ETAPA 1 · BILBAO – VILLASANA de MENA
Camino Olvidado De interés...

ETAPA 1 · BILBAO – VILLASANA de MENA

BILBAO – VILLASANA de MENA” (61 Kms)
Abandonamos Bilbao recorriendo su Ría – protagonista del pasado más reciente de la localidad – hasta dar con la desembocadura del río Cadagua, cuyo caudal remontaremos atravensando la comarca de las Encartaciones y el Valle de Mena, introduciéndonos finalmente en las espectaculares Merindades burgualesas.

 


 

 
 
 
¡Hola amig@s!
Nos encontramos en Bilbao, punto de inicio de la primera etapa del viaje que acabamos de comenzar: el Camino Olvidado.

La ruta parte desde la Catedral de Santiago de esta localidad, pero esta visita ya la realizamos en el día anterior, junto a la de otros hitos destacados de la urbe, como el Museo Guggenheim o el perro Puppy. Así que si queréis ver más sobre estos monumentos podéis ver el vídeo del Prólogo de este Camino.

El día soleado permite ver a un Puppy reluciente y como son horas relativamente tempranas, las 9 de la mañana, es ideal para hacerse fotos con él prácticamente sin turistas.
 

 
Continuamos por la zona de Abandoibarra para encontrar el curso de la Ría de Nervión o de Bilbao al tiempo que nos despedimos ya de los iconos de esta ciudad.
 
Zona de Abandoibarra
Zona de Abandoibarra
 
Este caudal dirige nuestras pedaladas en los próximos kilómetros por un área urbana rejuvenecida entre finales de los ochenta y la década de los noventa, tras un período de crisis industrial.
Los muelles y complejos portuarios de antaño pasaron a ser zonas de ocio y tiempo libre junto a otras de negocios, comercios y hostelería.
 
Muelle
Muelle
 
Testigo de la época de esplendor industrial es la Grúa Carola, que dejó de funcionar en 1984 y que hoy se exhibe como pieza del Museo Marítimo de Bilbao.

El paseo de la ría progresa por el Muelle Olabeaga primero para luego incorporarse al Muelle Sirgueras, en el que tomamos un estupendo bidegorri o carril bici ideal para ir dándole ritmo a las piernas.
 

 
Como dato de interés, decir que el Muelle Sirgueras debe su nombre a las mujeres que en el siglo XIX tiraban de cuerdas con las que arrastraban las barcazas para ayudar a desembarcar las mercancías. Las cuerdas se llamaban sirgas.

El carril bici asciende hasta llegar a un paso a nivel que nos dejará en el barrio de Zorrotza.

Aquí tomaremos después la carretera BI-3742 dirección Kastrexana. En Zorrotza desemboca el Río Cadagua, cuyo caudal nos acompañará durante todo nuestro periplo por tierras vascas. Ahora lo hace paralelo a nuestra derecha, atravesando distintos complejos industriales que afean un poco la verde y escarpada Sierra de Sasiburu.
 

Zonas industrales por la BI-3742
Zonas industrales por la BI-3742
 
Al poco, abandonaremos esta vía en el apeadero de Kastrexana, donde varias señales del camino nos advierten de un cambio de dirección. Y lo hacemos por el antiguo Puente del Diablo.
 
 
La leyenda cuenta cómo una joven enamorada casi pierde su alma cuando aceptó por parte del diablo la construcción del puente para poder cruzar el río e ir al encuentro de su amado. Cuando tan solo quedaba una piedra para culminar la obra llegó San José para poner orden y salvar el alma de la chica.
 
Puente del Diablo
Puente del Diablo
 
Leyendas aparte, el puente pudo ser construido entre los siglos XIV y XV en sillería de piedra y formado por un solo arco de medio punto.

Una vez cruzado el río seguid su curso por el barrio de Las Delicias, no haced como nosotros que por equivocación tomamos la variante del Camino de la Costa y nos comimos unos repechos que oscilan entre el 13 y el 28 por ciento de inclinación. No obstante, el error nos vino bien para conocer lugares que no tuvimos oportunidad de visitar en nuestro Camino del Norte.

Por ejemplo, la Calzada medieval de Santa Águeda, posiblemente del siglo XIV o XV y perteneciente al antiguo Camino Real. Hay unos 250 metros al descubierto que atraviesan el bosque de Larrazabal.
 

 
El esfuerzo hace que envidiemos el bienestar de unos animales domésticos, aunque también nos premia con vistas de la ría de Bilbao, Zorrotza y San Ignacio.

Pero sin duda, el otro aliciente de esta subida es la Ermita de Santa Águeda, construida en el siglo XVI en estilo gótico-renacentista, aunque sufrió reformas posteriores, como el pórtico del siglo XIX.
 

 
El acceso al interior lo encontramos cerrado por varias de sus entradas, pero Restituto, un vecino que pasaba por allí no dudó en conseguirnos las llaves.

Dentro, Santa Águeda preside el retablo barroco del siglo XVIII esperando a los fieles que piden por la sanación de dolencias en la cabeza y pecho. Y es que a Santa Águeda le cortaron los pechos por no satisfacer los caprichos de un Procónsul siciliano, y nos los muestra en la bandeja que sostiene con la mano izquierda.
 

 
Ermita de Santa Águeda
Ermita de Santa Águeda
 
La pared del coro del templo se decora con un mural del siglo XX en memoria a los cánticos realizados en vísperas de la festividad de la santa.
La Virgen de Begoña, San Ignacio de Loyola y Santiago Peregrino decoran las vidrieras del templo.
 
 
Regresamos por donde hemos venido para continuar por el margen derecho del Cadagua, pasando bajo la enorme infraestructura de la AP-8 e incorporándonos a una pista vecinal hasta las inmediaciones de Alonsótegui. Aquí, tendremos que volver al margen derecho del río cruzando por un puente restaurado en 1985, fruto quizá de las grandes crecidas que sufre el río en algunos años.
 
Las señales nos dirigen ahora por la carretera BI-3651, firme que tendremos que seguir durante unos 8 kilómetros hasta Sodupe entre los montes de la Sierra de Sasiburu y el macizo de Ganekogorta.

No es una vía con mucho tráfico, de hecho comprobamos que la frecuentaban bastantes ciclistas, circusntancia que nos daba algo más de confianza a la hora de circular por ella.

Entre las poblaciones que atravesamos destacamos Zaramillo y La Quadra. En la primera de ellas, volvemos a pasar al margen derecho del río Cadagua. En la segunda, nos detendremos a inspeccionar su Iglesia de San Miguel.
 

 
Se construyó en el siglo XVI y su fachada es bastante escueta en cuanto a ornamentación y estilo arquitectónico. El edificio está levantado en piedra de mampostería y nos gusta la entrada porticada lateral con vistas a una zona emboscada.

Reponemos líquidos y continuamos el trayecto directos a la siguiente parada: Sodupe.

El patrón de esta localidad es San Vicente Mártir, a quien está dedicada esta Iglesia Barroca del siglo XVIII. La sobriedad ornamental nos recuerda a la del templo visto con anterioridad, pero en esta ocasión la torre acabada en un campanario octogonal, rompe con la monotonía.
 

 
De Sodupe a Gueñes agradecemos estos 5 kilómetros de vía verde cuyos primer ramal discurre pegado al río. Después el valle se abre entre los Montes de Grimeran/Triano y la Sierra de Santxosolo permitiéndonos disfrutar de unas agradables pedaladas entre algunos caseríos.
 
 
En este tramo, en el barrio de Santxosolo, sale a nuestro encuentro la Ermita de San Martín de Iturriaga, construida en el siglo XVI aunque en el XVIII se reformó su bóveda. De su conjunto destaca la fachada principal con gran abertura en arco dando paso a la entrada y una pequeña espadaña sobre el tejado a cuatro aguas.
 
 
Gueñes nos da la bienvenida con su parque de las esculturas ARENATZarte, en el que se ubica el bonito edificio del Ayuntamiento, una construcción indiana de 1910.
 
Ayuntamiento de Güeñes
Ayuntamiento de Güeñes
 
Merece la pena tomarse un tiempo y recorrer este espacio natural salpicado de esculturas vanguardistas, algunas de ellas inquietantes.
 
Parque de las esculturas ARENATZarte
Parque de las esculturas ARENATZarte
 
 
Reanudando la marcha no tardamos mucho en realizar otra parada; en esta ocasión para contemplar la Iglesia de Santa María, una construcción del siglo XVI que combina varios estilos arquitectónicos, el gótico y el renacentista.
 
Iglesia de Santa María
Iglesia de Santa María
 
Prueba de ello lo encontramos en su portada sur o Portada del Sol, la más enriquecida en cuanto a ornamentos y a cuyo estilo también se le conoce como Reyes Católicos. Aquí, santa María se postra en una columna que separa las dos entradas de arcos carpanel. Sobre ella, un doselete, que es esa especie de techo florido de estilo gótico. El arco apuntado de la portada se corona con un arco conopial.
 
 
En el interior, destacan las nervaduras de sus bóvedas, en forma de de estrellas algunas de ellas. Y el retablo de la capilla mayor es barroco del siglo XVII hecho de madera policromada.
 
 
De vuelta al viaje, las pedaladas nos conducen a la localidad de Aranguren por una carretera local que pronto nos internará en un corto pero agradable bidegorri a orillas del Cadagua.
 
 
A estas alturas de la etapa el hambre empieza a hacer mella, así que Mimetiz será la población afortunada para realizar el almuerzo.
 
 
Abandonamos Mimetiz bien despachados como para echarse a dormir en lugar de continuar rodando. Por fortuna, los seductores bidegorris que tomamos a continuación ayudaban a realizar la digestión.

Pronto regresamos a la vera del Cadagua en el entorno natural de Bolumburu, con un precioso bosque de ribera formado por alisos, fresnos, sauces y chopos. Un lugar cargado de historia ya que se encuentra en la comarca de las Encartaciones, nombre originado en los siglos XII y XIII cuando el señorío de Vizcaya se adhesionaba territorios de los diferentes linajes por medio de cartas forales y privilegios a sus propietarios.
 

 
Fue una época convulsa, marcada por diferentes conflictos como las guerras de los banderizos, donde las alrcurnias se enfrentaban por el poder.
 
Entorno natural del Bolumburu
Entorno natural del Bolumburu

El paso continuo de la corriente del Cadagua era aprovechado por una antigua Ferrería y un molino para fundir el metal con el que dar forma al hierro. A día de hoy bien se aprovecha para otros usos.
 

 
En este paraje también se ubica la Ermita de Santa Ana, fundada en el año 1610 por los propietarios de la Torre de Bolumburu, muy próxima a ella. Es de estilo barroco y muy pronto la Diputación emprenderá acciones de restauración necesarias. Su espadaña carente de campana la remata una cruz con una flor tallada.
 
Ermita de Santa Ana
Ermita de Santa Ana

Avanzamos por el zizagueante valle dejándonos llevar por el rumor del agua que eleva su tono en los pequeños saltos de agua que se forma en los muretes de contención.
 

 
Esta pista adoquinada nos dejará en el lugar de La Herrera para, posteriormente, llegar a Terreros Azua. Aquí se encuentra una de las torres defensivas que se construyó en la etapa convulsa vizcaína: la torre de Terreros. Para llegar a ella hay que desviarse unos metros y cruzar el río por un puente de hierro. Como ocurre con otras torres, un caserío se ha añadido a una de sus paredes.
 
Puente metálico
Puente metálico
 
 
El caracter defensivo de la torre se confirma con sus ladroneras y aspilleras. La torre se construyó en el siglo XV, tiene unos 15 metros de altura y sus muros son de más de un metro de grosor.

Regresando al camino, topamos muy pocos metros después con la Ermita de la Asunción y San Antonio de Padua. Es un templo barroco, probablemente del siglo XVII y hace la función de sepulcro. En concreto, guarda los restos de un antiguo alcalde de Zalla, miembro de la familia Urritia, que bien firma la fachada con fastuoso escudo. En su parte central apenas ya se distingue la cruz floreteada y las panelas del blasón del apellido.
 

 
La ermita se enmarca dentro de un bonito entorno rural que no tardamos en dejar atrás al volver a sentir la compañía del Cadagua, que nos guiará hasta la siguiente población: Balmaseda.
 
 
Mientras accedemos, solo hay que mirar alrededor para percatarse de uno de los puntos fuertes de esta localidad: la naturaleza.
 
Vía Verde a Balmaseda
Vía Verde a Balmaseda
 
Balmaseda puede presumir de ser la primera villa fundada en Vizcaya el 24 de enero del año 1199 debido primero a su localización para crear una ciudad fortificada y, segundo, a sus buenas comunicaciones con Castilla para la actividad del Comercio.
 
 Iglesia de San Severino
Iglesia de San Severino
 
Entre su bien conservado patrimonio monumental destacamos la Iglesia de San Severino, de tracería originaria gótica construida en el siglo XV, aunque ha sufrido reformas en siglos posteriores. Como la fachada oeste, barroca, que data del siglo XVIII en la que se le añadió el campanario. Coronando el hastial se planta la figura del arcángel Gabriel, recientemente restaurado. En el hastial Sur se planta otro arcángel, San Miguel, en una fachada cuya portada posee una figura de San Salvador en el parteluz.
 
 
 Iglesia de San Severino
Iglesia de San Severino
 
 
Al lado de este templo se levantó en 1743 el Ayuntamiento, en estilo barroco, aunque sufrió también reformas posteriores.

Ayuntamiento e Iglesia de San Severino
Ayuntamiento e Iglesia de San Severino

Se le conoce como la Mezquita de Balmaseda debido a la similitud que tiene pórtico con otras estructuras del arte mudéjar.
Las galerías y corredores están compuestas por arcos de medio punto.
 

 
Tras un necesario refrigerio continuamos las rodadas por las calles de la villa hasta otro de sus puntos emblemáticos, el Puente de la Muza, que se alzó de manera estratégica sobre el Cadagua para conectar Castilla con el norte para llegar a Flaviobriga (actual Castro Urdiales).
 
Puente de la Muza
Puente de la Muza
 
El puente se levantó en el siglo XIII y es de estilo románico y dispone de un torreón con el que se defendía la entrada de malhechores. Un lugar de paso para los comerciantes y mercaderes de antaño.
 
 
Volvemos a la carga buscando la carretera BI-636, que seguiremos durante aproximadamente 2 kilómetros hasta el Polígono industrial el Páramo. Donde un peligroso desvío nos introducirá en la entrada al complejo.
 
Carretera BI-636
Carretera BI-636
 
Superar este incómodo cruce supone tomar una senda a orillas del Cadagua que nos libra de la carretera principal y nos introduce también en la provincia de Burgos. Son unos 800 metros que al finalizar conectan con pistas vecinales de barrios como El Berrón o Santecilla. En el primer pueblo llama la atención un pequeño puente seguramente de orígenes romanos con restos de la calzada que iba a Flaviobriga.
También advertimos lo que parece ser otra capilla funeraria familiar; al menos su blasón parece acreditarla.
 
 
Desde aquí, escudriñamos el pico Socueto que empezamos a bordear en ascenso por su vertiente Oeste y Sur. En Santecilla su Iglesia de de Santa Cecilia nos sirve de excusa para parar y tomar aire.

Justo aquí hay que decidir qué variante tomar. La nuestra será la que nos lleve a Villasana de Mena y no a Nava de Ordunte. Por tanto, como hemos comentando antes, continuaremos remontando el pico Socueto por sus estribaciones por una senda encajonada de vegetación y paralela al Arroyo Romarín.

De inicio, esta senda es relativamente cómoda de ciclar, con un perfil medianamente suave. Pero al pasar por la primera de sus cancelas, el terreno empieza a complicarse.
 

 
El firme empieza a incrementar su bechado a y frecuentar bastante piedra suelta. Además, algunas pendientes comienzan a endurecerse, lo que nos obliga a no malgastar energías. Hay tramos que son impracticables para la bici, o al menos, no sentimos la necesidad de tirar de técnica y fuerza.

Estamos ascendiendo la Sierra de San Miguel, en cuyos montes existe un castro prerromano y el pueblo abandonado Opio, del cual pasamos muy cerca.

La altura ganada ya nos permite ver a nuestra espalda el pico Socueto y una nueva cancela nos hace creer que ahí se termina el ascenso.

Nada más lejos de la realidad, aunque el esfuerzo comienza a obtener sus regalos. Una cresta rocosa de 1093 metros de altitud y llamada Castro Grande, asoma al sur entre los montes.
 

Castro Grande al fondo
Castro Grande al fondo
 
Esto aviva nuestra moral por el interés generado. Pero hay que subir un poco más…hasta que por fin hacemos cima y todos los dolores sufridos pasan al olvido cuando presenciamos el espectáculo de la Sierra de Carbonillas y Montes de la Peña.
 
Valle de Mena
Valle de Mena
 
Valle de Mena
Valle de Mena
 
El Valle de Mena se abre para ofrecernos toda una cornisa caliza, formada por la presión, el depósito de sedimentos y la erosión a lo largo de millones de años. Todo lo que vemos aquí era una gran cuenca de agua que ahora podemos disfrutar en forma de valle, y lo mejor que podemos hacer es detenernos de vez en cuando a admirarlo, porque el firme en los primeros compases del descenso no es muy cómodo. Pero va mejorando conforme llegamos a Menamayor, donde ya pisamos asfalto.
 
Valle de Mena
Valle de Mena
 
La comarca de las Merindades burgalesas ya empieza a mostrarse en todo su esplendor.

Salimos de Menamayor de vuelta al hipnótico paisaje que no hace sino imprimir más fuerza a nuestras pedaladas. Al poco, atravesaremos la localidad de Entrambosaguas, donde hay un templo neoclásico del siglo XVII dedicado a Santa Juliana.
 

 
Posteriormente culminaremos entrando en Villasana de Mena, nuestro destino de hoy.

Finalizar la etapa con sorprendentes estampas en la retina es una buena manera de cerrar el día, y eso nos hace felices. Ahora hay que descansar, las Merindades nos esperan en la jornada siguiete.
 

Villasana de Mena
Villasana de Mena
 
Hasta la próxima.
 
 

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