GARGANTA de LA HOZ – SIERRA de RUTE
Senderismo De interés...

GARGANTA de LA HOZ – SIERRA de RUTE

Ruta senderista que iniciamos en la localidad de Rute, en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas (Córdoba). Los primeros kilómetros descienden por la depresión de la cuenca del Río Genil hasta llevarnos a la Garganta del Río de la Hoz, donde la exigente y accidentada orografía nos hará entrar en calor rápidamente.

Después nos dirigiremos a las cumbres de la Sierra de Rute para encarar su Pico Sierra Alta y conocer uno de los emblemas de la localidad, la Torre del Canuto. Y todo ello acompañado por espectaculares vistas al Embalse de Iznájar.


 
TRACK DE LA RUTA

 
 
Hola amig@s!
Nos encontramos en Rute, localidad que se ubica en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas, en Córdoba. Un auténtico monumento natural declarado Geoparque en el año 2006 y que empezamos a descubrir en este recorrido.

Como bien indican los paneles informativos, afrontamos de inicio una pista de tierra conocida como Vereda de la Hoz.
 

 

Dejándonos caer hacia el Embalse de Iznájar

Los primeros tres kilómetros y medio son en sentido descendente en el que iremos descubriendo cómo el terreno se va dejando caer hacia el Embalse de Iznájar, a partir de un entramado de colinas abrigadas por mantos de cultivo de olivar.
 

 
Un cultivo que forma una parte muy importante de la gastronomía del lugar donde se cosecha sobre todo la variedad de aceituna Hojiblanca.

Estamos en medio del invierno donde los almendros que salpican estas latitudes ya se manifiestan con su floración dejándonos bonitas estampas.
 

 
El camino nos va abriendo, entre los recodos, la mole rocosa del Cerro de la Camorrilla una de las paredes que forma parte de la garganta hacia la que nos dirigimos y que recorre el río que le da nombre: el Río de la Hoz.

Por aquí los cortijos y parcelas residenciales situadas estratégicamente en la aldea de La Hoz, aprovechan bien el paso del caudal gracias a las acequias que llevan el agua a sus huertas. Un sistema de una cultura árabe que también ha dejado su huella en otro tipo de construcciones.
 

 

Entrando en la Garganta de la Hoz

Tras pasar las últimas viviendas y las instalaciones de una antigua central eléctrica entramos en el paraje de la Garganta de la Hoz. Un cartel bien grande nos recuerda que respetemos este entorno y su caudal, que ya sale a nuestro encuentro para acompañarnos hacia las profundidades del accidente geográfico.
 

 
Las peñas de los cerros que nos rodean sobrecogen al verlas y nos hacen plantearnos si no nos estaremos metiendo en la boca del lobo.

La todavía presencia de la mano del hombre en forma de tuberías de canalización, viejas casetas de control o muros de contención tampoco nos tranquiliza porque realmente lo que estamos deseando es empezar a remontar este cañón.
 

 
Desde este punto el terreno se empieza a empinar y a endurecer, solo hay que observar cómo el cauce ha encontrado su camino entre saltos de un accidentado entramado de rocas esculpidas por el agua con el paso del tiempo.
 
 
Seguimos pegados a un muro de contención junto al margen derecho del río hasta llegar a una última caseta. Nos damos cuenta que el muro crea un recinto cerrado, así que toca saltar el muro.

Después, a realizar los primeros metros de escalada.

Hay que decir que el caudal del río no se encuentra en su mejor momento debido a las escasas lluvias, pero aún así, es suficiente para verlo brincar por estos pasos naturales.
 

 
Un gran salto vertical significa que tendremos que salvar una fuerte pendiente para poder alcanzar el nivel del cauce. La cuenca se encajona tanto entre la roca y el terreno es tan vertical que no hay más remedio que empezar a emplearnos a fondo.

Rampas del 20 al 26 por ciento de inclinación no son el único obstáculo a superar. También tenemos que estar atentos y medir bien los pasos, sobre todo cuando se trata de un firme de roca y piedra suelta.
 

 

Garganta de la Hoz
Garganta de la Hoz
 
Tiene su parte de riesgo, pero también su dosis de diversión y de desafío.

Superado este exigente desnivel volvemos a la altura del río, aunque como vemos no nos lo pondrá fácil para seguir remontándolo.
 

 
Tendremos que valorar si hacerlo sorteando la rocas que entorpecen el paso del agua o continuar por la vertiente izquierda.

Optamos por la segunda opción ya que nos ofrece mejores garantías para avanzar con más rapidez aunque no con mucha más comodidad. Los almendros que encontramos a nuestro paso aderezan este paisaje agreste que pronto vuelve a colocarnos a orillas del río.
 

 
Improvisamos ahora un tramo de camino entre las rocas y la vegetación de rivera, totalmente inmersos en una experiencia en la naturaleza fuera de toda civilización, aunque viendo algunos residuos plásticos y de cristal desperdigados por el suelo todo parece quedarse en una utopía.

Afortunadamente, de momento, el carácter de este lugar vence a toda influencia humana y somos nosotros los que tenemos que adaptarnos a él.
 

 
El desfiladero no nos lo pone nada fácil y hay algunas zonas más técnicas en las que hay que andar con ojo tanto para trepar, como para descender, sobre aquellas que hay que salvar para volver a acercarnos al cauce del río.

Por más enrevesado que pueda parecer este recorrido más entretenido es, porque nos mantiene a la expectativa y nos pone a prueba en cada tramo.
 

 
Pero bien es cierto que no podemos estar aquí toda la jornada, el paso se hace lento y debemos modificar el rumbo si queremos conocer otros lugares de esta ruta.

Así que decidimos ir saliendo poco a poco de las profundidades de la tierra, dirección oeste, ganando altura por el cerro de El Lanchar, encarando pendientes que oscilan entre el 12 y 20 por ciento de inclinación.
 

 
Hasta que por fin vemos otro horizonte distinto a las paredes de la Garganta de la Hoz.

La Sierra de Rute

Se trata de la cordillera de la Sierra de Rute a la que vamos acercándonos por este campo de minas, perdón de piedras, que no tardaremos en darle uso a modo de asiento para realizar un pequeño tentempié.

Reanudamos la marcha incorporándonos a la vía CV-61, justo a la lado de un cortijo a cuyos habitantes no parece importarles nuestra presencia. Varios metros más tarde nos incorporamos a una pista entre pinares con mojones indicando que estamos transitando un monte público.
 

 
Ascendemos por aquí unos 600 metros hasta alcanzar una pista forestal desde la que nos sorprenden nuevas panorámicas al Embalse de Iznájar. Luego contaremos algo sobre él. Ahora vamos a disfrutar de casi 1 kilómetro en sentido descendente por llamado Camino de Rosa, surcando la falda meridional de la Sierra de Rute.

Se agradece este firme llano después de toda la roca y piedra que llevamos encima.
 

 
Además nos acompañan bonitas vistas en las que se adivinan las ubicaciones privilegiadas de algunas viviendas rurales, como la del Cortijo de la Fuente de la Gitana.

El Pinar de Rute

Un nuevo desvío acomete la subida por la arboleda de pino carrasco de Rute, un sendero bien señalizado con balizas, pero rudo y exigente. Atentos porque en este tramo de kilómetro y medio aproximadamente ganaremos algo más de 200 metros de altitud, lo que nos hace arremeter algunas pendientes de más del 20 por ciento de inclinación.
 

 
Pero vamos, con tanto desnivel es fácil ponernos a los pocos pasos por encima de los 1000 metros.

Esta senda finaliza en un carril de tierra más ancho.

El esfuerzo empleado hasta ahora nos hace plantearnos la hora del almuerzo, y qué mejor lugar para hacerlo que en este precioso balcón al embalse, que luce impresionante ante la ganancia de altura y las descargas de rayos solares que se abren paso entre las nubes.
 

 
El Embalse de Iznájar el más grande que existe en Andalucía, se finalizó su construcción en el año 1969, tras diez años de obras. Como en tantos otros embalses creados durante la dictadura franquista, los habitantes que vivían en los terrenos que hoy ocupa esta gran masa de agua tuvieron que emigrar a otros lugares con el consiguiente trastorno que ello les supuso para volver a encauzar sus vidas.

No obstante, con el tiempo se le ha sacado provecho al embalse para convertirlo en un importante motor turístico para el pueblo.
 

Vistas al Embalse de Iznájar
Vistas al Embalse de Iznájar
 
Si estáis por la zona no olvidéis visitar el Centro de Interpretación del Embalse, ya que en su interior se exhibe una maqueta que recuerda cómo era este paraje antes de ser inundado. Un espectacular trabajo de Anna Cordón y Marcel Bartí que cumplen el sueño de uno de ellos a la hora de conocer dónde se encontraba la casa de su infancia.
 
 

A por el Pico Sierra Alta

La Caseta de Vigilancia de Incendios nos aguarda, pero antes vamos a por un objetivo algo más ambicioso, subir a la cota más elevada de esta sierra, el Pico de Sierra Alta.
Para ello retomamos la pista ancha que asciende todavía por la vertiente meridional pero ahora dirección noroeste de inicio, para luego hacerlo al sur dejando atrás la caseta de vigilancia.
 

Ascenso por la Sierra de Rute
Ascenso por la Sierra de Rute
 
En este momento el camino hace una curva cerrada en la que tendremos que estar atentos, ya que hay bifurcación por un estrecha senda a la que tendremos que incorporarnos.
 
Ascenso por la Sierra de Rute
Ascenso por la Sierra de Rute
 
Por aquí seguiremos transitando entre pinares, con un perfil algo más suave en inclinaciones y en donde podemos encontrar los restos de un antiguo horno de cal.

También, si echamos la vista rumbo al sureste podremos observar la grieta de la Garganta de la Hoz, lugar del que salimos en la primera parte de la jornada.
 

 
Seguimos ascendiendo, atentos a la verticalidad de las cumbres que nos esperan y a las que no tardaremos en llegar. El último impulso lo daremos justo al cruzar este cercado, cuya puerta enmarca el impresionante Pico La Tiñosa, al que subiremos en otra ocasión.
 
 
A partir de aquí viramos dirección noroeste para encarar las últimas y duras pendientes de la etapa más cercanas al montañismo que al senderismo, pero que disfrutamos con algunas pausas mirando a la Garganta, al Cerro de la Camorrilla y a la Lomas de las Ventanas y el Santísimo que van a descansar al embalse.
 
Vistas al Cerro de la Camorrilla
Vistas al Cerro de la Camorrilla
 
 
Ya en el otro flanco de la sierra, una vez alcanzada la cresta, obtenemos panorámicas de las Sierras de la Horconera y de Alhucema y vistas a toda la cuenca del Río Genil, parcheada de olivares, cortijos y huertas.
 
 
Pico Bermejo, Puerto Mahina y de nuevo La Tiñosa brillan todavía más desde aquí arriba.
 
Llegando al hito geodésico
Llegando al hito geodésico
 
Y ahora solo nos restan unos pocos metros más hacia el oeste para dar con el punto geodésico de la cima Sierra Alta, a unos 1300 metros de altitud, la mayor cota de la Sierra de Rute.
 
 
Desde aquí se puede apreciar bien la loma que conforma esta sierra al suroeste que baja en depresión hacia el embalse.
 
Panorámicas
Panorámicas
 
Panorámicas
Panorámicas
 
Próximo al punto geodésico hay un refugio de piedra que quizá hoy día todavía aprovechen los pastores en la práctica de la ganadería extensiva, aunque viendo lo presente parece que no tenga mucho uso.
 
Interior del Refugio
Interior del Refugio
 
Los buitres en cambio prefieren otro tipo de comodidades.

Caseta de Vigilancia de Incendios

Nuestro siguiente destino es llegar a la Caseta de Vigilancia Contra Incendios, y para ello debemos seguir la cresta de la loma ya que este habitáculo se encuentra al final de la misma. Avisamos que el paso no es cómodo, el terreno está plagado de roca y piedra caliza y hay que medir bien los paso. Hay tramos en los que habrá que decidir cuál es la mejor opción para avanzar, pero vamos, prestando un poco de atención se consigue superarlos.
 

 
Con tesón ya tenemos la caseta a nuestro alcance y al visualizarla nos damos cuenta de que no somos los únicos que andamos por estas anchuras.
Llegar a esta caseta significa poder descubrir vistas a Rute, localidad de la que partimos, y contemplar toda la cuenca del río Genil, cuyas aguas conforman el grueso del embalse.
 
Vistas de Rute y de la Cuenca del Genil
cof
 
El día velado deja entrever un horizonte que se reparte en dos provincias. Así podemos adivinar Cuevas de San Marcos perteneciente a la provincia de Málaga, y Encinas Reales o Benamejí pertenecientes a Córdoba.
 
Bonitas estampas
Bonitas estampas
 

Torre del Canuto

Toca descender, y lo hacemos por un sendero de pronunciada pendiente que parte desde la caseta. Hay otra opción que es seguir la cresta de la loma, pero preferimos ir por los caminos para asegurar. El sendero conecta con la pista de tierra que cogimos una vez superado el pinar y no la abandonaremos ya hasta llegar al siguiente hito: la Torre del Canuto.
 

 
Esta torre se ubica en el Cerro del Hacho, justo detrás de una antena de repetición. Sus orígenes pueden datarse en el siglo XIII, ya que esta atalaya estratégicamente ubicada se encargaba de vigilar las fronteras de la fortaleza islámica que se encontraba en estas latitudes.

La piedra de sillería da forma a esta estructura cilíndrica de unos 5 metros de diámetro por otros 8 de alto. Actualmente está en ruinas aunque ya cuenta con un futuro plan de restauración.

Torre del Canuto
Torre del Canuto
 
A pesar de la época tan belicosa en la que fue construida, no hay duda de que quien estuviera a cargo de la vigilancia tuvo que disfrutar de espectaculares atardeceres como este.

Y poco más, apenas dos kilómetros nos restan para finalizar la ruta, continuando por un fuerte descenso en el que las piernas pasan factura de todo el esfuerzo del día.
 

Descenso a Rute
Descenso a Rute
 
En fin, gajes del oficio.

¡Hasta la próxima!
 

Atardecer desde la Torre del Canuto
Atardecer desde la Torre del Canuto
 
 

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