ETAPA 1 · MALPICA -NIÑÓNS
Camino de los Faros De interés...

ETAPA 1 · MALPICA -NIÑÓNS

MALPICA – NIÑÓNS (23 KMS)
Primeros kilómetros por esta espectacular ruta que comienza con la huella que ha dejado en la comarca el Santo Adrián, el cual da nombre a un Cabo, un Faro, una Ermita y una Fuente que le rinden homenaje. Las Islas Sisargas serán una clara referencia al norte mientras recorremos el dibujo de la línea costera cargada de acantilados, playas, salientes y relieves submarinos. El Puerto de Barizo será el inicio del tramo más exigente, pero quizá el más apasionante por lo escarpado del terreno y fantásticas panorámicas.
Un tramo que nos dirigirá al Faro de Punta Nariga, con su peculiar mascarón de proa. El último intervalo abandona el concello de Malpica de Bergantiños para adentrarnos en el de Ponteceso, donde finalmente arribaremos a la solemne Playa de Niñóns.

 
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Malpica

Hola amig@s!
Iniciamos nuestra primera etapa del Camino de los Faros en Malpica, bajo el radiante sol de un día perfecto para caminar. Lo primero que hacemos es dirigirnos al Concello de la localidad, lugar en el que se encuentra el kilómetro 0 de la Costa da Morte. Aquí también hay una plaza, la de Anselmo Villar Amigo, importante político, empresario y benefactor malpicano que bien se recuerda con un busto en esta fuente de 1897, la primera que dispuso de abastecimiento de agua.
 

Km 0 de la Costa da Morte
Km 0 de la Costa da Morte
 
Y qué mejor forma de iniciar la travesía que bajo el beneplácito de Alfredo Cañizo, Concejal de Turismo, Seguridad, Tráfico, Servicios y Campo del Ayuntamiento de Malpica.

Playas de Area Maior y Canido

Comienzan nuestros primeros pasos por el Camino de los Faros flanqueando de inicio los arenales de Area Maior y Canido, que ya tuvimos la oportunidad de conocer la jornada anterior.
 

 
Tomamos un sendero que emerge en ascenso desde el aparcamiento de esta última playa y en el que podremos otear la costa con otra perspectiva con la ganancia de altura.

Si nos hemos despistado a la hora de avituallarnos de agua, no preocuparos, en estos primeros kilómetros encontraremos varias fuentes para solucionar el problema.

Los muros de piedra de unas fincas privadas parecen hacer de puerta de salida de Malpica, al tiempo que ayudan a centrar la atención en un poste pintado con parte de la señalética que nos guiará por la travesía.
 

Dejando atrás Malpica
Dejando atrás Malpica
 

Playa de Seaia

Tras los muros de piedra el perfil se estabiliza ofreciéndonos vistas del Monte de Beo y la Ermita de San Adrián, a la que no tardaremos mucho en llegar. Pero antes debemos flanquear otro bonito arenal que se empieza a adivinar mientras avanzamos.

Se trata de la Playa de Seaia, magnífica orilla de arena fina y blanca en forma de ensenada de unos 250 metros de longitud, ideal para los surfistas cuando hay oleaje.
 

Playa de Seaia
Playa de Seaia
 
Entre su morfología se dejan ver algunas dunas en las que se ha aprovechado un espacio para instalar una estupenda área de descanso, con asientos, barbacoas, fuente y ducha.
 
Área de descanso (Seaia)
Área de descanso (Seaia)
 

Enfilando la subida al Monte de Beo

Toca ahora remontar el Monte de Beo en el que tendremos que afrontar una subida de kilómetro y medio aproximadamente para ganar una altura de unos 70 metros.

No es muy dura, y además se adereza con las impresionantes vistas de lo que vamos dejando atrás y lo que llega por delante en forma de relieves submarinos y salientes costeros como este de O Sequeiro.
 

Vistas de Playa de Seaia
Vistas de Playa de Seaia
 

La leyenda de San Adrián

Además una nueva fuente (Fuente Navenllos), ésta de factura contemporánea, ayuda a sobrellevar mejor el esfuerzo y el panel informativo que hay a su derecha nos habla de una antigua leyenda.
 

Fuente Navenllos
Fuente Navenllos
 
Según cuenta, antaño las serpientes dominaban la comarca y las cercanas Islas Sisargas. Los vecinos pidieron ayuda a un peregrino, llamado Adrián, que iba recorriendo estos parajes. Cuando el peregrino pisó una serpiente ésta quedó petrificada y las demás terminaron por huir al mar y desaparecer.

Muy cerca de aquí, en la cala de O Portiño y con marea baja, puede verse una roca con la forma de la serpiente petrificada que atribuyen a la del Santo Adrián.

Malpica empieza a esconderse entre los salientes de Punta do Boi y Da Barrosa a medida que nos acercamos al Santuario y muy pronto tendremos que empezar a despedirnos de ella.
 

Fuente de San Adrián

Antes de llegar al templo se emplaza la Fuente de San Adrían, construida entre los siglos XVI y XVII y posteriormente reformada a principios del XX. A ella se le atribuyen propiedades milagrosas como la de curar las verrugas. Los devotos deben pasarse un paño mojado sobre ellas y después depositarlos en los alrededores de la fuente. Hasta alguna mascarilla se deja ver por este entramado de prendas, quizá el Santo pueda echarnos una mano en esta condenada pandemia.
 

Fuente de San Adrián
Fuente de San Adrián
 

Islas Sisargas

Nos acercamos a la Ermita de San Adrián precedida por su mirador homónimo con estupendas vistas a las Islas Sisargas, un archipiélago formado por tres islotes, Sisarga Grande, Sisarga Chica e Illa Malante. Un conjunto declarado Zona de Especial Protección de Aves por dar cobijo a numerosas colonias, como los distintos tipos de gaviotas.
 

 
Subiendo hacia la ermita se descubre un misterioso monolito de piedra, quizá perteneciente a un antiguo castro, y una Cruz de granito cuyos extremos finalizan decorados con una roseta. Un lugar que antes de la construcción del templo ya albergaba una atmósfera de culto.
 

Ermita de San Adrián

La Ermita de San Adrián tiene su origen en un antiguo edificio del siglo XVI. Junto a ella se plantó este año este crucero contemporáneo con las imágenes de la Virgen María y un Cristo en la Cruz y el Apóstol Santiago en la columna.
 

 
La estructura del templo que se levanta hoy día es una construcción del siglo XX aunque parece ser que la espadaña existente es la original. En el muro que mira al norte hay un pórtico con un altar al aire libre, usado sobre todo en las misas de la romería en honor al Santo que se celebra el primer domingo después del 16 de junio.
 

Retomando el sendero hacia el Cabo de San Adrián

El camino se retoma bajo el Mirador de San Adrián y encarará a media y baja altura toda la silueta conformada por el promontorio del Monte Beo perdiendo poco a poco de vista entre los recodos la localidad de Malpica a nuestra espalda y enmarcándonos al frente el espectacular lienzo de las Sisargas.
 

Retomando la senda hacia el Cabo de San Adrián
Retomando la senda hacia el Cabo de San Adrián
 
En la Grande se puede apreciar su Faro de San Adrián, construido en 1853 a 110 metros sobre el nivel del mar, siendo junto al de Fisterra uno de los más antiguos de la Costa da Morte. Aquí también quedan restos de una antigua Ermita, la de Santa Maríña destruida hacesglos durante las invasiones normandas.
 

Mientras caminamos zigzagueando siguiendo el dibujo del litoral hacia el Cabo de San Adrián reparamos en algunas especies vegetales dominantes de estas latitudes, como el Brezo y el Toxo, esta última bastante incómoda debido a sus pinchos.
 

Toxo y Brezo y las Islas Sisargas la fondo
Toxo y Brezo y las Islas Sisargas la fondo
 
Afortunadamente las labores impecables de desbroce hacen posible que podamos disfrutar del tránsito por este bonito paseo costero sin la molestia de esta planta.

La correcta señalización nos conduce al Cabo de San Adrián, punto más septentrional a excepción de las Sisargas, del litoral de la Costa da Morte.

Desde aquí podemos divisar al oeste uno de los hitos de hoy, el Faro de Punta Nariga, y su monte homónimo que convierte en energía con sus molinos el vaivén del viento.

Un trazado cargado de salientes costeros y surgencias submarinas

Los caprichos de la orografía nos sorprenden con las primeras calas (Coído de Fontán), pero debemos estar atentos al firme irregular que pisamos mientras caminamos ya que resulta sencillo dejarse embaucar por estas singularidades.
 

 
Seguimos avanzando descubriendo entre los recodos nuevos horizontes, como las casas de Seiruga, otra de las localizaciones de esta etapa.

En el lugar de As Salgueiras somos abrigados por helechos durante unos metros para luego abrirnos de nuevo paso al océano y disfrutar del saliente (Punta Salgueira).

A nuestra izquierda el Bico do Castro, de 150 metros de altitud.

Aquí es inevitable no detenerse a contemplar las formas imposibles que moldean las olas y el viento a lo largo del tiempo, unas pulidas, otras cuarteadas y todas en continuo proceso de construcción. Y aunque hoy el mar se muestra bastante apacible, hay bastantes indicios del castigo de su ferocidad.
 

Dejando atrás el Cabo de San Adrián
Dejando atrás el Cabo de San Adrián
 
Rebasamos la Punta do Castro mientras seguimos rodeando el Monte Beo por sus faldas hacia el sur. El sendero ahora se muestra bastante cómodo y ancho, llaneando prácticamente en línea recta hasta el próximo saliente, Laguixón. Tendremos que rodear esta depresión que llama la atención por el peñasco de su extremo que se resiste a desprenderse del bloque principal manteniendo el vínculo con un hilo de piedra.
 
Saliente de Laguixón
Saliente de Laguixón
 
Una bonita curiosa estampa que se deja contemplar con el permiso de los helechos, que vuelven a escena un precioso muestrario.

Muretes de piedra de fincas privadas hoy abandonadas debido a la escasa productividad del terreno jalonan algunos tramos de sendero que inevitablemente vuelven a aproximarnos al accidentado litoral.
 

Beo se descubre tras superar Punta Pendurada

Un pequeño tobogán en el perfil se presenta para superar el saliente costero de Punta Pendurada. Supone cortos ascensos, poco exigentes en esfuerzo, y aunque pueda parecer que la cercana localidad de Seiruga es nuestro próximo destino civilizado, nada más lejos de la realidad. La ganancia de altura nos va descubriendo los tejados de Beo, y de su costa que permanecía oculta tras los accidentes geográficos.
 

 
Buen lugar para aquellos artistas que quieren desarrollar su trabajo en entornos sosegados. Este nos sorprende por sus curiosas tallas en madera.
 
Ensenada de Beo
Ensenada de Beo
 

Playa de Beo

La playa de esta pequeña localidad costera se va dejando ver entre los acantilados los cuales la convierten en un perfecto bastión protegido de los vientos del nordeste. Este arenal de algo más de 300 metros de longitud no suele estar muy concurrido, quizá por estar algo escondido al público. A nosotros nos resultó muy coqueta por el paraje en el que se encuentra y la infraestructura de su área de descanso, pasarelas y mirador.
 

 
Cuando la marea está baja es posible retomar el camino desde la playa, pero no tuvimos esa suerte y nos tocó atravesar el pueblo partiendo desde el mirador.

Tampoco es algo traumático ya que nos permite ser testigos de la tranquilidad que se respira en la urbe y toparnos con un Cruceiro que hace las veces de guía y protector de los caminos.
 

 
De regreso al borde costero resulta toda una sorpresa encontrarse esta fuente y lavadero encajonados en un recodo. Muy útiles en caso de necesidad.

Continuamos el sendero flanqueando ahora el último reducto de la Playa de Beo que con marea alta se convierte un espacio íntimo e independiente. Desde luego, el que no encuentra aquí la calma es porque no quiere.
 

Playa de Beo
Playa de Beo
 

Una costa con restos de antiguos asentamientos

Las señales nos sacan ahora unos metros de la quebrada orilla para dirigirnos al entrante costero de O Porto da Tella. Después tendremos que rodear el saliente de Punta Galiana, en el que hay indicios de un antiguo asentamiento celta conocido como Castro de Entretorres, de unas dos hectáreas y del que se conservan algunos muros y un foso.

Acceder a la cara oeste de Punta Galiana significa comenzar a divisar la línea costera de Seiruga y su magnífico arenal.
 

Ensenada de Esteiro
Ensenada de Esteiro
 

El Camino de los Faros en bicicleta

Echando la vista atrás divisamos a una pareja de ciclistas que se atreven a encarar estos senderos a dos ruedas. Son Chemi y Marisa, con los que coincidiremos en más de una ocasión en próximas etapas.

Flanqueamos la cara este de la Ensenada de Esteiro escudriñando en los perfiles rocosos esos lugares especiales elegidos por los pescadores para desempeñar sus labores.

Realizar este camino en bicicleta es ardua tarea, de hecho nuestros amigos la alternarán con tramos a pie ya que hay unos intervalos que son impracticables para las dos ruedas o demasiado exigentes. Además puedes encontrarte situaciones comprometidas en las que habrá que adaptarse para superarlas.
 

Playa de Seiruga
Playa de Seiruga
 

Vadeando el río Esteiro

Tendremos que cruzar el río Esteiro, y que con marea alta no queda más remedio que sumergir un poco las piernas, algo agradecemos para aliviar pies y gemelos.
 

 
En invierno las crecidas del río pueden hacer que este vadeo sea muy complicado por lo que se recomienda tomar una ruta alternativa.

Playa de Seiruga

La Playa de Seiruga se encuentra dentro de un marco de alto valor natural y ecológico con dunas y una pequeña marisma. De hecho es entorno protegido como Red Natura 2000 y Lugar de Interés Comunitario.

Ascendemos rodeando el complejo de un restaurante para colocarnos brevemente en una pista de tierra que parece no tener salida. A continuación, una senda nos dirige por un repecho al siguiente nivel de la localidad al tiempo que nos deja buenas panorámicas de su arenal de 400 metros de longitud.
 

 
El asfalto desaparece en una nueva senda que abre vistas al Monte da Insua, siguiente accidente geográfico a rodear. Descendemos unos metros para descubrir un recodo que también forma parte de la Playa de Seiruga, aunque a este también se le conoce con otro nombre: Seiruga Pequeña
 
Seiruga pequeña
Seiruga pequeña
 
Seiruga pequeña
Seiruga pequeña
 
Desde luego es un sitio idílico para zamparse la empanada que compramos el día anterior en Malpica, pero decidimos avanzar un poco más, ya que nos cuentan que en kilómetro y medio podemos encontrar un buen restaurante.

A medida que nos aproximamos al extremo de la falda de este monte nos vamos despidiendo de la Ensenada de Esteiro. Aquí podemos destacar dos salientes: Punta Cherpa y Secova do Monte. En este tramo el sendero discurre muy pegado a la línea costera con inclinaciones que no entrañan el mayor riesgo si seguimos el dibujo del trazado, ideal para disfrutar este fantástico panorama.
 

 

Ensenada de Barizo

Poco a poco nos vamos adentrando en la Ensenada de Barizo, que nos recibe en lugar de As Garzas donde existen servicios para comer, como el Restaurante Casa da Vasca, donde degustamos unas exquisitas sardinas ahumadas que os recomendamos encarecidamente, aparte de otros manjares que tendréis que descubrir.
 

Sardinas ahumadas en Casa da Vasca
Sardinas ahumadas en Casa da Vasca
 
Tras el almuerzo tendremos que subir la loma que queda al otro lado de la ensenada: el Monte Nariga.

Pero antes vamos a darle un poco de respiro a la digestión disfrutando del paseo, en el que podemos adivinar las ruinas de una antigua cetárea, es decir, un vivero en contacto directo con el agua del mar en el que de manera tradicional se criaban y engordaban peces y mariscos para el consumo.
 
Restos de Cetárea en la Ensenada de Barizo
 

Playa de Barizo

Después, tomamos rumbo a la Playa de Barizo siguiendo la senda Roteiro, Vilanova, Barizo e Mens, la cual continúa por el perfil rocoso de las Puntas do Castelo.

Un pasillo entre muros de fincas residenciales nos da paso al arenal de Barizo.
 

Playa de Barizo
Playa de Barizo
 
Esta orilla de unos 200 metros de longitud está protegida en sus flancos este y por los vértices del Monte Insua y Monte Nariga respectivamente, y al norte por los perfiles rocosos submarinos de Pedra das Garzas y Restingas do Co. Cuando el sol se atreve a salir su arena fina y blanca casi produce un efecto cegador y el color de sus aguas cobra viveza.
 
Playa de Barizo
Playa de Barizo
 

Enfilando el Monte Nariga

Justo cuando acaba esta preciosa localización comenzamos el ascenso al Monte Nariga. Los primeros 150 metros navegan entre helechos, pinos y eucaliptos que de cuando en cuando dejan impresionantes ventanales a la costa en los que es inevitable detenerse.
 

Playa de Barizo
Playa de Barizo
 
La senda alcanza una pista asfaltada que va directa al Puerto de Barizo, un complejo dedicado sobre todo a la pesca de bajura que ha encontrado en su ensenada homónima la ubicación perfecta al abrigo de la orografía.
 
 
Tenemos que descender a esta infraestructura para, desde aquí, y ahora sí, iniciar la parte más dura de la etapa con unos primeros metros algo técnicos.

La subida se endurece a partir del Puerto de Barizo

La primera subida se las trae, pero es preciosa, jalonada de helechos y peñascos donde rápidamente se gana altura gracias a desniveles que van del 13 al 28 por ciento de inclinación.

Las formas imposibles de la roca granítica nos despiertan la curiosidad y en este pequeño descanso, crean una habitación con vistas, en este caso, al perfil submarino rocoso de Restingas do Co.
 

 
En el primer ascenso ganamos unos 100 metros de altura en apenas un kilómetro. Duro, pero recompensado con este espectacular mirador a la Ensenada de Barizo, Monte Insua y Monte de Beo al fondo enfrentado con las Islas Sisargas.
 
Vistas desde la subida al Monte Nariga
Vistas desde la subida al Monte Nariga
 
Conforme avanzamos por la cara norte del monte, Barizo y su ensenada van desapareciendo detrás de nuestras retinas.

Ahora el terreno presenta un intervalo descendente con algunas pendientes en las que hay, nunca mejor dicho, estar pendientes. Y mientras tanto, ya sobresale al fondo entre los recodos, la linterna de nuestro próximo objetivo, el Faro de Punta Nariga.

Un espectacular tramo escarpado entre acantilados

Alucinante este tramo escarpado por un vaivén de subidas y bajadas entre acantilados, vegetación costera y manifestaciones rocosas que se resisten en permanecer para presumir de silueta.
 

 
Punta do Cabalo y Punta Ensubelas son los salientes más destacados de esta franja de litoral donde hoy el mar no parece castigarlas con su dureza.

En este punto reanudamos un nuevo ascenso de unos 600 metros aproximadamente en los que pasaremos de los 50 metros a cerca de los 120 metros de altitud.
 

 
El verde de flechas, pies y círculos nos indican el camino correcto. Y al granito rocoso le gusta jugar con nuestra imaginación de manera faraónica.
 
La piedra faraónica
La piedra faraónica
 
Alcanzada la cota más alta de esta etapa divisamos un velado parque eólico con esos impresionantes molinos que parecen darnos con su aire un empujoncito a la otra vertiente de esta loma que asoma al Faro de Punta Nariga.

Faro de Punta Nariga

Este será el primer faro a visitar en la travesía y mientras realizamos el descenso para llegar a él comprobamos que los compañeros ciclistas ya vienen de regreso por una variante más adecuada.
 

Punta Nariga y su Faro
Punta Nariga y su Faro
 
Punta Nariga es un lugar agreste donde el incesante viento golpea con fuerza gran parte del año moldeando junto con el agua el entramado rocoso que salpica su paisaje. El faro, construido en los años noventa del pasado siglo por el arquitecto Césa Portela, está perfectamente integrado en el entorno con esos sillares de granito que se hermanan de alguna forma con el roquedo sobre el que asienta.

El complejo tiene unos 50 metros de altura para que su linterna pueda alcanzar hasta las 22 millas náuticas de distancia. El fuste de unos 25 metros de longitud se planta sobre una base triangular que encuentra su sentido metafórico en su extremo occidental, el cual parece un mascarón de proa queriendo afrontar la marea.

Indagando un poco por la red encontramos este vídeo en el que el arquitecto nos cuenta de primera mano su obra.
 


 
 
Desde lo alto del mirador que se encuentra en la segunda base triangular se obtiene una mejor perspectiva de este efecto, donde la figura del “Atlante” a caballo entre gaviota y forma humana quiere salir a combatir las fuerzas de la naturaleza.
 
Vistas desde el Faro de Punta Nariga
Vistas desde el Faro de Punta Nariga
 

Punta Nariga y su dura meteorología

Y eso precisamente haremos nosotros en los primeros compases de lo que nos resta hasta el final de etapa. Punta Nariga no quiere que abandonemos el lugar sin que seamos testigos de su meteorología cambiante. El viento, la lluvia y la niebla quieren dejar su huella y la verdad es que yendo pegados al litoral, la situación puede sobrecoger un poco.
 

Abandonando el Faro de Punta Nariga
Abandonando el Faro de Punta Nariga
 
Afortunadamente el fenómeno no fue a mayores y pudimos encarar estos últimos kilómetros con algo menos de tensión, quedando solo la niebla a nuestra merced para regalarnos paisajes enigmáticos.

El perfil sigue siendo accidentado con algunos repechos exigentes como las Penas do Rubio que después nos devuelven a cotas más bajas.
 

 
Algunos trazados pierden la timidez a la hora de acercarse a la orilla, momentos en los que hay que vigilar el paso pero que no entrañan dificultad alguna.

Solo nos restan varios hitos de interés para comenzar a enfilar la Ensenada de Niñons y llegar a su playa para finalizar la etapa. El primero de ellos es la Ensenada de O Lago que rodeamos por el sendero con perfiles algo más cómodos. Y el segundo Punta Queimada, el saliente costero que nos abre por fin paso a nuestro objetivo.
 

Ensenada de O Lago
Ensenada de O Lago
 
Ensenada de O Lago
Ensenada de O Lago
 
Por aquí ya se deja ver el arenal de Niñons, perteneciente ya al Concello de Ponteceso, y la costa que transitaremos en la jornada siguiente.
 
Ensenada de Niñóns
Ensenada de Niñóns
 

Playa de Niñóns

Vista desde aquí la Playa de Niños nos resulta un lugar paradisíaco, en un entorno incorruptible por la mano del hombre, la niebla ocultando el parque eólico nos ayuda a creerlo. Las olas, las gaviotas, ese olor a espuma, la vegetación y bosque de pinos circundantes, la placidez que emana el lugar…no hay mejor forma de finalizar esta espectacular primera etapa que nos ha dejado boquiabiertos.
 

 
Es inevitable no pisar este arenal y sentir la llamada del mar, aunque hay otra llamada más importante, la del taxi, que debe llevarnos a lugar de alojamiento donde cogeremos fuerzas para la etapa siguiente.

Hasta la próxima!
 

 

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