7 OPORTO – RUA de CIMA
Camino Portugués Trips

7 OPORTO – RUA de CIMA

Se abre ante nosotros el Camino Portugués por la costa, un tramo totalmente diferente al recorrido hasta ahora: de los paisajes rurales y de campiña pasamos a los de la costa, algunos más orientados al turismo que otros. Un litoral que es una delicia transitar entre paseos marítimos y pasarelas de madera. Ahora entendemos el porqué del auge de este camino en los últimos años, hecho que nos complicó la estancia y el final de etapa.
Si en algún momento os veis en apuros a la hora de encontrar alojamiento echad mano del teléfono de la guardia urbana -253 989 110-.

 
 
 
Hoy comienza un nuevo viaje para nosotros: la variante costera del Camino Portugués. Todo un recorrido por descubrir y qué mejor metáfora que pasar por la Plaza del Infante Don Enrique, figura que representa el inicio de la era de los descubrimientos portugueses y que parece señalarnos la dirección a seguir.
 
 
Aquí también se ubica por un lado, el Palacio da la Bolsa, edificio neoclásico del siglo XIX y declarado Monumento Nacional. Por otro lado, encontramos la Iglesia de San Francisco, construida a inicios del siglo XIV con elementos románicos y góticos. Posteriormente se le añadió un pórtico barroco.

Todo este complejo se asoma a las puertas del Río Duero, que dirigirá nuestras ruedas hasta su desembocadura en el Atlántico.
 

 
Pero mientras circulamos saboreando el evocador ambiente ribereño del margen del río y vamos despidiendo embriagadora ciudad de Oporto, realizamos un poco de intrahistoria a esta ruta Xacobea.

El Camino Portugués por la Costa tiene la misma antigüedad que el resto de peregrinaciones a Santiago, que surgieron a raíz del descubrimiento del sepulcro del Apóstol allá por el siglo IX. Hay escritos antiguos que hacen referencia del tránsito por esta travesía, además de ser utilizada por peregrinos procedentes de otros países que llegaban por mar a los puertos Portugueses.

El gran momento que hoy día vive el Camino de Santiago ha permitido la recuperación de esta antigua travesía costera, rehabilitándola y dándole reconocimiento oficial en agosto de 2016.

Su valor paisajístico y escasa dificultad lo han convertido en poco tiempo en uno de los caminos más concurridos, y hoy sufriremos las consecuencias.
 

 
El Ponte da Arrábida, construido en 1963, parece abrirnos con su arco, las puertas a esta nueva travesía.

A partir de aquí el Duero se ensancha hacia su desembocadura permitiendo algunas tímidas marismas y arenales que sirven de excusa para plantar un Observatorio de Aves en el Jardim do Cálem.
 

 
La escultura del ángel “O mensageiro” puede que haya escogido un lugar privilegiado para disfrutar de este entorno.
 
 
Tres faros en tres espigones avisan de la entrada y salida del río cuando las condiciones de poca visibilidad así lo precisen.
 
 
Estas estructuras son aprovechadas por decenas de aficionados a la pesca que prueban suerte en esta confluencia de aguas.

Entorno costero no exento de estas frecuentes aves que tienen que convivir con otras más habituadas al entorno urbano.
 

Praia do Carneiro
Praia do Carneiro

En Foz do Douro iniciamos nuestro periplo por la costa Atlántica portuguesa, salpicada de numerosas playas que no dejarán de sucederse una tras otra durante un buen número de kilómetros, salvo por alguna que otra desembocadura de río.

En estos primeros compases un buen carril bici permite a los bicigrinos obtener prácticamente las mismas panorámicas que gozan los viandantes.

Por este motivo es imposible perder de vista el Fuerte de San Francisco Javier, construido en el siglo XVII para defender el territorio de piratas y de la amenaza de la armada Gallega. Este edificio también es conocido como el Castillo del Queso, ya que se levantó en el siglo XVII sobre una roca redondeada con forma de queso. La playa que está a su vera también recibe este pintoresco nombre.
 

Fuerte de San Francisco Javier
Fuerte de San Francisco Javier

Tras el Fuerte, llegamos a Matosinhos, con su playa, que a pesar de ser una de las más grandes en cuanto a arenal se refiere, su valor paisajístico se ensombrecen un poco por las instalaciones portuarias. No obstante, Motasinhos es famosa por sus pescados y mariscos y su amplio paseo marítimo es muy utilizado para el ejercicio físico.

Tras este paseo transitamos el Jardín Senhor do Padrão donde se alza un monumento de 1758 (Monumento de Senhor do Padrão) que consta de un templete cuadrado y abovedado que alberga un crucero en su interior. Con este gesto se rinde homenaje por un lado a la leyenda en la que Jesús de Matosinhos se apareció en la playa y por otro lado, a los marineros fallecidos en el mar.

El Camino nos introduce ahora en la localidad para cruzar el el Río Leça por el Ponte Movel. Después, accedemos a Leça da Palmeira, donde tendremos que callejear algunos cientos de metros para regresar a la costa. (Praia do Fuzelhas)

La orografía rocosa del litoral permite pequeños descansos en los arenales, aunque en la mar no hay tregua, y para facilitar el rumbo a los navegantes se plantan estos fantásticos faros (Faro da Boa Nova), este construido en 1926, de 46 metros de altura, el segundo más alto de Portugal.
 

 
Un faro que en noches cerradas ilumina a la cercana Capilla de Boa Nova, un pequeño edificio fundado en el lejano año de 1392, aunque no hace mucho fue restaurado. Perteneció a un monasterio franciscano próximo, hoy desaparecido. Durante su historia ha sido objeto de culto por los pescadores ya que está dedicada a San Clemente “Patrón de los Mares”.

Praia Azul y Praia do AterroPraia do Aterro serán los siguientes arenales que perfilar, muy pegadas a la refinería de petróleo por cierto. Lamentablemente no podremos sortearlas por estas fantásticas pasarelas de madera, reservadas solo para viandantes. Así que nos toca coger un tramo de carretera para dejar atrás la refinería y enlazar con otro carril bici, en el lugar de Cabo do Mundo.
 

 
Sinceramente, no podemos ser indiferentes ante el contraste que nos ofrecen las bonitas estampas de la naturaleza con otras creadas por la mano del hombre. La refinería de petróleo no le hace ninguna justicia al entorno.

Pero bueno, continuamos nuestro periplo divisando nuevos hitos, como el Obelisco da Memória, levantado en 1864 en recuerdo al desembarco del Ejército Libertador el 8 de julio de 1832 en la playa con el fin de hacer frente al Ejército Absolutista. Fueron los inicios del decaimiento del régimen absolutista.
 

Obelisco da Memória
Obelisco da Memória

En Agudela volvemos a oler el mar, pero al ir en bicicleta es muy frustrante no poder hacer uso de las pasarelas de madera y con ello no poder disfrutar del valor paisajístico que tapan las dunas. Así que decidimos romper un poco la dinámica y realizar algunos tramos a pie.
 

 
Por fortuna, siempre que puede, nuestra variante para la bicicleta intenta ir pareja a las pasarelas. E incluso, viendo que miramos con recelo a los privilegiados viandantes, las flechas amarillas no quieren privarnos del placer de rodar por estos tramos y nos dan esa oportunidad en contadas ocasiones.

Una de ellas está llegando a Labruge, al cruzar el Río Ondas, donde los tablones de madera nos conducirán por su bonita playa flanqueada de cañaverales y vegetación.
 

Puente sobre el Río Ondas
Puente sobre el Río Ondas

No os vamos a engañar, no es todo rodar, hay algunas escaleras donde tirar de fuerza bruta. Pero merece la pena el arrojo para alcanzar el marco geodésico de São Paio, una zona rocosa que se baliza como la más alta de esta zona de litoral.
 

 
Aquí se descubrió un Castro en los años 50, del que quedan muy pocos restos, pero hay una playa que lleva su nombre y una capilla levantada en el año 1885.

Nuestra pasarela continúa por la Praia de São Paio para desembocar finalmente en la Praia de Moreiró en la localidad de pescadores de Vila Chã. Aquí tendremos que circular entre sus calles para llegar al Barrio da Louça, que besa de nuevo la costa con una nueva pasarela que miramos con resignación. No se nos permite el paso, con lo bien que íbamos!

Toca comerse un kilómetro de adoquines hasta dar con una pista de tierra que se adentra en la Reserva Ornitológica do Mindelo. Un recorrido algo incómodo por tener algunas zonas arenosas y del que queremos salir en cuanto se nos presente la oportunidad.
 

 
Nos lanzamos entonces a por esta pasarela, sobre todo cuando divisamos que algunos ciclistas la recorren. ¿En qué punto cambió la permisibilidad para bicicletas? Lo desconocemos. El caso es que no íbamos a desaprovechar la oportunidad de circular por este bonito pasaje, siempre con precaución por los peatones, por supuesto.

Los maderos nos conducen a la Praia de Árvore que parece haber perdido la orografía abrupta de la roca para descansar en la desembocadura del Río Ave, que ya se aprecia en el horizonte junto a la localidad de Vila do Conde.
 

 
Nos dejamos llevar por la brisa del mar navegando entre dunas y al tiempo que nos entretenemos con los quehaceres que nos brindan los ocupantes de este entorno.

Muy pronto tendremos que salvar la desembocadura del Río Ave. Para ello viramos hacia la urbe de Azurara, donde conectaremos con la Nacional 13 que cruza el río por un puente hacia Vila do Conde. Desde esta estructura observamos el robusto edificio del Monasterio de Santa Clara construido en 1319.

También divisamos el puerto, lugar al que nos dirigimos y en el que destaca sobre todas las embarcaciones una que no parece ser de esta época. Se trata de la Nau Quinhentista, una exquisita réplica de nave portuguesa del siglo XV que realizó la ruta marítima hacia la India. Esta réplica se creó en 2007 e ilustra con gran detalle la forma de vida a bordo en aquella época.
 

 
No muy lejos de allí se encuentra la Iglesia de San Juan Bautista, construida a principios del siglo XVI en gótico tardío. Su torre campanario es de 1573 y en su pórtico resalta la decoración manuelina del arquitecto español Juan de Castillo.
 
Iglesia de San Juan Bautista
Iglesia de San Juan Bautista
 
Su interior de planta de cruz latina presenta una cubierta de madera y su capilla mayor posee un retablo barroco de 1740 donde resalta una pintura con la famosa escena San Juan bautizando a Jesús en el río Jordán.
 
 
También son de interés los retablos de las naves laterales y las vidrieras, modernas, creadas en París en 1909.

Avanzamos por las calles con la intención de regresar rápidamente a la costa. Y lo hacemos en Póvoa de Varzim en su Praia do Leixão, donde realizaremos el almuerzo.
 

 
Reanudamos la marcha por el paseo marítimo de esta turística urbe. En este mismo arenal que circundamos se suceden sin delimitación aparente las playas de Lada, Lagoa, Pontes, Fragosinho y Fragosa.
En esta última saldremos del paseo marítimo para callejear entre barrios hasta llegar a la localidad de A ver o Mar, donde hacemos un receso en su Praia do Quião.

Aquí tenemos el placer de coincidir con Carlos Sanchís, un deportista que ha hecho de su discapacidad todo un reto de superación y esfuerzo que bien demuestra en sus viajes de cicloturismo adaptado en handbike y silla de ruedas. También se había lanzado a recorrer el Camino Portugués pero comenzando nada más y nada menos que en Huelva, así que no os perdáis ésta y otras aventuras en sus redes sociales. Carlos es además, Socio fundador y miembro de la Junta Directiva del primer club nacional de cicloturismo adaptado, llamado Club 3 Rodes.
 

Con Carlos Sanchís (@elviajedecarlos)
Con Carlos Sanchís (@elviajedecarlos)

Debemos continuar, pero el bochorno del calor solo nos deja recorrer unos pocos metros. El cuerpo se niega a pedalear y nos pide revitalizar el sistema en las frías aguas del Atlántico.
 

Un merecido baño en la playa de Quião
Un merecido baño en la playa de Quião

Un baño que sirve para continuar nuestro viaje, atravesando ahora las calles de Aguçadoura hasta llegar a su paseo marítimo. La Praia das Pedras Negras parece no tener mucha actividad, puede que sofocante sol intimide a más de uno.

El paseo marítimo nos lleva a la Praia de Aguçadoura donde se adivina un nuevo ramal de pasarela que muy a nuestro pesar solo está permitido a peatones. Nuestra variante va por pista de tierra que conectará después con la adoquinada M501, a la que también se incorporarán los peregrinos a pie ya que un campo de golf hace que nos separemos de la costa.

Esta carretera atraviesa un terreno agrícola salpicado de viveros e invernaderos y pronto enlazará con otra pista secundaria que hará que pasemos del distrito de Oporto al de Braga.

El primer pueblo que encontramos se llama Apúlia que dispone de una Iglesia con advocación a San Miguel.
 

Iglesia de San Miguel (Apúlia)
Iglesia de San Miguel (Apúlia)

El actual templo se reconstruyó en 1945 sobre otro anterior del siglo XVII que estaba en ruinas. El estilo clásico domina en su estructura y en la fachada. Lo moderno y lo clásico se mezclan en su interior aunque lo que destaca son sus pintorescos murales realizados a base de mosaicos.
 

 
Nuevas pistas adoquinadas nos esperan a la salida de Apúlia, y en algún momento, se agradece que el paso del tiempo haya enterrado este firme bacheado, aparte de poder disfrutar de uno de los pocos tramos de bosque de esta etapa.

Estamos llegando a la localidad de Fão, a la que accedemos por su barrio de Santo Antonio. Una figura del Santo hace honor al mismo. Después deambulamos por las calles de la villa hasta llegar a orillas del Cádavo, envuelto en una sosegada atmósfera donde su fauna parece estar despertando de la siesta.
 

 
Una fauna que debe estar ya acostumbrada al trasiego del tráfico que frecuenta el Puente San Luis, que tendremos que cruzar.

A pocos metros hay unas Estación de Bomberos Voluntarios que todavía conserva alguna reliquia en su flota de vehículos.
 

 
Nos dirigimos al Puente San Luis. Esta estructura de hierro se inauguró en 1892 y está clasificada como Bien de Interés Público.
 
 
Ya en la otra orilla tomamos una carretera vecinal paralela al río que nos llevará a Esposende. En esta villa decidimos seguir por el margen del río sin perder de vista su dibujo y así poder deleitarnos con el entorno del Parque Natural del Litoral Norte.
 
 
Pasarelas de madera y un estupendo carril bici nos dirigen por el enorme estuario del Cádavo, que gracias a declararse área protegida ha conseguido preservar sus sistemas dunares y con ello, los valores naturales y paisajísticos.

Para proteger la entrada al río se construyó entre 1699 y 1702 el Fuerte de São João Batista, lugar al que nos acerca el carril rojo. Este complejo fue también la ubicación elegida para plantar en 1866 el Faro de Esposende. Hoy día su sistema de alumbrado tiene un alcance de 24 millas náuticas.
 

 
Y ya que estamos, el faro también podría habernos iluminado a la hora de elegir el final de etapa porque sinceramente fue un poco agónico. El albergue de Marinhas, nuestro destino de hoy estaba al completo al igual que los hoteles y hostales de la zona. La guardia urbana y la cruz roja nos consiguieron al fin un albergue para nosotros y a otros peregrinos afectados, pero en Rua de Cima a 10 kilómetros, distancia que viendo las horas tuvimos que afrontar en taxi.

Una circunstancia que hizo saltarnos un punto emblemático de este camino, el paso por el río Neiva, pero que solucionaremos en la etapa siguiente.

Muy cerca del albergue hay un buen restaurante (Encosta do MonteEncosta do Monte) donde poder cenar con un decente menú.
 

Una buena cena para despedir la etapa :)
Una buena cena para despedir la etapa 🙂

Hasta la próxima!!
 

 
NOTA: Esta etapa la concluimos realmente en el edificio de la CRUZ ROJA de Marinhas, lugar en el que recibimos a los taxis que nos llevaron al Albergue de Rua de Cima. Hemos seguido las indicaciones del camino oficial para completar el track hasta el albergue de Rua de Cima. El itinerario lo podréis ver tanto en el mapa de Google Maps como en el track de nuestra cuenta de Wickiloc.

 
 

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