9 LA GUARDIA – VIGO
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9 LA GUARDIA – VIGO

La escarpada costa gallega nos aguarda en la primera parte de la etapa, donde perfilamos su dibujo entre sendas y un carril bici que se sucede con intermitencia hasta la llegada a Bayona. A partir de aquí enfilamos la entrada a la Ría de Vigo por el interior, endureciendo el perfil, atravesando pequeñas urbes y algún tramo emboscado hasta la llegada a Vigo, todo ello aderezado con los regalos del patrimonio gallego.

 

 

 
 
ISalimos del Albergue de La Guardia por la Calle de la Guía, vía que posee el mismo nombre que la Virgen a la que se advoca este templo que alcanzamos a continuación. La capilla se construyó en siglo XVI y su Virgen era muy venerada por los marineros. Destaca su entrada a modo de pórtico y las formas sinuosas de su espadaña en contraposición a las del resto del edificio.

El Atlántico se nos muestra en calma mientras avanzamos por una travesía que pronto presentará un firme escalonado para descender.
 

 
Por aquí conectamos con la carretera que bordea este tramo de costa y desde la que se accede a las playas de Fedorento y Area Grande (Playa de Área Grande).

Las señales nos sacan del asfalto para llevarnos por la senda litoral, desde donde echamos la vista atrás para despedirnos da La Guardia. Roca y piedra presentan sus credenciales en esta ruda costa, antaño utilizada para criar especies marinas como la langosta. Esto se hacía en las cetáreas, recintos de piedra de los que todavía se conservan restos, algunos de ellos de la segunda mitad del siglo XIX.
 

 
Tras la Cetárea Redonda giramos 90º a la derecha para ascender un repecho exigente por asfalto. Se suaviza el esfuerzo por una nueva senda para después caer en varios metros cimentados que nos cogen desprevenidos.

Lo positivo de esta repentina subida es que nos ha servido para espabilar las piernas, aparte de conectar ahora con un carril bici para salvar las zonas más accidentadas del litoral. El torcido dibujo de la costa abre algunas ventanas panorámicas para disfrutarlas desde distintos miradores (Miradoiro da Punta Bazar).
 

Miradoiro da Punta Bazar
Miradoiro da Punta Bazar

Metros posteriores a este mirador las flechas nos dirigen por un carril de tierra que nos acerca algo más a la costa. Esta pista desemboca en la localidad de Portecelo, que presenta un pequeño núcleo de casas diseminadas por el terreno escarpado.

No tardamos mucho en frecuentar otra pista de tierra en la que seguimos dando caza a los peregrinos más madrugadores. Después, el camino nos devuelve al carril bici durante algo más de un kilómetro para regresar a una senda que a priori parece asequible, pero que nos lo pone complicado en algunos metros. El afán por seguir el trazado oficial con la bici a veces tiene sus complejidades, pero es estimulante. Hay detalles que quizá no captaríamos tomando otra alternativa.
 

Costa
Costa

 

 
Superado este tramo accedemos al Mirador de Tío Rincho, desde donde nos hacemos una idea del trazado que nos resta antes de entrar en la Ría de Vigo.
 
Mirador Tío Rincho
Mirador Tío Rincho

La intermitencia del carril bici se agradece, nos ayuda a recuperar piernas, aunque no recorramos mucha distancia hasta el siguiente desvío.

En esta ocasión nos acercamos a la localidad de Oya, siendo la Capilla de San Sebastián antesala a la entrada de la urbe. Este edificio se reconstruyó en el año 1770, dato que le otorga orígenes más antiguos, de hecho anteriormente estaba dedicada a San Antón. Debido su deterioro en el tiempo, se restauró en el año 1993.
 

 
Con todo, procedemos a entrar en Oya, un apacible pueblo que nos va dejando entrever a medida que avanzamos por sus calles, la silueta del Real Monasterio de Santa María, levantado en un lugar privilegiado. En este fotogénico entorno también descansa un crucero construido en 1764.
 
 
El Real Monasterio de Santa María es el único convento de Galicia emplazado a orillas del mar, un templo de orígenes cistercienses fundado en el siglo XII. Esta orden de monjes no destacaba precisamente por su ostentosidad ornamental en sus edificios, sin embargo, en el siglo XVIII se le añadieron a su iglesia románica reformas barrocas, tales como la fachada y la torre.

Real Monasterio de Santa María (Oya)
Real Monasterio de Santa María (Oya)
 
Abandonamos este Monumento Nacional perfilando primero su muro defensivo contra las fuertes y segundo echando la vista atrás para volver a contemplar las vistas privilegiadas al mar del complejo. No es de extrañar que algunas firmas hoteleras le hayan echado el ojo para convertirlo en alojamiento turísitico.

Avanzamos ahora por una encantadora pista de tierra delimitada por muretes de piedra y terrenos parcelarios, donde la vegetación silvestre y los cultivos se suceden a nuestro paso.

En total son algo más de 2,5 kilómetros por este terreno hasta desembocar en la localidad de O Mato Vello, donde reenlazamos con el carril bici que va paralelo a la carretera PO-552.
 

Senda costera
Senda costera

El carril finaliza en poca distancia, así que para evitar la carretera el camino cambia la tendencia dirigiéndonos hacia el interior, en ascenso. Este cambio afecta tanto a bicigrinos como a peregrinos, así que todos tendremos que esperar unos dos kilómetros para volver a aproximarnos a la costa. Cosa que hacemos en Mougás, donde nos motivan con agradecido cartel.
 

Mougás
Mougás

Tras esta localidad aparece Toiberde, desde donde podemos adivinar la figura de un molino de viento. Una bonita estampa que se irá haciendo más grande conforme nos acercamos al lugar en el que se ubica, en el Camping O Muiño, a las afueras de Pedra Rubia.

Desde el camping, la pista de tierra que recorríamos se torna a carril bici, vía que no abandonaremos en los próximos 10 kilómetros hasta llegar a Baiona. Este tramo encara de inicio un ascenso hasta Punta Centinela, lugar cuya altura ofrece buenas panorámicas.
 

 
En el descenso posterior, atravesamos rápidamente el lugar de A Ermida y alcanzamos la localidad de As Mariñas. Aquí, el camino oficial dirige a los peregrinos por el Camiño da Portela, a la derecha, ascendiendo y rodeando la peña rocosa del Cabo de Silleiro. Como ya hemos mencionado antes, el carril bici se convierte en nuestro aliado en estos compases evitando así zonas de cierta dureza para ciclistas.

El Faro del Cabo Silleiro (Faro Silleiro) se construyó en 1924 a 85 metros de altitud. En días despejados puede verse su lámpara a unas 40 millas sirviendo de guía a los navíos que merodean por la zona.
Rodear este cabo significa entrar en el Concello de Baiona y empezar girar al este, donde el Atlántico poco a poco se irá estrechando por la orografía hasta convertirse en la Ría de Vigo.
 

Faro Silleiro
Faro Silleiro

Además, esta nueva perspectiva nos ofrece las primeras estampas de las Islas Cíes, lugar del que os dejamos un vídeo de nuestra corta visita a las mismas.
 

 
 
 
Puede considerarse un mirador casi cada curva de este trazado, ya que nos van descubriendo el terreno que esconden hacia el interior, como algunas ensenadas o localidades.
 
 
La llegada a Baiona no pasa desapercibida, sobre todo por su Monte do Boi, antaño lugar estratégico para la defensa de las rías Bajas, y donde se asienta hoy el Castillo de Monterreal.
 
Baiona
Baiona

Un fuerte cuyas murallas actuales se construyeron en el siglo XIV para defender la ciudad del ataque de portugueses, piratas y corsarios. No obstante, siglos anteriores, romanos, visigodos y musulmanes tuvieron sus más y sus menos para hacerse con el control del lugar, lo que da pie a pensar que ya existía aquí un recinto amurallado o castillo que iba reformándose conforme el transcurso de las contiendas.

En la actualidad, el Castillo alberga en su interior el Parador de Turismo Conde de Gondomar, abierto en 1966.
 

 
Desde las torres de este castillo se atisbó, el 1 de marzo de 1493, la llegada de las Américas de la Carabela “La Pinta”. Para conmemorar el V Centenario de este episodio se construyó una réplica de la embarcación que hoy podemos ver en uno de los muelles de la extraordinaria bahía de Baiona. Una bahía, al resguardo del mar por el Monte do Boi y perfecta para el tránsito y el descanso de distintas embarcaciones.
 
Bahía de Baiona
Bahía de Baiona

Además del casco histórico declarado “Conjunto de Interés Histórico Artístico”, Baiona posee varios kilómetros de playas que hacen del disfrute de miles de turistas todos los años.
 

Playa Ladeira
Playa Ladeira

Avanzamos por el paseo de la Bahía, dejando atrás el Puerto Deportivo hasta dar con las playas de Santa Marta primero y Ladeira después. Esta última con unos 1700 metros de longitud, los cuales mueren en la desembocadura del Río Miñor. Precisamente tendremos que cruzar este río que une las localidades de Santa Cristina y San Pedro de Ramallosa sucesivamente. Pero antes nos queda salvar su estuario por una magnífica infraestructura adaptada a viandantes y ciclistas desde donde disfrutar de este magnífico entorno.

Nada más cruzar el Miñor nos recibe el Crucero y la Capilla de San Campio. Los dos se levantaron en el siglo XIX, en estilo neoclásico.

Hay otro puente que cruza el Río, mucho más antiguo, del siglo XIII, que todavía conserva en perfecto estado sus arcos de medio punto románicos, algunos de ellos ligeramente apuntados, ojivales, como señalando la llegada del gótico. El puente pudo tener orígenes romanos como así lo atestigua su firme a base de losas irregulares, típico de calzadas romanas.
 

 
El aspecto actual de la obra fue una iniciativa de San Telmo, patrón de los navegantes y al que rinden honores con un crucero en medio del puente. La leyenda cuenta que San Telmo intervino en una horrible tormenta abriendo en el cielo un oasis despejado entre las nubes en el que se cobijaron los habitantes del lugar.

Puente románico de San Pedro de Ramallosa
Puente románico de San Pedro de Ramallosa

En San Pedro de Ramallosa empezamos a remontar la Ría de Vigo por el interior, y con inicios ascendentes entre caserones y muros de piedra. Varios son los cruceros que encontraremos a nuestro paso, como el del lugar de A Pereira y que precede a la Iglesia de San Pedro de La Ramallosa.
 

 
Este templo tiene orígenes románicos, del último tercio del siglo XII, aunque se conservan muy pocos detalles de este estilo ya que el edificio sufrió reformas en 1554, dándole un aspecto muy sobrio al conjunto.
 
 
Descendemos por las calles de A Pereira en las que encontramos el bonito gesto de un vecino al colocar una sucesión de azulejos rindiendo honores al camino y a sus ocupantes.
 
 

A Pereira
A Pereira

Salimos de la urbe en ascenso, salvando la carretera AG-57N por un paso a nivel superior. Estamos en las inmediaciones de Nigrán, lugar en el que aprovechamos para almorzar en una pensión con un cómodo césped en el que nos dejaron echar la siesta.

Retomamos la marcha afrontando el tramo más exigente de la jornada y en el que no dudamos en aprovechar alguna fuente para sofocar le calor.

No deseamos que nos suceda lo de etapas anteriores, llegar tarde hasta casi quedarnos sin alojamiento. Pero lo queramos o no, siempre hay imprevistos que retrasan la marcha, como algunas pendientes de este frondoso camino que nos conduce a Priegue, la siguiente localidad.
 

 
Todo esfuerzo merece una recompensa, y aquí en Priegue la encontramos en este monolito.
 
 
La altura ganada nos permite contemplar las Cíes en el horizonte, que parecen estar suspendidas en el aire por el efecto de la bruma.
 
Priegue
Priegue

Una imagen bucólica que pronto desaparece al volver a la realidad. De nuevo un poco más de esfuerzo, en la subida a los Montes de Saiáns, recompensada esta vez sí, con la señal de los últimos 100 kilómetros a Santiago.
 

 
Además de este emblemático hito, también hay que contar que hemos vuelto a ganar altura, hecho que bien aprovecha el camino para mostrarnos un nuevo y fotogénico balcón a la costa.

Con las pilas cargadas de ánimo, realizamos el descenso por los Montes de Coruxo, por donde pasa el Regato de la Carballosa cuyas aguas eran aprovechadas antaño por una serie de molinos o “muiños” hoy restaurados. No nos detendremos aquí, pero sí en la Iglesia de San Salvador de Coruxo, algo más abajo.
 

Iglesia de San Salvador de Coruxo
Iglesia de San Salvador de Coruxo

Fue construida en el siglo XII en estilo románico, género del que se conservan sus tres ábsides semicirculares, todavía con sus ventanas ornamentadas y algunos canecillos. Justo al lado hay un crucero de 1641 y frente a la fachada principal hay otro restaurado por la caída de un rayo. Salvo los detalles románicos, el resto del exterior es un sobrio edificio carente de decoración.
 

 
Tras Coruxo tenemos que seguir un trecho de carretera PO-552 para luego introducirnos en pistas vecinales con firme variado hasta llegar al hito del Crucero de Santo André de Comesaña. Llama la atención por estar postrado en una roca a más de dos metros sobre el suelo. Un lugar que pudo pertenecer a una antigua cantera.
 
 
Muy cerca de allí se encuentra la Iglesia barroca de San Andrés de Comesaña, construida en 1746 de la que destaca sobre el cuerpo su torre campanario. Esta peculiaridad también se observa kilómetro y medio después en la siguiente Iglesia (San Pedro de Matamá). Este templo de finales del siglo XVII tiene corte neoclásico.
 
 
Finalmente, una vez dejado atrás los barrios de la periferia, entramos en Vigo por su Parque de Castrelos, ideal para la práctica de multitud de actividades. Cuenta con una fantástica senda fluvial por el Río Lagares que seguimos sin dilación hasta que las indicaciones ya nos introducen entre los edificios de la urbe. No podemos finalizar la senda fluvial ya que parecen no estar permitidas las bicicletas debido a ser zona de paseo para perros. Estos andan sueltos y más de uno se nos echó encima. Nos dimos la vuelta para llegar al destino usando el GPS.

Hoy es el primer domingo de agosto, día en el que la ciudad de Vigo saca en procesión al Santísimo Cristo de la Victoria desde la Concatedral neoclásica de Santa María. Nosotros a descansar, a nuestra fascinante procesión todavía le quedan dos jornadas para concluir.
 

Vigo
Vigo
Concatedral de Santa María (Vigo)
Concatedral de Santa María (Vigo)

Hasta la próxima!
 

 
 

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