3 | Campo do Gerês a Lobios
La tercera etapa del Caminho da Geira e dos Arrieiros se inicia en la localidad de Campo do Gerês, puerta de entrada del Parque Nacional Peneda-Gerês.
Los primeros kilómetros nos dirigen por el precioso entorno del Embalse de Vilarinho das Furnas, una obra que sumergió bajo sus aguas una aldea comunitaria.
Miliarios, robles centenarios, puentes y pequeños arroyos nos asaltan por una pista peatonal paralela al embalse y que continúa el trazado de la Geira.
En el Puente de San Miguel, el camino endurece su perfil para alcanzar la Portela do Homem, el paso fronterizo natural donde nos despedimos de Portugal y entramos en el Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés, Galicia.
El tramo siguiente son 9 kilómetros descendentes por el valle del Río Caldo donde descubriremos otros miliarios, los restos romanos de la Mansión termal Aquis Ogeresibus y terminaremos refrescándonos en la Playa Fluvial de Os Baños.
A continuación, el encantador entorno de la aldea de Vilameá nos conduce al ascenso final por el monte de O Perdigoto. Con la ganancia de altura obtendremos vistas fantásticas al valle del Río Limia.
Finalmente, descendemos entre estampas rurales hasta llegar a Lobios.
Posada de la Juventud
Iniciamos la jornada con la incertidumbre de la amenaza de posibles incendios por la zona que nos impida concluir la etapa.
De momento vamos avanzando para aproximarnos a las inmediaciones de las cumbres que cierran el horizonte: Monte dos Chãs de (1.024m) y Pé de Cabril (1.236m).

Aquellos perfiles que jalonan el flanco oriental de un fantástico paraje que estamos deseando descubrir.
Campo de Gerês
Para llegar allí, las señales nos hacen atravesar primero la singular localidad de Campo de Gerês, cuya arquitectura se adapta a la geología del terreno.
Al igual que los romanos aprovechaban la piedra de granito para labrar los miliarios de la Geira, aquí se ha usado para levantar las viviendas tradicionales de la urbe.
Campo de Gerês es una hermosa puerta de entrada al Parque Nacional de Peneda-Gerês.

Su flanco meridional mira a una extensa llanura fértil conocida como Veiga de São João, donde todavía se practica la agricultura y el pastoreo. Unas vegas encajonadas en un anfiteatro natural de montañas pertenecientes a las Serras do Gerês y de Amarela.

Monumento a la Virgen de Fátima
Contemplamos estas magníficas estampas desde un pequeño montículo en el que encontramos por un lado una imagen de Fátima. El monumento es fruto de la donación de un particular y es un ejemplo perfecto de la devoción popular en las zonas rurales de Portugal.
Capela Nossa Senhora da Conceição
Por otro lado, a pocos pasos, se alza la Capela Nossa Senhora da Conceição, del siglo XVII. En su interior podemos ver un Cristo Crucificado algo rústico acompañado de varias tallas de iconografía popular.


A continuación descendemos de este montículo para incorporarnos después a la carretera N307. Por aquí la Serra do Gerês nos da la bienvenida.
Parque Nacional de Peneda-Gerês
Avanzamos unos 800 metros pegados a esta pista hasta una bifurcación que nos orienta al noreste. Entramos en la zona más protegida del Parque Nacional. Los paneles informativos que encontramos metros más tarde nos dan buena cuenta de su valor ecológico y medioambiental.
Recorrer este paraje significa que los incendios que están asolando la Península Ibérica todavía no son una amenaza, y eso también implica el que no encontremos a la Guardia portuguesa cortándonos el paso.
Embalse de Vilariño de las Furnas
Menos mal, porque hubiera sido una lástima no poder disfrutar de este espectacular escenario: el Embalse de Vilariño de las Furnas (Albufeira de Vilariño de las Furnas)
Aunque hoy contemplamos un entorno cautivador, esta represa de agua lleva el mismo nombre de la aldea sobre la que se sitúa. Es decir, se creó sobre las viviendas de una antigua población para poder poner en marcha una Central Hidroeléctrica.

Se construyó entre 1967-1971 y se obligó el desalojo obligatorio de la aldea con pobres indemnizaciones a sus habitantes.
Se dice que en épocas de sequía quedan al descubierto las ruinas de Vilarinho das Furna, hecho que atrae también al turismo.
Museo homenaje a Vilariño de las Furnas
En la localidad de Campo do Gerês hay un museo que rinde homenaje al recuerdo de esta aldea que podía presumir de llevar un estilo de vida comunitario autogestionado.
La cómoda pista de tierra por la que transitamos nos permitirá disfrutar del embalse desde su orilla oriental. Un margen bien flanqueado por las elevaciones pertenecientes a los macizos de Monte dos Chãs de (1.024m) y Pé de Cabril de (1.236m).

Milla XXX
Por su parte, tenéis que saber que el camino continúa la Geira aunque con la construcción del embalse, la pista forestal no siempre coincide con el trazado original. El panel del marco número XXX nos indica que en la zona se descubrieron varios miliarios y una mutatio, es decir, una especie de posada romana para el descanso y cambio de caballerías.
En los encantadores 1.560 metros que nos separan de la siguiente milla, la XXXI todavía se pueden advertir vestigios de la calzada romana original, marcas de rodadas de carros y canteras. De estas últimas hay evidencias en la Ribeira de Pedredo, con restos de cómo se extraían los bloques de los afloramientos de granito.
Milla XXXI
Tras cruzar el arroyo se exhibe un conjunto de 21 miliarios en el marco número XXXI. Sólo 10 de ellos conservan inscripciones. Tito y Domiciano; Adriano; Caracalla; Decio; Probo, Caro, Carino, Constantino Magno y Graciano son algunos de los emperadores a los que están dedicados.
Como dato curioso, el panel nos informa que los miliarios podrían haber estado pintados para que sus mensajes fueran más fáciles de leer por los viajeros. Los restos encontrados de una pintura ocre así lo sugiere.
Continuamos avanzando por la espesura autóctona de la vegetación donde la humedad permite que pequeños arroyos viertan la pureza de sus aguas al entorno. Seguro que a lo largo de la historia estos manantiales han supuesto paradas refrescantes de abastecimiento.
Milla XXXII
Tras 1.350 metros alcanzamos la milla XXXII, que tampoco se queda atrás en agrupamiento de miliarios, nada menos que 22. Es muy posible que los reunieran aquí tras la apertura de la pista forestal.

Adriano, Maximino y Máximo, Caro, Magnencio y Decio aparecen inscritos en los pocos hitos que conservan los grabados.
El Río Homem y sus afluentes
Por su parte, entre la espesura, observamos que hemos dejado atrás el embalse y empezamos a introducirnos en las angosturas de su principal aporte: el Río Homem.
Su cauce de agua cristalinas recorre unos 45 km esculpiendo valles de piedra de granito, desde las cumbres de la Serra do Gerês hasta descansar en el Río Cávado, en el Embalse de la Caniçada.
Por su parte, el río Homem también recibe sus aportes, como los de los pequeños manantiales que continuamos advirtiendo en el camino, o el de cauces más grandes, como los del Río de Maceira o el Río do Forno.

El segundo de ellos es afluente del primero, y llegaremos a él luego de ser recibidos por un legionario en posición de descanso. Al parecer, existieron puentes romanos que permitían cruzar estas riberas.
Todavía se conservan algunos restos. Lo que no se va a conservar tanto es un mensaje dibujado en la tierra que dice «BUEN CAMINO«. Lo ha hecho nuestro compañero Peregrino Algarvio, que salió más temprano que nosotros y ha tenido el bonito gesto de insuflarles ánimo.
La Mata de Albergaria
En otro orden de cosas, tenemos que decir que todo este tramo arbolado que estamos atravesando es conocido como la Mata de Albergaria. Es el «corazón» del Parque Nacional Peneda-Gerês y uno de los bosques más importantes y mejor conservados de toda la península ibérica.
Ponte Feia

Los robles milenarios que pueblan estas extensiones se toman un descanso en las zonas de ribera, como ésta que admiramos en el Ponte Feia (Cascata das Lagoas). Aquí son los sauces, fresnos y alisos los que jalonan la pureza de las aguas del Río Homem.
Milla XXXIII
Al poco, alcanzamos los miliarios del Marco XXXIII. Los que aquí vemos han perdido sus inscripciones pero la bibliografía antigua sí referenciaba siete miliarios con epígrafes en este lugar, dedicados a emperadores como Maximino y Máximo, Decio, Tácito, Caro, Carino y Licinio.
A continuación, caminamos por las inmediaciones de la Ribeira de Monção, donde sí evidenciamos restos de la calzada Vía XVIII.
Puente peatonal de San Miguel
Después llegaremos al Puente peatonal de San Miguel para cruzar al otro margen del Río Homem.
Este hito también tuvo orígenes romanos aunque las crecidas del río sumadas a las contiendas sucedidas en la Guerra de la Independencia terminaron por reducirlo a sus cimientos.
Contemplamos el paisaje por los flancos del puente y continuamos el viaje.
El camino endurece ahora sus perfiles con tramos de calzada en los que se aprecia el empedrado romano auténtico.
Los incendios impiden desviarnos a una cascada
Tras 700 metros las angosturas se relajan, momento que aprovechamos para encontrar la carretera N308-1 y desviarnos unos metros para ver la Cascada da Portela do Homem.
Sin embargo, en este punto sí encontramos a la Guardia Portuguesa cortando el paso. La emergencia nacional decretada debido a los incendios nos impide ver este hito natural.
Portela do Homem
Por suerte, podemos continuar el camino y llegar a la Portela do Homem. Aquí se emplaza el Bar da Fronteira, pero por las circunstancias del momento lo encontramos cerrado. El nombre de este establecimiento tiene algo que ver con este histórico paso de montaña que hoy marca la frontera oficial entre España y Portugal.

Abandonamos por tanto el municipio portugués de Terras de Bouro y comenzamos a recorrer el municipio español de Lobios, en Ourense.
Parque Natural da Baixa Limia – Serra do Xurés
Por delante nos espera un tendido descenso de unos 9 kilómetros por el conocido Parque Natural da Baixa Limia – Serra do Xurés. Recorremos unos metros por la carretera OR-312 para luego incorporarnos a un nuevo sendero.
Milla XXXV
En este tramo también encontraremos manifestaciones miliarias, como el marco número XXXV. En este punto se hallaron unos 9 miliarios aunque hoy a simple vista sólo advertimos uno de ellos. Adriano y Caracalla son los emperadores más destacados del conjunto.
También se encontraron cerámicas pertenecientes a mercancías que pudieron caer a la vía en el transporte. Estos restos se conservan en el Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense.
Mutatio de as Mouruás
Quinientos metros más tarde damos con la Mutatio de as Mouruás. Un panel nos introduce a este yacimiento que en su época era como una estación de servicio romana. Aquí se realizaba el cambio de caballerías y el descanso breve de viajeros.

Los restos describen un edificio de estructura sencilla que disponía de un cobertizo para los animales y zonas de servicio básicos.

Estad atentos a las señales cuando abandonéis estos restos del siglo I d.C ya que nosotros nos despistamos y acabamos en la carretera OR-312.
La lógica nos hizo retroceder y recuperar de nuevo el camino correcto.
Por este sendero hay tramos a la intemperie y con el Sol de agosto sobre nuestras cabezas se puede hacer un poco duro.

Menos mal que el Camino de Santiago te regala respiros cuando más lo necesitas. El arroyo de la Corga de Cegañeira nos vendrá bien para refrescarnos.
Milla XXXVI
Varios metros más tarde irrumpe un miliario en pleno camino. No encontramos paneles informativos que nos indique de que se trata del marco número XXXVI, pero lo anotaremos como tal.
Helechos comunes, brezos y tojos dominan la parte baja del camino descendente mientras que los robles aparecen de manera intermitente para proporcionarnos la ansiada sombra.
La espesura no tardará en abrir paso a un puente peatonal y otro de piedra que salvan las angosturas de la Barranqueira do Crasto. Luego tendremos que extremar las precauciones para cruzar la carretera OR-312, pista que perderemos de vista hasta el final de la etapa.
Paralelos al Río Caldo

A continuación, las señales nos incorporan a un tramo de calzada que parece restaurada. La recorremos unos cientos de metros hasta descansar en una pista de tierra que sigue avanzando en sentido descendente por este valle dominado por el Río Caldo.
Este río recibe los aportes de afluentes como el Corgo Da Fecha do Carballón, un cauce que algo más arriba desciende en unos fantásticos saltos de agua.
La pendiente descendente del camino se suaviza y la pista se ensancha favoreciendo el disfrute del entorno a la práctica senderista y cicloturista.
El Río Caldo, que navega muy cerca paralelo a nosotros, debe su nombre a la palabra latina calidus (caliente). Esto hace referencia directa a la presencia de manantiales de aguas termales que brotan en sus márgenes a temperaturas elevadas.
Mansión Aquis Ogeresibus

No era de extrañar que los romanos aprovecharan este fenómeno natural levantando aquí una mansión conocida como Aquis Ogeresibus. Una inscripción grabada en una vasija encontrada en el yacimiento confirma su nombre.
El complejo funcionaba como lugar de refugio y descanso de viajeros, militares y comerciantes que transitaban la calzada. Constaba de habitaciones, una zona de servicios como la cocina y un área termal.

Ha ganado fama por conservar restos de su hipocausto, un sistema que distribuía el calor del agua termal bajo el suelo de las estancias.
En total había unas once mansiones en la vía nova dedicadas al descanso y esta que nosotros abandonamos ahora se encontraba entre las millas XXXVIII y XXXIX.
Os Baños
Playa Fluvial del Río Caldo
Si en el siglo I después de Cristo los romanos ya disfrutaban de estas aguas termales, hoy turistas venidos de todo el mundo pueden también hacerlo en el lugar de Os Baños.
Para ello bien pueden pagar las instalaciones de un Hotel Balneario o bien usar una piscina pública pegada al río donde el agua llega a brotar a más de 40 grados centígrados.
El bar Os Cazadores, donde encontramos a Peregrino Algarvio, nos ayudará a reponer energías.

Y la Playa Fluvial del Río Caldo lo hará para bajar la temperatura corporal. Las aguas termales como que hoy no nos apetecen mucho.
Robledales de Vilameá
Abandonamos este refrescante lugar para regresar al camino que rápidamente nos insufla ánimo con un precioso sendero. Por aquí disfrutaremos con el cobijo que nos ofrecen los robledales de Vilameá por las vertientes occidentales de los Cabezos de Pedro Rodeiro.

Cruceiro de Vilameá
Entre los rudimentarios muros de piedra que jalonan el trazado se alza uno de los cruceiros más pintorescos del camino: El Cruceiro de Vilameá.
En su pedestal hay un grabado donde se mencionan unas iniciales, probablemente pertenecientes a la persona que lo colocó aquí en el año 1.626. Se dice que el fuste del monumento pudo pertenecer al balcón de piedra de una casa tradicional.
Por su parte, el robusto capitel se decora con una serie de relieves a modo de bolas. Sobre el mismo, la Cruz, que exhibe de manera rústica y arcaica las imágenes de Cristo en el anverso y de la Virgen en el reverso, estado esta última muy deteriorada por la erosión.
No busca el realismo, sino una representación simbólica y directa de la fe. El musgo que recubre la piedra integra la obra en el entorno y refuerza la idea de que el cruceiro lleva siglos protegiendo el camino y a sus peregrinos.
Vilameá
Quinientos metros más tarde alcanzamos la aldea que da nombre al cruceiro. En este lugar todavía se advierten en el paisaje las parcelas dedicadas a la agricultura y ganadería de autoconsumo.
Pero su economía también ha sabido aprovechar los recursos naturales para el turismo. Por ejemplo, muy cerca comienza la famosa Ruta de los Molinos del Río Vilameá, donde se pueden descubrir 12 molinos de río que antaño se usaban para moler maíz y centeno.
Puente de Vilameá
Nuestros pasos nos dirigen por los primeros metros de esta ruta que comienza en un puente de granito. Tal vez los orígenes de este puente fueran romanos pero el que hoy nos sostiene sobre el cauce parece ser del siglo XVII y XVIII.
La espesura vegetal nos impide ver los primeros molinos pero al menos nos deja contemplar las refrescantes imágenes del fluir del agua.
Con algo más de tiempo quizá podríamos haber hecho esta ruta ya que sólo consta de 1.700 metros de distancia. Sin embargo, los añadiríamos a los 30 kilómetros de la etapa de hoy, endureciendo la jornada.
Además, todavía tendríamos que afrontar el exigente repecho que viene a continuación.
Ascenso por el Monte O Perdigoto
La Vía Nova aumenta su inclinación con pendientes de hasta el 12% para ganar unos 120 metros de altitud en apenas dos kilómetros de distancia.

El camino afronta la cara occidental del Monte O Perdigoto de 672 metros de altitud, ubicación que nos ofrece unas vistas fantásticas a la depresión conformada por el paso del Río Limia.
Al oeste, el Monte do Quinxo levanta los perfiles del Outeiro do Quintano, de 1.166 metros de altitud. Al norte, las lomas arboladas que descienden por la depresión del Río de Vilameá, afluente del Limia.
Mientras terminamos el ascenso también se dejan ver a nuestra espalda las ondulaciones de La Sierra de Santa Eufemia. Las perderemos de vista en cuanto iniciamos la bajada del Monte O Perdigoto.
Cimadevila
El trayecto de paso ligero y cómodo se verá interrumpido más tarde por la carretera OR-312. Cruzamos con precaución y nos incorporamos a una pista de asfalto que nos introduce en el lugar de Cimadevila.
Esta aldea rural nos recibe con algunos ejemplares vacunos de raza cachena, autóctona del norte de Portugal y Galicia. Aunque es una de las vacas más pequeñas que podemos encontrar en España su cornamenta parece decirnos todo lo contrario.
Cruceiro de Cimadevila
Cimadevila también posee un cruceiro. Es de tipo «Cruz», ya que carece de las figuras de Cristo o la Virgen y su labrado parece ser algo más moderno.
La encrucijada nos orienta al norte para continuar los últimos tramos de la etapa por las aldeas próximas a Lobios. Un recorrido amable cargado de ingredientes rurales en el que nos relajamos rememorando momentos de esta estupenda jornada.

Lobios
Al poco, volvemos a conectar con la carretera OR-312 para no abandonarla e introducirnos finalmente en Lobios, el objetivo de hoy.
Y nada más amig@s, otra etapa para el recuerdo. ¡Hasta la próxima!































