ETAPA 2 · Linares de la Sierra – Cortelazor
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ETAPA 2 · Linares de la Sierra – Cortelazor

LINARES DE LA SIERRA – CORTELAZOR (25 KM)
Salimos de Linares remontando el valle del Arroyo Plamencia hasta las dehesas y ruedos serranos que nos conducirán a Aracena. Recorremos esta localidad declarada Ciudad de Interés Turístico bajo la mirada antenta de su Castillo hasta que conectamos con un extenso castañar. Entre encinas, huertas y castaños llegamos al curso del Arroyo Guijarra el cual nos conducirá a Los Marines y su pasado. La concurrida Fuenteheridos con sus doce caños será el punto de partida de la parte final de la jornada, destino a Cortelazor, pero antes tendremos que superar el corto pero exigente ascenso a los montes del Palancar.

Más información en:

http://www.desafiopatanegra.com/index.php/es/

 


 

 

Hola amig@s!
Iniciamos la etapa justo donde los dejamos la etapa anterior, en Linares de La Sierra. Desde la Calle Real divisamos la espalda del crucero de la Iglesia de San Juan Bautista y adosada a ella la Plaza de Toros. Ambas edificaciones son del siglo XVIII y la última de ellas se usa en ocasiones para representaciones teatrales y eventos de diversa índole.
 

Plaza de Toros de Linares de la Sierra
Plaza de Toros de Linares de la Sierra
 
La Iglesia que ha recibido restauraciones recientes cabalga entre los estilos barroco y neoclásico.
 
 
Linares de la Sierra destaca por sus calles empedradas que visten a modo de mosaicos de figuras las entradas de muchas viviendas y los espacios de las plazas. Son los llamados Llanos o Alfombras que gracias a su peculiaridad han sido declarados Bien de Interés Cultural.
 
 
Avanzamos por la urbe, con precaución, para ir en busca de otro elemento emblemático: La Fuente Nueva y Lavaderos. Un manantial subterráneo surte las aguas de este conjunto de inicios del siglo XX, concretamente del año 1908. Tras la fuente de cuatro caños se emplaza un abrevadero que culmina el dibujo de su canalización en un lavadero circular que hoy día todavía utilizan los habitantes como se hacía antaño.
 
 
Famosa también en la población es su Cabalgata de Reyes Magos, en la que aprovechan para representar distintas escenas bíblicas y cotidianas que requiere la apasionada implicación de los vecinos.
 
 
Salimos de la localidad dirección este por el sendero de Linares de la Sierra – Aracena. Este sendero supone cerca de 5 kilómetros hasta la localidad de Aracena de los cuales los tres primeros son los más exigentes, ya que hay que remontar el barranco del Arroyo Plamencia. Un ramal, que coincide con otros caminos que ocupan estas lindes.
 
Sendero de Linares de la Sierra - Aracena
Sendero de Linares de la Sierra – Aracena
 
Los primeros repechos abren vistas a las ondulaciones de las Sierras del Pero y de la Cruz, todavía algo dormidas bajo la manta de nubes. Todo lo contrario a un simpático burro, bien despierto, que parece haber intuido nuestra llegada para mostrarnos su mejor cara.
 
 
Acto seguido torcemos a la derecha para descender a la ribera del Arroyo Plamencia que navegará pegado a nuestra derecha hasta un cercano puente que nos permitirá cruzarlo. Próximo a él hay un azulejo pintado con la escena del Bautismo de Jesús.
 
 
A partir de aquí se inicia la subida más dura de la mañana, remontando las faldas de la Sierra de los Picachanes, con algún repecho al 12 % de inclinación que se hermana con la salida del sol para hacernos entrar en calor.

La vertiente norte nos ofrece vistas al valle del Plamencia, bien abrigado por las cumbres de la Sierra del Pero. También se siente arropada una talla de la Virgen del Rocío que encontramos en esta pequeña capilla de ladrillo. Nos aseguramos que se sienta lo más cómoda posible.

La vegetación de bosque húmedo mediterráneo jalona nuestros pasos a las puertas de una finca con espíritu jacobeo. A pesar de la distancia, esta señal nos acerca a Santiago de Compostela.
 

 
Para marcha la nuestra, en continuo ascenso, aunque es inevitable una pausa para deleitarnos con estas panorámicas.
 
Valle escondido
Valle escondido
 
Alcanzamos el Camino de la Mina para cruzarlo y empezar a acometer un ramal algo incómodo en ciertas franjas, cuando el firme de tierra se salpica con cantos rodados.
 
 
La pista mejora posteriormente en los metros en los que se atreve a llanear, pero en cuanto comienza a descender para salvar la Rivera de las Molinillas regresan los peñascos y el terreno irregular.
Después, unos 500 metros de austera subida y conectamos con un camino más cómodo, más ancho y que presenta un perfil más favorable.
 
Dehesas
Dehesas
 
Por aquí vamos a navegar durante casi dos kilómetros por el ecosistema compuesto por las Dehesas, que no son más que formas de explotar el bosque mediterráneo por medio de especies productivas tales como el alcornoque, encinas y olivos. Un paraíso para los especímenes porcinos que se alimentan en libertad.

El camino se introduce ahora en las faldas del Cerro de San Ginés, en la Sierra de la Cruz, desde donde se puede otear mejor esta extensión de dehesas y la suavidad de las lomas que pueblan.

Las fincas se suceden y el trazado se encajona por momentos dejándonos ventanales entre la espesura en los que poder observar las rutinas de sus habitantes.

Las dehesas irán desapareciendo conforme nos aproximamos a Aracena para ser reemplazadas por los ruedos serranos y cercados agrícolas, que combinan cultivos de regadío con otros de secano. Además, algunas de estas parcelas también son destinadas como lugar de residencia para sus propietarios.
 

 
Y por fin, alcanzamos la periferia de la localidad, donde tendremos que dar un pequeño rodeo por las limitaciones de la obra de una urbanización para acceder a la Calle de Linares y así entrar en la urbe.

El elemento que resalta sobre todos es el Castillo de Aracena que se alza sobre un cerro desde el que se domina toda la localidad. La historia dice que estas tierras fueron pobladas por los musulmanes desde los siglos X al XIII, siendo en este último cuando fueron expulsados por los portugueses, que también son los artífices del levantamiento del castillo en el mismo siglo.
 

Vistas de Aracena
Vistas de Aracena
 
La verdad es que el siglo XIII tuvo que ser movidito pues en 1297 se firmó el Tratado de Alcañices en el que se establecieron las fronteras del Reino de León y el de Portugal. Así que en esta fecha el Castillo de Aracena pasó a formar parte de la Corona de Castilla.

Nos acercamos a la Plaza de San Pedro, un lugar muy próximo las famosas Grutas de las Maravillas, que suponen espectaculares formaciones subterráneas esculpidas por agua y piedra a lo largo del tiempo. No os podéis perder esta visita porque merece realmente la pena. Para más información e imágenes de este monumento natural pasaros por la página del Patronato Provincial de Turismo de Huelva.

En la Plaza de San Pedro encontramos su ermita homónima construida entre los siglos XV y XVI. El cuerpo principal del templo es de estilo mudéjar pero la portada y espadañas son añadidos posteriores de estilo clasicista. Actualmente sus instalaciones se destinan a usos de carácter cultural.

Seguimos asomándonos a esta población para añadir más motivos de por qué en 1956 se la catalogó como ciudad de interés turístico. Famosos son los pasteles de la Confitería Rufino, no os la podéis perder, aunque si la encontráis muy concurrida hay otras alternativas cercanas también de calidad.

Damos con la Plaza del Marqués de Aracena, con una talla dedicada Don Julián Romero de la Osa, un vecino de la tierra que fue benefactor de la construcción de esta plaza y de las reformas de un hospital.
 

 
Desde esta posición se alza majestuosa la obra del Casino de Arias Montano, inaugurado en 1910 cuyas líneas dan cierto aire a los cafés parisinos de finales del siglo XIX principios del XX.
No pasa desapercibido, como tampoco las obras que pertenecen al llamado Museo al Aire Libre que salpican algunos rincones de la urbe. Ésta, hecha de bronce, rinde homenaje a la música.
 
 
Abandonamos la plaza echando la vista atrás para otear otra perspectiva del complejo del Castillo que ya deja entrever cómo contigua a una torre Mudéjar se levantó la Iglesia Prior de Nuestra Señora del Mayor Dolor. Exteriormente parece una fortaleza, la robustez de los muros sumado a algunos cuerpos almenados así lo reflejan. La construcción de este templo se llevó a cabo entre los siglos XIII y XV y en el interior podemos ver como el estilo gótico se hace patente en la nervadura de sus bóvedas.
 
 
El retablo mayor de estilo neoclásico del siglo XIX lo preside la patrona de los aranecenses, la Virgen del Mayor Dolor. Una talla creada en 1959 por Sebastián Santos Rojas.

Calle arriba pasado el Casino, encontramos la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Se construyó en el siglo XVI en estilo mudéjar y durante un tiempo formó parte de un convento de la Orden de Frailes Carmelitas.
 

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen
Iglesia de Nuestra Señora del Carmen
 
Subiendo por la Avenida de Portugal damos con la cabecera de la Ermita de Santa Lucía, donde resaltan los contrafuertes cilíndricos que permiten aguantar la carga de los muros.
 
 
Ermita de Santa Catalina
Ermita de Santa Catalina
 
La ermita se construyó en el siglo XV en estilo gótico mudéjar como bien podemos apreciar en el empleo del ladrillo rojo y el arco apuntado de su portada. Tampoco se nos escapa una imagen de Santiago, que con su energía nos anima a seguir avanzando.
 
 
Salimos de Aracena tomando un paso a nivel superior para salvar la Nacional 433. Después, nos introducimos en un pequeño complejo de naves industriales para ir en busca del Sendero Aracena – Los Marines – Fuenteheridos.

Iniciamos en sentido descendente y mientras avanzamos no hay que andar muy avispados para adivinar que transitamos un extenso castañar, y que estamos en época de recolección de sus frutos.
 

Castañar
Castañar
 
Castañas en la superficie
Castañas en la superficie
 
Son propiedades privadas, no ayudamos en nada a la economía de sus dueños si las invadimos para realizar hurtos.

Los primeros 2 kilómetros de este tramo trascurren por una ancha y cómoda pista con un perfil bastante llevadero. Si a esto le sumamos la espectacularidad del colorido que ofrecen las hojas caducifolias de estos árboles, convierten este paseo es una experiencia muy agradable.

Se dice que fueron los romanos los que introdujeron el Castaño en la Sierra de Aracena, aunque otros estudios le echan la culpa a los emigrantes venidos del norte entre los siglos XIII y XV, en plena época de repoblación de la Península Ibérica.

El paso del tiempo ha forjado una cultura muy estrecha entre este árbol y los habitantes de la zona, conformando una parte muy importante de la identidad de la sierra, que aparte de reportar sus beneficios económicos y conservar las fiestas y tradiciones en torno al castaño, proporciona un gran valor paisajístico y ambiental.

Este camino que pisamos también se le conoce como Vereda de Sevilla, ya que antiguamente por aquí transitaba el ganado de la comarca conectando con la capital andaluza.
Tras poco más de dos kilómetros afrontamos las faldas de las colinas llamadas Cumbres del Pelete, donde el terreno se muestra más abrupto. Por aquí se dejan ver algunos alcornoques y robles melojos entre el dominio del castañar.
 

 
El perfil se suaviza en cuanto llega a la cota en la que debería pasar el arroyo del Barranco de la Fuente del Castaño, que por escasez de lluvia ni siquiera llegamos a adivinar.
Retornamos a la pista cómoda, en suave ascenso donde ahora se alternan parcelas de fincas de cultivo, de huertas y prados con otras dedicadas a la ganadería extensiva.
 
Ganadería extensiva
Ganadería extensiva
 
Estamos flanqueando el lugar conocido como el Cortijo de la Bañuela mediante un apacible paseo donde a pesar de la mano del hombre se agradece ver un cierto equilibrio en el uso de los recursos naturales.
Una armonía que aprovechan senderistas y ciclistas para disfrutar el entorno.
 
Sendero flanqueando el Cortijo de la Bañuela
Sendero flanqueando el Cortijo de la Bañuela
 
Sendero flanqueando el Cortijo de la Bañuela
Sendero flanqueando el Cortijo de la Bañuela
 
Los especímenes porcinos más curiosos se acercan a nosotros a ver si tienen suerte de llevarse algo a la boca, y algo les cae, aunque no suficiente. De todas formas sus propietarios ya se encargan de que estos individuos no pasen hambre, solo hay que fijarse con qué satisfacción se echan algunos una siesta después de una buena zampada.
 
Fincas de ganado
Fincas de ganado
 
Seguimos la indicación del Sendero número 2, que acertadamente la menciona con el texto “Entre Encinas, Huertas y Castaños”. Pero tampoco hay que olvidar a los alcornoques, que ayudan a jalonar este pasaje entre muretes de piedra.
 
Entre Encinas, Huertas y Castaños
Entre Encinas, Huertas y Castaños
 
Entre Encinas, Huertas y Castaños
Entre Encinas, Huertas y Castaños
 
Al finalizar este ramal enderezamos hacia el oeste para alcanzar la carretera HU-8122 que tendremos que cruzar con precaución.
Ante nosotros se abre un bonito prado de encinas entre los lugares conocidos como Llano Pelado y La Guijarra que se ven aderezados con espectaculares ejemplares equinos.
 
 
Guijarra también es el nombre que recibe el arroyo al cual nos aproximamos. Su vegetación de ribera con chopos y fresnos en caducidad lo delatan. Cuando lo alcancemos, tendremos que seguir su curso dirección Sur.
El zigzagueo del caudal nos llevará a cruzarlo en varias ocasiones por medio de pasos de piedra en los que debemos ser cautelosos por riesgo a resbalones.
 
 
El arroyo no está en su mejor momento, todavía no ha recibido la lluvia suficiente como para circular con su alegría característica, pero no quita que el tránsito por aquí sea agradable.
Tras cerca de 500 metros pegados a las orillas del Guijarra, este cambiará de rumbo abandonándonos en una pista cimentada que nos dirige a la siguiente encrucijada.
 
 
Muretes de piedra y magníficos ejemplares de alcornoques nos escoltan a los últimos tramos antes de la llegada a Los Marines, y que haremos por una pista a modo de calzada de piedra.
Los Marines se fundó por emigrantes gallegos en el siglo XIV en la época de la repoblación. Su nombre se debe a una visita que el Rey Felipe II realizó al pueblo y en la que uno de sus vecinos se atrevió a cuestionarlo diciéndole:

“Si tan poderoso eres, ¿por qué no traes el mar al pueblo?”

A lo que el Rey respondió:

“El mar no traeré pero marinos seréis”

Desde entonces muchos jóvenes vecinos realizaron el servicio militar en la Marina de Huelva.

En la Plaza Carlos III se alza su Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, un templo de orígenes renacentistas del siglo XVI pero que posteriormente sufrió reconstrucciones de estilo neoclásico entre los siglos XVII y XVIII.
 

 
Cada 8 de septiembre se celebra en honor a la Virgen de Gracia la fiesta del Voto, donde los niños portan farolillos en la procesión. Esta fiesta se originó a mediados del siglo XIX como plegaria a la Virgen para que librara de la peste a la población.
 
 
Abandonamos Los Marines por la Calle Barrio Alto, para acometer dirección oeste el trazado que nos llevará a la siguiente población: Fuenteheridos.

Al norte vemos muy claras las ondulaciones de monte que tendremos que superar para llegar al objetivo final de la etapa: Cortelazor.
 

Vistas al norte
Vistas al norte
 
Pero todo a su tiempo, ahora tenemos que seguir disfrutando de un nuevo camino entre dehesas que aparte de fascinarnos con sus ejemplares de arboleda, nos sorprenden con nuevos elementos, como este singular roquedo que encontramos en el lugar de Los Berrocales.
 
 
En este punto hemos alcanzado la cota máxima de la etapa, algo más de 750 metros de altitud, que da inicio a un descenso de kilómetro y medio hasta el paso del Arroyo Buenvino.
 
 

Árboles de ribera
Árboles de ribera
 
La pista sigue siendo bastante cómoda, pero en esta sierra cuando el terreno es accidentado y las depresiones son pronunciadas, es frecuente que cambie su fisonomía haciéndose más incómodo el tránsito por ella.
Cuando el perfil se estabiliza llaneamos durante un corto intervalo apareciendo a nuestro paso nuevos sectores parcelarios con olivos de secano, castaños, alcornoques, pinos maderables, huertas de regadio, árboles frutales, cultivos de secano y tierras para pastos.
Un variopinto entramado rural bastante entretenido apto para todas las edades.

El perfil vuelve a inclinarse para acometer la última subida antes de llegar a Fuenteheridos. Son unos 600 metros que se llevan mejor si nos deleitamos con las estampas agrícolas y algunos ejemplares de vegetación de ribera.

El camino descansa en la carretera Nacional 433 que tendremos que cruzar con precaución para poder continuar.
Seguimos ascendiendo por una pista cimentada con piedras embutidas hasta que alcanzamos el lugar del Valle de Alájar, donde nos dejamos llevar por las últimas propiedades privadas hasta la localidad de Fuenteheridos.
 

 
El Camino de los Marines entra directamente en la localidad hasta la Plaza el Coso y con solo escuchar el jolgorio de la muchedumbre, ya vaticinamos que Fuenteheridos es otra de las localizaciones más concurridas de esta sierra.
Aquí hay estupendos establacimientos para degustar la gastronomía de la zona y nosotros no desaprovecharemos la ocasión.
 
Huevos fritos con patatas y jamón ibérico
Huevos fritos con patatas y jamón ibérico
 
En la Plaza el Coso, llamada así porque antiguamente se realizaban aquí corridas de toros, se levanta una crucero de mármol construido en 1792.
Se dice que Fuenteheridos tiene orígenes musulmanes y que cuando estos fueron expulsados, los repobladores venidos de tierras leonesas en el siglo XIII, empezaron a construir las viviendas de la localidad en las proximidades de un manantial. Este manantial se transformó en el año 1903 en la Fuente de los Doce Caños. De estas aguas nace el Río Múrtiga, que cruzamos en la etapa anterior, y su caudal de algo más de 80 kilómetros viaja hasta tierras portuguesas para mezclarse con el Río Ardila.
 
 
No podemos detenernos más en Fuenteheridos, pero merece mucho la pena recorrer sus calles empedradas con su cuidado conjunto arquitectónico declarado Bien de Interés Cultural.
Mientras avanzamos para abandonar la localidad observamos cómo sobresalen de los tejados la torre y el crucero de la Iglesia del Espíritu Santo. Un templo originario del siglo XVI pero que fue reconstruido en el siglo XVIII en estilo neoclásico tras sufrir los embates del terremoto de Lisboa en 1755.
 
 
Cruzamos ahora la carretera HU-8121 para dar con el último tramo de esta etapa. Lo iniciamos con una calzada empedradada del siglo XIX que navega entre los muros de unas fincas residenciales.
 
 
Trescientos metros después conectará con la Nacional 433 que de nuevo habrá que cruzar con precaución para incorporarnos al Camino de Cortelazor.

Nos restan unos 6 kilómetros para finalizar la jornada, de los cuales los tres y medio primeros conforman un agradable paseo ya que casi todo es en un suave sentido descendente.

Vamos a encontrarnos con patrones similares en cuanto a disposición de los caminos y distribución de la campiña, con parcelas con fincas destinadas a distintos usos agrícolas y ganaderos, y otras de tipo residencial, para el negocio de hacer sentir a los inquilinos una experiencia rural. Entre estas destacamos la Finca el Cordonero y la Finca el Zurrador, ambas ubicadas en sitios privilegiados.
 

 
Por aquí volveremos a cruzarnos con el Arroyo de Buenvino que baja desde el Barranco Dundún, un hito geográfico que afrontaremos en la jornada siguiente.
 
 
Ascendemos unos metros mirando al sur, oteando la Finca el Cordonero que consigue acaparar nuestra atención por cómo lucen de fértiles sus dominios.
 
Finca el Cordonero
Finca el Cordonero
 
En el siguiente intervalo los castaños vuelven a ganar protagonismo sorprendiéndonos con las singulares formas de sus troncos y añadiendo tonalidades a la paleta de color del entorno.
 
 
Pero en un abrir de ojos, en el Cortijo de Valdelama, cambiamos los castaños por alcornoques y encinas, bajo los cuales deambulan agradecidos animales domésticos.
 
Cortijo de Valdelama
Cortijo de Valdelama
 
Seguimos la tendencia descendente hasta dar con las vegas del Arroyo de Valdelarco donde se dejan ver algunas dehesas de encinas que hacen las delicias de la ganadería porcina.

Tras el Arroyo de Valdelarco que luce seco por falta de lluvias, empezamos a afrontar las inmediaciones del Monte El Palancar. Así que empezamos a subir aprovechando algún pequeño rellano en los que tomar aire. Mirando los alrededores podemos descubrir pueblos como Navahermosa que no conoceremos en esta aventura.
 

Hacia el Monte el Palancar
Hacia el Monte el Palancar
 
Continuemos. La pendiente requiere su esfuerzo, no hay que dejarse engañar por este señor de avanzada edad que seguro es de la zona y está hecho de otra pasta. Los que van en sentido contrario se dejan llevar por la pendiente. Y conforme ganamos altura vamos obteniendo bonitas panorámicas de los valles y sierras que hemos ido surcando.
 
 
Vistas desde el Monte el Palancar
Vistas desde el Monte el Palancar
 
Al oeste volvemos a descubrir las casas de Navahermosa, enclavada en la Sierra de los Chaparrales.

Este tramo que transcurre por pista cimentada nos hará resoplar más de una vez, con pendientes entre el 9 y 16 por ciento de inclinación.

Un descanso llaneando entre pinares nos lleva a las últimas subidas del día por el llamado Camino de Fuenteheridos, dejando atrás la primera línea de monte superada.
Y cuando alcanzamos el techo, comenzamos el descenso por la vertiente norte desde donde se dejan ver los tejados de Cortelazor y las distintas ondulaciones escalonadas hacia la Rivera de Huelva, como las sierras de la Coronada, el Cuchillar o de Hinojales.
 

 
Si hemos contratado el servicio de recogida con Desafío Patanegra debemos avisar con tiempo de antelación en vísperas de finalización de etapa para que ellos puedan calcular la hora de nuestra llegada.
Así lo hacemos mientras terminamos de acometer este descenso que conectará con la carretera HU-8122, a una curva que nos conducirá a la entrada del pueblo.
 
Fin del sendero
Fin del sendero
 
Justo aquí nos espera Juan Antonio Jara, para llevarnos a Cortegana donde realizaremos el merecido descanso.
Hasta la próxima!
 
 

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