Sierra Nevada
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MULHACÉN Parte I · Capileira – Refugio Poqueira


 

 
Primera parte de nuestra ascensión al pico Mulhacén, de 3.479 metros de altitud.

En esta primera jornada nos trasladamos a Capileira (1.440 metros de altitud), en la Alpujarra granadina para iniciar el ascenso al Refugio Poqueira (2.500 metros de altitud).

La actividad la realizamos a finales de la primavera por lo que apenas quedan rastros de nieve en las cumbres y las temperaturas son suaves, aunque el calor aprieta un poco conforme avanza el día y el esfuerzo físico se endurece.

Los primeros 4 kilómetros son llevaderos hasta el abandonado pueblo de La Cebadilla, construido a mediados del pasado siglo para los obreros que trabajaron en la Central Hidroeléctrica del Poqueira.

Luego hay una fuerte subida hasta los Cortijos del Nante donde posteriormente descenderemos hasta alcanzar la orilla del Río Nante. Remontaremos este caudal por un bonito y frondoso tramo que se adereza con los saltos de agua del río.

Justo cuando el Río Veleta se mezcla con el Nante realizamos la última y dura subida hasta el Refugio Poqueira, atravesando las Acequias Baja y Alta y dejando atrás el Cortijo de las Tomas.

Bonitas vistas desde el refugio a todo el valle y a las cumbres que nos rodean, entre ellas el Mulhacén que afrontaremos en la jornada siguiente.

 

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Capileira

Hola amig@s!

Nos encontramos en Capilerira, localidad enclavada en la Alpujarra granadina a unos 1.440 metros de altitud sobre uno de los relieves meridionales del Parque Nacional de Sierra Nevada.

Capileira
Capileira

Su arquitectura de influencia islámica no pasa desapercibida mientras nos dirigimos entre sus calles al inicio de esta aventura. Aquí, tiraremos hacia la izquierda de este cartel, hacia La Cebadilla.



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Por aquí también podemos iniciar la ruta del agua, es decir, un agradable itinerario por la urbe para conocer sus 12 fuentes, como la Fuente del Carril. Aprovechadla bien para rellenar las cantimploras porque hoy el cuerpo os pedirá líquido más de una vez.

Sendero La Cebadilla – Acequias del Poqueira

A la salida del pueblo por su flanco norte nos espera un panel informativo sobre el sendero que vamos a seguir, La Cebadilla – Acequias del Poqueira.

De igual modo, con la altura alcanzada, se adivinan mejor los terrados planos de las viviendas por los que sobresale la Iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza, construida el siglo XVI en estilo mudéjar.

Ascendiendo con exigencia un poco más descubrimos un pueblo de Capileira que asoma al escarpado Barranco del Poqueira y que mira sin temor al horizonte cerrado por la Sierra de Lújar.

Precisamente, en esta primera parte de nuestro ascenso al Mulhacén tendremos que recorrer varios kilómetros paralelos a este barranco, procurando que el vértigo no nos domine.

Desde luego hay algunos puntos calientes donde la caída es considerable. Así que cuando veais que la senda se acerca mucho al precipicio mejor retiraros unos centímetros de ella hacia el lado opuesto por si acaso.

Barranco del Río Poqueira
Barranco del Río Poqueira

Y que esto no os despiste mucho puesto que podéis perder alguna señal de referencia. Nosotros tomamos por unos metros un camino erróneo descendente, aunque nos dimos cuenta pronto que no llevaba a ningún sitio y corregimos el rumbo.

Acequia de los Lugares

El camino correcto os llevará a la Acequia de los Lugares, una manifestación de arquitectura hidráulica que permite gestionar y aprovechar el agua proveniente de la alta montaña.

La genialidad de estos canales de agua se la debemos a los árabes, grandes conocedores del manejo del agua, que en su época de dominación de la península consiguieron con estos sistemas regar cultivos o abastecer diversas albercas con los que satisfacían las necesidades de la población y animales.

Las acequias también permiten filtrar el agua por el terreno para llegar a cotas más bajas produciendo pastos o manantiales.

Esta filtración la iremos viendo en algunos humedales que se forman en medio del camino. Por su parte, las acequias también ayudan a mantener el ecosistema de estas latitudes contribuyendo en la conservación de diferentes especies de vegetación y al aporte de agua a su fauna.

Continuando el trayecto dejaremos esta Acequia de los Lugares navegando a nuestra derecha, oculta por los niveles del terreno y la vegetación, aunque sentiremos muy cerca su presencia por los continuos humedales y filtraciones que presenta el firme. Prestad atención porque podéis encontrar algunos tramos embarrados.

Verbascos, retamas y helechos jalonan este pasillo frondoso que nos devuelve en pocos metros a las vistas al barranco, donde ahora presenciamos algunos elementos de un cortijo, como la era circular donde antaño se trillaba el cereal para separar el grano de la paja.

Restos de un Cortijo con era circular
Restos de un Cortijo con era circular

La acequia vuelve a saludarnos con brío.

Bañarnos en ella no sé, pero sí que sirve para refrescarse. En esta ocasión se librará de nuestras insinuaciones, todavía refresca el día y además parece que se escapa el torrente colocándose varios metros por debajo de nosotros.

Descenso dirección a La Cebadilla

Después volverá a situarse a nuestra derecha aunque continuará su camino sobre nuestras cabezas, pues el perfil comenzará a descender hacia el poblado de La Cebadilla.

Conforme vamos bajando, la distancia entre el cauce del río y nosotros se irá estrechando al tiempo que vamos dejando atrás capas de orografía para ir abriendo vistas al siguiente destino.

La Cebadilla

El núcleo de casas de La Cebadilla es un pequeño poblado que se construyó en los años 50 del pasado siglo para los trabajadores de la Central Hidroeléctrica del Poqueira. Desde la distancia sorprende ver cómo se distribuyen las viviendas sobre el abrupto terreno.

No era un lugar fácil de llegar, de hecho contaban con un “recadero” que salía cada dos días a los pueblos cercanos para comprar los productos que demandaban los habitantes.

Se hicieron infraestructuras relevantes, como el puente sobre el Barranco de la Cabañuela, un afluente del Poqueira.

Y en el poblado, a pesar de que no parece gran cosa, llegaron a vivir unas 200 personas lo que les llevó a tener incluso una escuela y una pequeña ermita.

Hoy el pueblo se nos muestra abandonado, en cuanto los trabajos en la central fueron decreciendo sus habitantes empezaron a migrar dejando solo el recuerdo de los muros que se mantienen en pie.

Central Hidroeléctrica de Poqueira

No obstante, todavía hay varias casas que son utilizadas por el personal de la Central Hidroeléctrica que se dedica a las labores de mantenimiento.

Para llegar a esta generadora de energía todavía hay que cruzar un par de puentes que salvan el Río Poqueira.

El primero de ellos permite acceder al margen izquierdo del caudal donde un poste de señalización nos indica que el destino de hoy dista a unos 5.700 metros.

Parece mentira que en un lugar tan angosto al ser humano se le ocurra construir esta infraestructura, pero precisamente son las características de este terreno las que hacen que nos adaptemos para aprovechar la fuerza del agua.

En el pasado, este pequeña central eléctrica abastecía solo a la localidad de Capileira y hoy su producción se destina a la red general.

Seguimos avanzando para llegar al segundo puente, justo donde los ríos Nante y del Toril se unen para crear el caudal del Poqueira. Y por extraño que pueda parecernos, el agua que mueve las turbinas de esta central no proviene de estos ríos, si no del Río Veleta, que fluye a mayor altitud llenando una Cámara de Carga a 2.100 metros de altitud.

De esta cámara de carga parte una larga tubería que desciende llevando el agua hasta las turbinas de las instalaciones.

El camino vira hacia el noreste tomando el curso del Nante que muy pronto cruzaremos por un nuevo puente.

Duro ascenso tras la Central Hidroeléctrica

Justo después comienza una dura y serpenteante senda de tierra y piedra que asciende por esta vertiente de las faldas de la Loma Púa.

A esta zona también la llaman El Castañar pues cierto es que se dejan ver algunos ejemplares de estas especies conforme avanzamos.

Por su parte, las pendientes, que a veces llegan a superar el 30 % de inclinación, nos permiten ganar altura con rapidez. Ello conlleva la aparición de inesperados miradores en los que divisamos ya muy por debajo a la Central Eléctrica y podemos contemplar mejor las angosturas del Barranco del Poqueira al sur, y las del Nante al norte.

Vistas al Barranco del Nante
Vistas al Barranco del Nante
Vistas al Barranco del Poqueira
Vistas al Barranco del Poqueira
Flanqueando el Barranco del Nante

Precisamente el trazado irá describiendo el dibujo de este último una vez que terminemos de zigzaguear y comencemos a enderezarnos hacia el noreste.

Como podéis observar las vistas son emocionantes, puede que las tuvieran en cuenta los propietarios de los viejos cortijos que aparecen por la zona (Cortijos del Nante).

La pendiente por aquí, rondando los 1.700 metros de altitud, se suaviza un poco, cosa que agradecemos tanto nosotros como algunas cabras domésticas que deambulan en las proximidades.

Estas no son las cabras montesas pirenaicas propias de Sierra Nevada, de esas veremos algunas, pero a mayor altitud.

En estos metros escasos de arboleda se dejan ver ciertas especies de flora como el Escaramujo o Rosal Silvestre.

Y ya que estamos a cielo abierto, si os fijáis bien al fondo del horizonte, podemos ver la mole del macizo del Mulhacén aunque la cumbre que se aprecia es la del Mulhacén dos, de 3.360 metros de altura.

Descenso al Río Nante

El sendero desciende ahora con el propósito de colocarnos al mismo nivel que el Río Nante que juguetea entre las piedras para encontrar su rumbo.

El caudal se alimenta de otros aportes de agua que bajan de la sierra y por pequeños que sean estos siempre tienen algo que ofrecernos.

Ahora sí, nos ponemos a la altura del río que en este punto se bifurca en dos corrientes para adaptarse a la orografía. En este sentido, tendremos que atravesar dos pasarelas contiguas hechas a base de piedra, cemento y madera para poder cruzar al otro margen y salvar esta especie de isla.

Cruzando el Nante
Cruzando el Nante

De hecho, siguiendo el curso del agua en sentido ascendente hay otras ruinas conocidas como el Cortijo de la Isla por estar levantado próximo a esta localización.

No tardaremos mucho en llegar a ellas y pasar a la derecha de sus muros.

El Nante se convertirá en nuestro compañero de ruta en los casi 2 kilómetros siguientes encajonándonos en bonitos y frondosos senderos y dándonos la oportunidad de disfrutarlo por los dos flancos.

También será un buen aliado contra las calores que ya empiezan a apretar el día.

Es un recorrido para dejarse llevar por el murmullo del agua pero manteniendo alerta el resto de sentidos, sobre todo el de la vista que no puede resistirse a las bondades de la naturaleza.

Contemplando los pequeños saltos del Nante
Contemplando los pequeños saltos del Nante

A veces solo hay que parar un momento para ver más allá de las miradas. Qué cierto es que el agua es vida.

Tajo de Cañavate

El sendero continúa remontando el cauce por un frondoso tramo entre las paredes verticales del Tajo de Cañavate. Este tajo podremos contemplarlo mejor cuando nos separamos unos momentos del río para ganar algo de altura.

Tajo de Cañavate
Tajo de Cañavate

Con esto evitamos un tramo inaccesible pero pronto regresamos al lecho del Nante, momento en el que aprovechamos para reponer fuerzas.

La ruta vuelve a separarnos unos metros del cauce internándose en laberínticos pasillos vegetales que convierten el paseo en algo estimulante.

Junta de los Ríos Nante y Veleta

Estos son los últimos metros en los que disfrutaremos con la vigorosidad del Nante ya que el trazado lo cruzará por última vez, justo en el lugar en el que este río se entremezcla con las aguas del Río Veleta.

Nos deleitamos unos segundos observando los saltos de agua y nos preparamos para afrontar la parte más dura de la jornada.

A partir de aquí la senda asciende vertiginosamente ganando en dureza, sacándonos de la frondosidad.

Haciendo un alto para tomar aire observamos que el agua fluye en la orografía por los distintos barrancos que nos rodean. También divisamos los muros del Cortijo de las Tomas que ahora mismo desde aquí parecen inalcanzables, pero al que llegaremos pasito a pasito.

Por de pronto para endulzarnos el trayecto el recorrido nos hará cruzar un nuevo cauce, el Río Seco. Pero justo después la dureza de las pendientes hará que empecemos a emplearnos a fondo.

Sin apenas darnos cuenta, la depresión por la que navega el Río Nante queda ya muy por debajo de nuestras miradas y ganancia de altura sigue su escalada con muy pocos metros de tregua.

Acequia Baja

Una de estas treguas la encontramos en la Acequia Baja, donde aprovechamos para refrescarnos.

Después a poca distancia se encuentra el Cortijo de las Tomas, pero lo empinado del relieve parece que haga multiplicar por dos cada metro. Menos mal que existen alicientes suficientes a nuestro alrededor para distraerse y no pensar en el dolor de piernas.

Cortijo de Las Tomas
Cortijo de Las Tomas

Además, la mera presencia del Mulhacén poniéndonos ojitos ya es motivo suficiente para seguir impulsándonos hacia arriba.

Superado ya el cortijo nos situamos a más de 2.100 metros de altura, con un poco menos de aire en la atmósfera pero con ganas de seguir descubriendo cotas como los agudos Puntales de Laguna Larga y de La Caldera, de 3153 y 3222 metros de altitud respectivamente.

Acequia Alta

Varios metros más y alcanzamos la Acequia Alta, a 2.200 metros de altitud. Por aquí realizaremos el viaje de regreso a Capileira una vez que descendamos del Mulhacén en la jornada siguiente.

Pero eso tendrá que esperar, ahora nos preocupamos más por mirar en los alrededores en busca del Refugio Poqueira, del que solo nos separan 1400 metros de distancia.

Pero todavía se resiste a hacerse visible, los pliegues de la orografía lo ocultan bien.

Os voy a decir la verdad, en este momento me entró una pájara tremenda y todo por querer subir más rápido de lo debido. A esta altitud tomaros las subidas con calma e hidrataros muy bien.

Refugio Poqueira

Afortunadamente me recuperé decentemente y pude disfrutar de esa primera vez en la que el Refugio Poqueira se pone al alcance de tus ojos. En medio de este paraje este estupendo establecimiento es más que un hotel de 5 estrellas.

Aunque lo tenemos a la vista todavía faltan algunos metros de subida, sobre todo los que que conciernen a la depresión que forma el Barranco Peñón Grande, cuyo arroyo desciende desde las cumbres de la Hoya de la Iglesia.

Barranco Peñón Grande
Barranco Peñón Grande

Y por fin a 2.500 metros de altitud alcanzamos el objetivo de hoy, el Refugio Poqueira, donde haremos noche y repondremos fuerzas para encarar al día siguiente el ascenso al Pico Mulhacén.

 

Refugio Poqueira
Refugio Poqueira

Si tenéis tiempo no perdáis la oportunidad de salir a estirar las piernas y deleitaros con las fantásticas vistas a las cumbres y valles que desde aquí se disfrutan.

Nada más amig@s

Hasta la próxima!

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