Playa del Silencio
CAMINO DEL NORTE DESDE VILLAVICIOSA

4 · MUROS de NALÓN – SANTA MARINA

 
Comenzamos bien temprano las andanzas incorporándose a nuestro equipo Elena, una enérgica vallisoletana con la que abandonamos Muros de Nalón.

Con ella salvamos la primera depresión de terreno que nos introducirá por el bonito Barranco de Santa Olaya hasta llegar a El Pito, una localidad que brilla por las obras majestuosas de la familia Selgas-Falgae.

Después navegamos entre pequeños núcleos de casas dispersos por la campiña mientras seguimos los pasos de la Autovía del Cantábrico A8 hasta la urbe de La Magdalena. Aquí decidimos acercarnos a la orilla de la Playa Concha de Artedo para dar un soplo de aire fresco a la etapa.

Seguidamente, ascendemos la depresión del Río Uncín, momento en el que nuestra compañera Elena debe dejarnos debido a que un compromiso en Soto de Luiña le hace acelerar el ritmo.

El ascenso llanea por momentos en el Valle La Barca, aunque el perfil se endurece por las inmediaciones de Mumayor. Tras alcanzar la cota de esta subida descendemos a la localidad de Soto de Luiña, antiguo emplazamiento hospitalero del camino.

Albuerne y Novellana serán las seductoras poblaciones que atravesaremos a continuación, tras elegir la variante de camino por BALLOTA.

Este ramal nos dirigirá a la línea costera para disfrutar de los encantadores acantilados en las que se ubican varios tesoros naturales, como la Playa del Silencio.

Tonificaremos las piernas en sus aguas antes de emprender los últimos 3 kms de etapa hasta la localidad de Santa Marina.


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Muros de Nalón

Hola amig@s!
Nos encontramos en Muros de Nalón, en Casa Carmina, ayudándonos de los primeros rayos de luz para otear los edificios que tendremos que dejar atrás en estas primeras horas de la mañana.

Muchos peregrinos han partido ya, hoy la jornada va a ser exigente, así que lo mejor es iniciarla temprano.

Las primeras rampas no se hacen esperar, aunque nos pillan sin desayunar y todavía algo dormidos, perezosos, como las nubes holgazanas del Valle del Nalón.

Valle del Nalón
Valle del Nalón

Plaza de Marqués de Muros

Esta primera subida del día descansa en la Plaza de Marqués de Muros en la que se ubica por un lado el edificio de la Casa Consistorial, construido en 1876, y por otro lado un monumento creado en 1929 que homenajea a Constantino Fernández Vallín, primer marqués de esta villa.

Plaza de Marqués de Muros
Plaza de Marqués de Muros

Iglesia de Santa María

Junto a estas obras se levanta la Iglesia de Santa María, originaria del siglo XII aunque su aspecto actual ya es de los siglos XVIII y XIX tras las últimas reformas y añadidos.

Frente a la iglesia hay bares para desayunar y justo en uno de ellos conocemos a Elena, una simpática peregrina vallisoletana que nos acompañará un buen puñado de kilómetros.

Palacio de Valdecarzana y Vallehermoso

Ahora no la veis, pero con ella continuamos hacia el Palacio de Valdecarzana y Vallehermoso, un complejo fortificado del siglo XV aunque su portada de estilo Plateresco es del XVI.

Palacio de Valdecarzana y Vallehermoso
Palacio de Valdecarzana y Vallehermoso

La energía de Elena rápidamente conecta con la nuestra mientras vamos abandonando las viviendas de Muros de Nalón y entrando en las de Villar.

Barranco de Santa Olaya

El trayecto nos hará cruzar un par de veces por sendos puentes la vía de ferrocarril Cudillero-Gijón hasta que las señales nos introducen en el húmedo y frondoso Barranco de Santa Olaya.

Un opulento intervalo vegetal que hace las delicias a los amantes de los entornos naturales.


Brezos cantábricos, linarias y androsemos aderezan junto a helechos y otros arbustos este recorrido que comienza a enderezarse hacia arriba.

Uno de los afluentes del Barranco de Santa Olaya es el Arroyo Campofrío, cauce que navega por el escarpado terreno que ahora remontamos.

Una superficie también ideal para estos deportistas; y estos otros, Francisco y Raúl que nos reconocen por nuestros vídeos del canal y a los cuales les agradecemos que paren a charlar con nosotros. Esperamos que pronto nos cuenten la aventura que habían emprendido, El Camino del Mar. ¡Suerte chicos!

El Pito

Tras abandonar este sendero nos incorporamos a una de las arterias del núcleo de El Pito. A pesar del terreno urbanizado seguimos inmersos en identificar algunas plantas y flores, aunque rápidamente las manifestaciones arquitectónicas empiezan a ganar protagonismo.

Escuelas Selgas

Por ejemplo, el edificio de las Escuelas Selgas, fundado en 1915 para la docencia de los niños de los pueblos colindantes. Fue un proyecto benéfico que corrió a cargo de la familia que lleva el mismo nombre de la escuela y que plantó a pocos metros un hermoso palacio, La Quinta.

Escuelas Selgas
Escuelas Selgas

La Quinta

Los dominios de esta preciosa obra de finales del siglo XIX nos recibe por el jardín sur, el Jardín Francés, caracterizado por una amplia avenida decorado con fuentes, esculturas y una cuidada y perfilada vegetación.

El edificio de cuatro plantas sigue los esquemas de la arquitectura italiana del siglo XVI.

Iglesia-Panteón Jesús Nazareno

No muy lejos de allí, continuando por la carretera CU-2 encontramos la Iglesia-Panteón Jesús Nazareno, un templo construido en 1914 también por orden de la familia Selgas-Fagalde.

Pese a su moderna construcción se intentó adaptar su arquitectura los cánones del estilo románico del siglo XII. En su exterior destacan varias figuras de interés, como la de una Virgen hecha en mármol ubicada sobre la portada principal.

Frente a la iglesia hay otro acceso al Palacio que por cierto, es visitable, aunque hoy parece que hemos llegado demasiado temprano.

Abandonamos la localidad de El Pito para continuar recorriendo un agradable entramado de aldeas diseminadas por la campiña de suaves perfiles ya en el Concejo de Cudillero.

Caminando entre pequeños núcleos de casas y barrancos

En el día de hoy los barrancos de exuberante vegetación serán bastante frecuentes, pero esto no hará más que sacar brillo a la etapa. Suelen hallarse en las proximidades de algún caudal de agua; este que atravesamos ahora es el formado por el Río de Piñera y el Arroyo de San Roque.

Después, saldremos de la depresión para ascender suavemente por los lugares de El Peñedo y Belandres. El camino perfectamente señalizado nos lleva en volandas entre las parcelas privadas residenciales de los vecinos.

El eje vertebrador de la N-632 y la Autovía A-8

No hay que confiarse por el escaso tráfico, en esta etapa toparemos en más de una ocasión con la N-632 y a esta vía hay que tenerle respeto. Aunque realmente, es la Autovía del Cantábrico A-8 la que lleva el grueso de vehículos y afortunadamente el trazado nos libra de ella.

Iremos parejo a esta infraestructura mientras recorremos las faldas septentrionales del Monte Mantarés dejando atrás pequeños núcleos como El Manto o EL Reyallo.

Seguidamente, nos introduciremos en un sendero emboscado que irá descendiendo hacia la depresión conformada por el Río Uncín y su afluente, Arroyo de la Debesa. Ambos van a parar a la Playa Cocha de Artedo cuyo dibujo ya se deja ver entre la espesura.

Tras nuevos pasos inferiores para salvar la red de carreteras entramos en el lugar de La Magdalena. Aquí, la arboleda se abre al valle hacia unas vistas a la costa que no defraudan.

Vistas a la playa Concha de Artedo
Vistas a la playa Concha de Artedo

La Playa Concha de Artedo y su pasarela peatonal tienen un gran poder de seducción pues aunque la señales no llegan allí, nosotros recorreremos los casi 300 metros que tendremos que desviarnos para llegar a ella.


Capilla de la Magdalena

El desvío se encuentra en las proximidades de la Capilla de la Magdalena, un pequeño templo reconstruido pero cuyos orígenes datan del siglo XI.

En la puerta de la entrada porticada hay una inscripción que reza: Iglesia de Asilo, es decir un lugar en el que los perseguidos por la Ley podían refugiarse y estar protegido por la autoridad de la Iglesia.

Playa Concha de Artedo

Tras visionar este edificio, descendiendo unos metros más, nos disponemos a entrar en la playa por la pista adoquinada que hay a la derecha de los aparcamientos.

Este espacio de litoral mide unos 700 metros longitud compuestos de cantos rodados que día tras día son golpeados por las olas de Cantábrico. Dentro de muchos años seguro que luce una estupenda y fina arena dorada.

Ante tal firme empedrado se instala con acierto una pasarela peatonal de madera que recorre casi la totalidad de la playa. Al oeste, el entrante costero se cierra con el saliente El Cabo, y al este, con la Punta del Cerrón.

Playa Concha de Artedo
Playa Concha de Artedo

Con marea baja dicen que se disfruta algo de arena, pero hoy nos conformaremos con este agradable paseo que le da un soplo de aire fresco a la etapa.

Playa Concha de Artedo
Playa Concha de Artedo
Fuerte ascenso por la otra vertiente del valle

Regresamos a los aparcamientos de la playa para tomar un camino de tierra ascendente entre los caudales del Río Uncín y el Arroyo de la Debesa. Mientras subimos, observamos cómo sobrevuela a nuestra izquierda la enorme infraestructura del Viaducto Concha de Artedo, de la Autovía del Cantábrico.

De nuevo tendremos que aproximarnos a ella (El Ribete) para pasar bajo sus pistas y posteriormente, ayudados de la exigente inclinación del perfil, colocarnos a su altura para acompañarla unos cientos de metros.

El sentido ascendente se toma un descanso, nunca mejor dicho, en el Banco Peregrino que hay en el sitio de Otero. Este será el lugar elegido en el que Elena tendrá que abandonarnos ya que un compromiso en Soto de Luiña requiere premura y tiene que aligerar su marcha.

Banco Peregrino
Banco Peregrino

Barranco del Arroyo del Abango

Por su parte, nos alegra alejarnos de la autovía para sumergirnos en el barranco del Arroyo del Abango, donde hay excepciones de color que ponen a prueba la regla del verde.

Valle La Barca

La salida de esta angosta orografía nos deja en las faldas meridionales del monte del Pico Mayor o La Sierra, las cuales se derraman hacia el deleitoso Valle La Barca, por donde discurre el Río Uncín.

Valle la Barca
Valle la Barca

La pista pronto cambia su aspecto de tierra al asfalto para atravesar las casas del lugar de Mumayor. Flanqueando el valle por el sur, las Sierras del Pumar y de los Vientos; por el oeste, la de Troncedo.

El camino por aquí se endurece, con rampas de pendiente media del 10%, aunque al mismo tiempo nos va dejando preciosas vistas con la altura ganada.


Desde el barrio de La Cogolla de Arriba, donde finiquitaremos este ascenso, podemos otear el pueblo San Martín de Luiña gozando de su ubicación privilegiada junto al Río Uncín.

Vistas a San Martín de Luiña
Vistas a San Martín de Luiña
Descenso al Valle del Río Esqueiro

Le damos un último vistazo a este valle porque en no mucha distancia vamos a frecuentar otro, el del Río Esqueiro. Para ello rodeamos en descenso las vertientes suroccidentales del Monte Valseras por bonitos tramos emboscados donde la frondosidad y el tapizado del musgo nos lo ponen muy fácil a la hora de alegrarnos con atractivos naturales.

Finalmente, el sendero conecta con la N-632a que recorremos unos metros sin arcén hasta que una acertada pista peatonal termina por introducirnos en Soto de Luiña.

Soto de Luiña

Avanzamos por la calle principal de la urbe hasta dar con algunas de sus joyas monumentales.

Iglesia de Santa María

La primera de ellas es la Iglesia de Santa María, cuyos orígenes constructivos datan del siglo XVI aunque lo que vemos hoy son terminaciones barrocas del siglo XVIII adaptadas al estilo rural asturiano.

Iglesia de Santa María
Iglesia de Santa María

Del conjunto destaca su holgada torre con hornacinas exhibiendo distintas figuras religiosas.

Casa Rectoral

Soto de Luiña fue antaño lugar de descanso para peregrinos. Prueba de ello son los dos Hospitales de Peregrinos que se encontraron, uno de ellos todavía se conserva contiguo a la iglesia.

Se trata del edificio que ocupa hoy la Casa Rectoral, antaño antiguo Hospital de Peregrinos del Rosario. Su construcción data del año 1713, también de estilo barroco asturiano.

En el muro occidental de su planta cuadrada destacan el friso y la cenefa de piedra decorada con triglifos y metopas con rosetas. Bajo la cornisa, un alerón ondulado decorado con un repetitivo patrón de símbolos.

Fuerte ascenso a la salida de Soto de Luiña

Tras un señor almuerzo hubiese sido ideal si lo hubiéramos acompañado con una buena siesta. Pero todo lo contrario, hay que digerirlo como se puede con el ascenso que nos desafía tras Soto de Luiña: primero por la N-632a para luego hacerlo por un sendero emboscado de apenas 300 metros.

El Camino por Ballotas

El ramal saluda de nuevo la N-632a, que cruzamos con precaución para dirigirnos hacia el Cementerio de Soto de Luiña. Varios metros más tarde, tras dejar atrás un hotel encontramos una bifurcación de camino.

Nuestra elección comienza con otros 800 metros más de carretera nacional que nos aproxima a las vías de la Autovía del Cantábrico. A esta última infraestructura de carreteras la bordearemos por una pista que da al Polígono Industrial de Valdredo hasta que el camino nos hace atravesarla por un paso inferior algo tenebroso.

Albuerne

Esto nos deja a las puertas de la localidad de Albuerne, una agradable villa que discurre entre acicaladas propiedades con vistas al mar.

Aquí se emplaza la Capilla de Santolaya, un pequeño templo orientado al norte, hacia el mar, pues se dice que allí se encontró la imagen de la patrona que aquí se venera.

Y ya que estamos, escudriñamos aquella latitud para adivinar el Cabo Vidio y el Faro homónimo que, desde el año 1950, advierte a las embarcaciones de la presencia de la accidentada costa.

La salida de Albuerne conforma un paseo entre algodones. Sus coquetas residencias y cuidados jardines sazonados por la suave brisa marinera no hacen más que despertar nuestros deseos de pasar aquí una larga temporada.

Parece no faltar un detalle; incluso hay una alfombra verde para darnos una despedida de honor.

Barranco del Arroyo de Lindebarcas

Pero el firme pronto nos hace bajar de las nubes. Lo que antes era caminar entre algodones, ahora…A ver, salvo porque hay que estar atentos a no pegarte un tortazo, estos enclaves también nos encantan. Es el barranco del Arroyo de Lindebarcas cuyo caudal no tardamos en alcanzar.

A simple vista este curso de agua no parece gran cosa, pero merece la pena tomarse un momento para descubrir que es el hogar idóneo de ciertos habitantes.

Novellana

La salida de este barranco conlleva una fuerte subida hasta el lugar de Novellana, sitio que nos recibe con un altar de hormigón. Dentro, una talla de Santiago Peregrino nos mira con algo de compasión; él sabe de sobra el esfuerzo que suponen algunos tramos.

Novellana también exhibe un pulcro aspecto, con cuidadas zonas ajardinadas y acogedora arquitectura popular e indiana. No en vano en 1962 fue declarado Pueblo más bonito de Asturias.

Casas de Novellana
Casas de Novellana
Casas de Novellana
Casas de Novellana

Iglesia de Santiago

De su patrimonio monumental podemos destacar la Iglesia de Santiago, edificio que se construyó en el siglo XVIII sobre los cimientos de una antigua ermita. No obstante posteriormente se le hicieron algunos añadidos en el siglo XIX como la espadaña de corte neoclásica.

Al igual que Albuerne, Novellana también nos llama mucho la atención como lugar de residencia. ¿A cuánto se despacha aquí una vivienda?

Pues va a ser que tendremos que volver a bajar de las nubes y saborear, todo lo que podamos, nuestro paso por aquí, que no es poco, ya que el camino nos introduce en uno de los espacios naturales más espectaculares de la jornada.

Punta Nocedal

El dibujo del trazado se pierde en un bonito prado en lo alto del saliente de la Punta Nocedal donde un chiringuito enjuga con sus artículos los paladares de los asistentes a este escenario natural.

El Nordés del Silencio (Punta Nocedal)
El Nordés del Silencio (Punta Nocedal)

Alcanzamos una preciosa línea costera quebrada donde sus mayores tesoros todavía están por descubrir. Hay quien ya goza de alguno desde otros miradores que se reparten por el dibujo de los acantilados.

Nosotros no vamos a ser menos, y por suerte, las señales del Camino nos conducirán hasta ellos.

Descenso por la cuenca del Reguero de Prao Llagón

Desde este mismo prado parte una pista de tierra descendente acometiendo el barranco que surca el Reguero de Prao Llagón. Las vistas hacia la costa son hipnóticas aunque luego iremos rodeando el monte hacia el norte para acercarnos todavía más al extremo de este saliente.


El Peine del Mar

Entre las caprichosas formas en las que se manifiesta este accidente geográfico resalta la conocida con el nombre de El Peine del Mar. Metafóricamente, el agua hace del cabello que pasa entre las cavidades erosionadas de la roca, que en este caso serían las púas del peine. Un rincón con aforo muy limitado para tomar el sol.

El Peine del Mar
El Peine del Mar

Playa La Barquera

Igual de limitado es el aforo del arenal que hay a la derecha, la Playa La Barquera, ya que el acceso no parece sencillo. Buscar la intimidad y gozar de estas impresionantes moles de roca bien puede merecer el esfuerzo.

Playa la Barquera
Playa la Barquera

El camino continúa progresando en descenso hasta que damos con el arroyo que le da nombre.

Playa del Silencio

Un poco más y subimos hasta dar con un fantástico mirador al precioso enclave siguiente: La Playa del Silencio.

No sabemos muy bien a qué se debe su nombre, pero nos valdría el hecho de que al verla te quedas sin palabras.


La explicación más plausible puede ser que su orilla con forma de concha, al estar cobijada de grandes acantilados y afloramientos rocosos, está protegida de los vientos y del oleaje propiciando con ello aguas algo más tranquilas y silenciosas que otras playas de la costa.

Playa del Silencio
Playa del Silencio

También influye el hecho de no poseer ningún servicio, tipo chiringuitos, duchas o socorrista, y el jaleo del ir y venir de los coches queda alejado metros más arriba puesto que para acceder a esta playa debemos descender por un entramado de escalera.

Playa del Silencio
Playa del Silencio

Una playa casi virgen que no dudamos en probar. Las aguas frías del Cantábrico se dejan querer. Hoy no es un día especialmente caluroso, pero nuestros castigados pies bien merecen un baño revitalizante.

Playa del Silencio
Playa del Silencio

Como veis, la Playa del Silencio es de cantos rodados, la erosión sigue trabajando sin descanso en perfilar todas estas fracturas de roca y en convertir algún día estas piedras en fina arena.

Miradores del Silencio

El descanso ha merecido la pena. Los tres kilómetros que nos restan para llegar Santa Marina los afrontamos con mejor cara y más teniendo en su primer tramo unas fantásticas costas al litoral.

Los mejores miradores los encontraremos tras serpentear para remontar el barranco del Reguero de Prao Llagón por su otra vertiente.

Desde aquí se observan bien los salientes que resguardan a la playa. A oriente, Punta Nocedal; a occidente Punta la Forcada.

Mirador
Mirador
Mirador
Mirador

Más al oeste queda mucho litoral por conocer, pero la señales nos conducen ahora al interior, por las estribaciones del lugar de Castañeras donde un nuevo desvío nos introduce en un nuevo sendero.

Barranco del Arroyo de Cándano

Por aquí se empiezan a ver las casas de Santa Marina, pero pronto las perderemos de vista ya que el perfil nos hace descender por el último barranco del día, el del Arroyo de Cándano.

Próximos a su cauce encontramos algún barrizal que sorteamos entre piedras y troncos puestos a conciencia. Son esas pequeñas dificultades que añaden estímulos al recorrido.

Finalmente, tras cruzar el arroyo, afrontamos el exigente tramo de subida para terminar de superar el barranco.

Santa Marina

El sendero conecta con la ya familiar N-632a, vía que nos introducirá a los pocos metros en la localidad de Santa Marina, otro pintoresco pueblo asturiano.

Santa Marina
Santa Marina

No disfrutaremos mucho de él, pero sí os decimos que hay bonitos caserones de indianos como nuestro alojamiento de hoy, Pensión Prada, edificio construido en 1920. Hasta la próxima!

Pensión Prada en Santa Marina
Pensión Prada en Santa Marina

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