ETAPA 1 · SANTIAGO de COMPOSTELA – A PENA
Camino a Fisterra Trips

ETAPA 1 · SANTIAGO de COMPOSTELA – A PENA

Afrontamos los primeros kilómetros con la extrañeza de dejar atrás Santiago de Compostela, en lugar de tenerla al frente como objetivo de llegada. Pero es fácil sucumbir rápidamente a los encantos que nos ofrece el camino: bellos tramos emboscados, riachuelos, prados, puentes históricos y el compartir varios kilómetros con otro peregrino son algunos de los regalos del itinerario.
Así es fácil superar los desniveles exigentes e incluso alargar un poco más la etapa en kilómetros. Esto acaba de comenzar!

 


 
 
 
Uno de enero. Santiago de Compostela. La Nochevieja ha sido larga y eso se nota en las solitarias calles de la ciudad.
Pero lejos de trasnochar, nuestro objetivo en este primer día del año es iniciarlo con una de nuestras pasiones.
En esta ocasión, la Catedral es el punto de partida, rumbo al oeste por la Costa do Cristo para enfilar después la Rúa das Hortas.
 
 
Hay buenas sensaciones, esto es empezar el año con buen pie, aunque sinceramente se hace raro ver cómo la Catedral se va alejando en lugar de acercarse como viene siendo habitual en los Caminos de Santiago.
 
 
Los cotillones de nochevieja, todavía activos a estas horas, nos dejan algún regalo por sus alrededores, aunque para regalo, los primeros mojones de este camino.
Este se encuentra en los alrededores del Parque Carballería de San Lourenzo, un robledal anexo al Pazo que le da nombre.
Descendemos por la Costa do Cano hasta llegar a Ponte Sarela, que ofrece un bonito entorno presidido por una fábrica de curtidos y algunas viviendas cuyas paredes retornan el sonido del correr del agua del río.
 
 
Ponte Sarela
Ponte Sarela
 
Cruzamos el puente para continuar por el Camiño Regueiro, una bonita senda entre vegetación de ribera que salva un arroyo por un paso de piedra.
El perfil afronta ahora el primer trecho de exigencia que nos llevará a la aldea de Sarela de Baixo.
 
 
La subida también nos sirve para entrar en calor y ser testigos de las impresionantes vistas que poseen algunos vecinos de esta villa.
En días despejados como el de hoy se pueden divisar perfectamente las torres de la Catedral. Nosotros las contemplamos por última vez, ya que el Camino nos conduce al monte que nos hará perderlas de vista.
 
Vistas de Santiago de Compostela
Vistas de Santiago de Compostela

Aprovechamos este agradable tránsito para llamar a la familia con las primeras horas de luz.

En esta época del año, recién finalizado el otoño, no es raro que la sintonía reinante de algunos senderos sea el crepitar de las hojas de los árboles caducifolios. Además, estás hojas tiñen el trazado vistiéndolo con verdaderas alfombras naturales.

Algo más de un kilómetro después llegamos a As Moas de Baixo, a una pista de asfalto que desciende de la población para atravesar posteriormente un pequeño valle cruzado por el Rego de Fontecova.
Un valle todavía helado por las temperaturas nocturnas.
 

Valle del Rego de Fontecova
Valle del Rego de Fontecova

En estas lindes (As Moas de Arriba) nos alegra comprobar que no somos los únicos peregrinos que han iniciado este viaje a primeros de año.

Pronto nos darán caza. Mientras tanto, vamos atravesando una zona residencial con buenos ejemplares de chalets cuyas parcelas nos dirigen a O Carballal, con un buen ejemplar de hórreo dándonos la bienvenida. Esta población cuenta con numerosas casas construidas en piedra.
 

 
Salimos de la villa dando a la campiña que atraviesa el Rego de Porto Marelo y es aquí donde nos alcanza Emilio, un peregrino inagotable que continuaba hasta Fisterra una vez finalizado su periplo por el Camino Portugués.
 
Valle del Rego de Porto Marelo
Valle del Rego de Porto Marelo

Con Emilio compartimos unos buenos kilómetros de recorrido, comenzando por los núcleos de Piñeiro de Villestro y Pedrido, en ligero ascenso y todavía por asfalto. Aunque el alquitrán nos da un respiro en este corto tramo de bosque dominado por eucaliptos, donde Emilio se muestra generoso en oratoria.
 

 
Regresamos al asfalto descendiendo por la aldea de Quintáns que deja espacios en los que divisar el paisaje del Valle del Roxos. Aquí también encontramos un Pazo que guarda un Crucero en su propiedad. Y no será la única vivienda que posea un hito de estas características.

Seguimos progresando por Quintáns en bajada. Hacer fotos y vídeos nos distancia de nuestro compañero pero no pasa mucho tiempo hasta dar de nuevo con él, en el Valle de Roxos, cuyo río cruzamos por el Puente Brea, de origen medieval.
 

 

Área de descanso (Río Roxos)
Área de descanso (Río Roxos)

El sol ya empieza a calentar el entorno, tierra y agua respiran deshaciendo las heladas y tras los primeros 8 kilómetros de Camino nuestra maquinaria corporal está más que adaptada para seguir disfrutando del viaje.

El camino asciende ahora durante 1 kilómetro hasta el lugar de A Portela de Villestro, que no atravesaremos ya que ataja por el Monte San Miguel hasta la aldea de Ventosa.
Se agradecen estas escapatorias de bosque en las que poder mantener buenas conversaciones en la mejor compañía.

La senda llega al Alto do Vento, donde conecta con la carretera AC-453, que atraviesa toda la localidad. No es muy transitada por los vehículos, así que la recorremos con relativa tranquilidad.

No obstante, hay otros factores a tener en cuenta por nuestra seguridad. En los dos kilómetros 700 metros de este tendido descenso hay que prestar atención en las zonas de umbría.

Seguimos con paso firme dejando a un lado el Rego Luceiro hasta incorporarnos a una larga recta en la que se suceden casi sin darnos cuenta las aldeas de Lombao, Castelo y Pedras.
También salvamos varios ríos, como el Rego dos Pasos.

Finalizada la recta se llega al núcleo de Augapesada, donde tendremos que cruzar con cuidado la carretera para seguir las señales.
En esta localización se planta un puente medieval, de orígenes romanos, que también sortea el Rego dos Pasos y que formaba parte del antiguo Camino Real a Fisterra.
 

 
Reanudamos la marcha por las calles de Augapesada hasta que el firme pavimentado es sustituido por otro de tierra que alternará su presencia por otro de adoquines en la subida al Alto do Mar de Ovellas.
 
 
En este tramo perdemos de vista a nuestro compañero Emilio. Su paso continuo es contrario al nuestro, más pausado al querer retratar este bello tramo.

Este ascenso de unos dos kilómetros y medio de distancia será el más exigente de la jornada, con pendientes que oscilan el 12 y 14 por ciento de inclinación para llegar a acumular más de 200 metros de subida. Normal que incorporen algunas zonas de descanso para tomarse un respiro.
 

 
A pesar de la exigencia, el enclave es hipnótico, merecedor del esfuerzo y por eso lo hacemos con gusto.
 
 
La última parte del ascenso se encara por una carretera local en la que no advertimos la presencia de vehículos. Pero sí una fuente (Fonte do Mar de Ovellas) estratégicamente situada al final de la subida, para los peregrinos agotados que quieran reponer los líquidos perdidos en el esfuerzo y avituallarse.
 
Subida al Alto do Mar de Ovellas
Subida al Alto do Mar de Ovellas

La carretera local nos conduce a la localidad de Carballo, ya en descenso, que nos sirve para destensar las piernas y convertirlo en un agradable paseo. Aquí localizamos visualmente a Emilio y contemplamos buenos ejemplares de caserones de piedra, alguno de ellos albergando un crucero en sus dominios.

Una vez pasado Carballo, y sin abandonar la carretera local, recorremos una terreno de prados y fincas hasta llegar a las inmediaciones de Transmonte.
 

 
De entre los tejados de la villa adivinamos la torre de una iglesia que despierta nuestra curiosidad. El templo no se encuentra en el propio camino, pero solo hay que desviarse unos pocos metros para llegar a él. Antes, lo precede un crucero de cronología desconocida, en el que destaca el tamaño de la cabeza de Cristo en comparación al resto del cuerpo.

Nos acercamos a la Iglesia de Santa María de Transmonte de la que sabemos que ha sido recientemente restaurada. Su construcción es de estilo barroco rural y destaca en su edificio la torre campanario, muy similar a la de otras iglesias compostelanas. En la fachada principal, presidiendo su portada, se planta una hornacina con la imagen de Santa María.
 

 
Frente a la iglesia se encuentra el cementerio aunque hay algunos nichos rodeando el edificio.

Escogemos las cercanías de este sosegado lugar para realizar el almuerzo.

Reanudamos la marcha despidiéndonos de este enclave con los últimos retratos.

Algunos habitantes todavía andan liados en el almuerzo, como suponemos que lo harán también los componentes de las trece razas bovinas del proyecto Bovine World que se lleva a cabo en unas instalaciones cercanas (@fisterrabovineworld).

Descendemos ahora por las aldeas aledañas de Reino y Burgueiros mientras nos recreamos en los detalles del paisaje rural gallego.

A continuación, la carretera local se adentra en un tramo emboscado que poco a poco nos irá conduciendo a una de las localizaciones más destacadas de esta etapa: Ponte Maceira.
 

 
Esta localidad se encuentra ubicada en las vegas del río Tambre, caudal que marca el límite entre el Concello de Amés y el de Negreira. Varios acontecimientos hacen célebre a esta villa: por un lado, fue testigo de batallas de milicias de señores feudales contra soldados del arzobispo Xelmírez por la disputa de territorios. Por otro lado, la leyenda cuenta que un antiguo puente que salvaba el río se derrumbó cuando tropas romanas perseguían a los discípulos del Apóstol Santiago.
 
Ponte Maceira
Ponte Maceira

El puente que hoy se nos muestra fue construido entre los siglos XIII y XIV, quizá aprovechando los pilares del anterior puente romano, aunque en el siglo XVIII sufrió una serie de reformas que le confieren el semblante actual.

El Tambre cabalga alegre por el valle sirviendo de buena excusa para la creación de molinos, palomares, templos y bellos pazos. Todo un conjunto de edificios en comunión con el entorno natural.
A Ponte Vella, que así se llama este paso por el que ahora cruzamos está compuesto por 5 arcos, siendo el central el único ojival.
 

 
Nada más cruzar nos topamos con la Capilla de San Blas, construida en el siglo XVIII aunque en el XIX se le añadió un ábside semicircular de estilo neorrománico.
 
Capilla de San Blas
Capilla de San Blas

Justo a su derecha encontramos la entrada al Pazo de Baladrón, del siglo XX y de propiedad privada.
 

Río Tambre
Río Tambre
A Ponte Vella (Ponte Maceira)
A Ponte Vella (Ponte Maceira)

Remontamos las empedradas calles de la urbe advirtiendo algunas casas blasonadas y un crucero de principios del siglo XX.
 

 
Seguimos el trazado de la Ruta de los Tres Pazos al tiempo que vamos dejando atrás las últimas casas de Ponte Maceira.

El Tambre navega a nuestra izquierda y pronto una pista de tierra nos acercará a su orilla.

Disfrutamos de un bonito tramo emboscado ribereño en el que salvamos las estructura de A Ponte Nova por uno de sus arcos.
 

 
La pista sigue el curso del río virando a la derecha, donde tendremos que pasar bajo el viaducto de la carretera AC-544.

Continuamos por esta llanura aluvial hasta conectar con la vía AC-447, en las inmediaciones de la localidad de Barca.

Las señales nos hacen ir por el interior de la urbe para evitar el tráfico aunque eso no exime de extremar las precauciones al cruzar tanto al entrar como al salir.

Superado este segmento es hora de despedirnos del río Tambre y comenzar a encarar la subida que nos dejará a las puertas de Negreira. No es muy larga, aproximadamente unos 500 metros, pero hay alguna rampa al 11% de inclinación.

Chancela será la localidad que nos marque el fin de este esfuerzo para pasar inmediatamente el descenso a Negreira.

Antes, echamos un vistazo al Pazo del Capitán. Desde su entrada pueden adivinarse detalles de la estructura de este complejo de orígenes medievales.
 

 
Negreira es tomada por muchos peregrinos para dar punto y final al transcurso de la primera etapa. Nosotros, en cambio, nos vemos con fuerzas suficientes para alagar la jornada unos kilómetros más.

Rodeamos el Monumento a la mujer campesina para avanzar hasta dar con el complejo del Pazo do Cotón. Esta estructura fue construida en el siglo XIV a modo de fortaleza tal y como advierten sus muros almenados. Sufrió reformas en el siglo XVII aunque las torres cilíndricas se construyeron entre los siglos XVIII y XIX.
 

 
Nosotros pasaremos bajo los arcos de uno de sus brazos o mirador, a cuyo cuerpo se encuentra conectada la Capilla de San Mauro, construida en el siglo XVIII.
El Río de Barcala marca el punto de inicio al ascenso que nos llevará a nuestro destino de hoy, el Albergue del Alto da Pena.

Serán 8 kilómetros en los que tendremos que acumular 200 metros de subida que se hacen bastante llevaderos, sobre todo por la belleza del entorno que atravesaremos.

El primer núcleo a nuestro paso es Negreiroa, donde se encuentra la Iglesia de San Xián. Este sencillo templo se construyó a finales del siglo XVIII, concretamente en el año 1799. Antes de alcanzar la Iglesia se planta un crucero.

El camino abandona por un tiempo las zonas urbanizadas mostrándonos cómo Negreira queda bajo nuestra mirada con la ganancia de altura. Después, afronta un agradable tramo emboscado de apenas un kilómetro cuya apariencia sería todavía más frondosa de no ser por la caducidad de las hojas de muchos de sus miembros.

Por aquí se alcanza el Alto da Cruz y se conecta posteriormente con la carretera DP-5603, que seguimos por su arcén hasta la aldea de Zas.
 

 
Entrañables escenas nos sirven de excusa para tomar aire y así reemprender la marcha por un nuevo desvío.
 
Campiña (Zas)
Campiña (Zas)

Zas posee un sencillo templo dedicado a San Mamede que carece elementos decorativos. Cruzamos la villa para después tomar otra hermosa senda por la que navegamos entre muretes de piedra y en la que despertamos la curiosidad de algunos habitantes.

Avanzamos por la campiña, dejando a la derecha inmejorables vistas del Valle del Río de Barcala, con el crepitar de las hojas marcando nuestro ritmo y salvaguardados por la excelente señalización de este camino.

En estos compases el perfil se estabiliza e incluso adquiere tendencia descendente a la altura de los alrededores del lugar de Camiño Real.
 

 

Prados en Camiño Real
Prados en Camiño Real
 
No entraremos en esta localidad si no que viraremos a la derecha bordeando sus prados. Después giramos a la izquierda por una vereda encajonada por el terreno, muros de piedra y al abrigo de las copas de los árboles que la jalonan.

Un sendero cautivador que interrumpe la tendencia descendente al alcanzar este arroyo, cuyas aguas va a parar al propio Río de Barcala.
 

 
El trazado vuelve a ponerse exigente, con pendientes que rozan el 10% de inclinación, pero como en otras ocasiones, las lindezas del entorno amortiguan el esfuerzo.

La posición del sol nos anuncia la temprana caída de la tarde. Los rayos del cercano ocaso tiñen de mayor gama tonal si cabe, los pasajes compuestos por esta frondosidad.
 

Sendero
Sendero

Una espesura con el protagonismo del bosque autóctono, la vegetación silvestre, el musgo e incluso algunos hongos.
 

 

Hongos en el sendero
Hongos en el sendero

Rapote será la última población a nuestro paso antes de acabar la etapa, y por si el cansancio se permite el lujo de olvidar en qué comunidad nos encontramos, los hórreos cargados con las últimas cosechas ya se encargan de recordárnoslo.
 

 
Salimos de Rapote dirección a los Montes da Pena.

Un último esfuerzo dejándonos llevar por los encantos del trazado al tiempo que meditamos sobre la buena impresión que nos ha dejado esta completa primera etapa del Camino a Fisterra.
 

 
Por fin, llegamos al núcleo de Piaxe en la parroquia de A Pena, donde se encuentra nuestro destino: el Albergue Alto da Pena.

En este magnífico alojamiento pudimos conseguir la credencial del Camino y degustar la exquisita cocina que nos hizo reponer energías para la jornada siguiente.
 

 
Hasta la próxima!
 
 
 

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