeznos de un molino del que hoy apenas quedan restos.
Parque del Puente del Dragón
Poco después pasamos del Parque de la Retama al Parque del Puente del Dragón. Sobran las palabras para explicar el por qué se ha denominado así a este espacio ajardinado.

Y procura no llamarlo de otra forma porque a esta criatura construida en el año 2007 y que te mira muy atenta quizá no le guste demasiado.
El Puente del Dragón es el único puente figurativo de Europa. Las formas de la criatura mitológica están revestidas de coloridos azulejos que ganan en vistosidad conforme avanza el tiempo.
Espectacular obra que junto con el Castillo parece que estemos metidos dentro del contexto de un cuento de fantasía. Aquí no es difícil sacar el niño que llevamos dentro y dejarnos llevar por la imaginación.

Fuente de la Judía
Continuamos el recorrido dando con la “Fuente de la Judía”, una construcción del siglo XIX que tomaba el agua proveniente de un manantial del mismo nombre.
Molino de Vadalejos Bajo
El agua que manaba de esta fuente movía los mecanismos del Molino de Vadalejos Bajo, que encontramos metros después.
Hoy el agua parece ser que brota debajo del mismo molino.
Nuestro paso por la ruta de los Molinos del Guadaíra está llegando a su fin. Al transitar ahora por la orilla opuesta por la que llegamos podremos disfrutar de otras estampas al Molino del Realaje y a La Adufe, dos estructuras patrimoniales muy ligadas al agua.

Regreso por el margen izquierdo del río
En el siguiente tramo nos iremos alejando de la localidad de Alcalá de Guadaíra por un agradable bosque de eucaliptos, al tiempo que vamos realizando las paradas pertinentes para deleitarnos a simple vista de la riqueza natural del río.

El Guadaíra no solo sirvió antaño para impulsar el motor económico agrícola, también permitió abastecer de agua a Sevilla desde el siglo XII hasta el siglo XIX por medio de acueductos y canalizaciones.
Tras los eucaliptos flanquearemos los terrenos de unos olivares al cobijo de las ramas desnudas de la arboleda de ribera. Desde esta orilla el paseo también es una delicia.
Al poco el paisaje cambia los olivos por la alfombra verde del cultivo de cereal. Y viendo que el tránsito se complica por el exterior de la parcela lo intentaremos por el interior.
Cruce por el Adufe de los Molinos de Pelay Correa
Quinientos metros después llegamos al Molino de Pelay Correa Chico, edificio que vimos desde la otra orilla al principio de la ruta. Precisamente aprovecharemos el azud de estos molinos para alcanzar el otro margen.
A partir de aquí el camino de regreso será prácticamente deshacer los kilómetros ya rodados del inicio aunque ahora, como bien dijimos al comienzo, mañanitas de niebla tardecitas de paseo.

Y nada más, nos despedimos desde el Puente Sifón, un broche de oro para dar por finalizada esta jornada de descubrimiento donde el Guadaíra y su patrimonio nos dan una importante lección: a veces no hay que ir demasiado lejos para gozar de auténticos tesoros.
Hasta la próxima!


















































