5 COÍMBRA – ALBERGARIA-A-VELHA
Camino Portugués Trips

5 COÍMBRA – ALBERGARIA-A-VELHA

Etapa de sensaciones encontradas en la que hay que tener paciencia puesto que está dominada por el asfalto, las zonas urbanas y algún que otro polígono indutrial. Algunas localizaciones, los hitos de interés y varios sucesos excepcionales aderezan una travesía con escasos entornos de valor paisajísitico.
Finalizaremos en Albergaria-a-Velha, lugar en el que se fundó uno de los primeros albergues de peregrinos de Portugal.

 

 

 
 
La salida de Coímbra la efectuamos con relativa comodidad. Una larga avenida nos planta con rapidez en una pista de tierra paralela al Río Velho, la cual circula por las inmediaciones del Bosque Nacional de Choupal. Esta arboleda colindante fue originada por la mano del hombre a finales del siglo XVIII, fruto de un proyecto de plantación de chopos para frenar las crecidas del Río Mondego.

Con el paso de los años otras especies de árboles se han hecho hueco entre los chopos permitiendo además el acceso a una rica fauna.
Tras surcar una rotonda, nos metemos de lleno en la Rúa Parcelar do Campo, un carril asfaltado paralelo al margen izquierdo del Río Velho. El perfil llano junto al casi inexistente tráfico nos permite recorrer fácilmente los primeros kilómetros.
 

Por la Rúa Parcelar do Campo
Por la Rúa Parcelar do Campo

Cruzamos este río que nos da acceso a la primera (Adémia de Baixo) de muchas localidades que atravesaremos en esta etapa. La distancia recorrida a estas horas nos da pistas del madrugón que algunos peregrinos se han tenido que dar para iniciar la etapa. Quizá hicieran lo más acertado, ya que el servicio meteorológico vaticinaba una de calor de categoría.

A pesar del asfalto, es agradable circular escoltados por árboles y algún que otro canal de riego que se atreve a acercarse a nosotros. También se dejan ver algunos claros con parcelas agrícolas.
Alcanzar Fornos significará el final del plácido paseo. Las primeras rampas del día nos llevan a la localidad de Trouxemil. Aquí, nos recibe de espaldas una talla de Santiago, quizá su orientación nos quiera indicar el sentido de la marcha.

A su lado se encuentra la Iglesia dedicada al Apóstol, que fue reformada en el siglo XVII. Dispone de estilos renacentistas y barrocos, y su torre campanario llama la atención por no sobresalir en altura de la estructura de su nave.
 

Talla e Iglesia de Santiago
Talla e Iglesia de Santiago

Hay un cementerio a su vera, del que podemos adivinar algún característico panteón.

Las poblaciones contiguas de Adões y Sargento Mor serán los siguientes núcleos a nuestro paso. A priori son áreas de circulación tranquila pero ojo, porque tras la segunda localidad, el camino conecta con la carretera IC2, con bastante tráfico y que por seguridad hemos preferido no filmar.

Afortunadamente es un tramo corto, de apenas 1 kilómetro aunque en ascenso, que finaliza en la localidad de Santa Luzia.
Para apaciguar el estrés sufrido, el camino nos recompensa con un descenso por una pista de tierra frecuentada por eucaliptos. Un recorrido balsámico de poco más de dos kilómetros que en esta jornada será uno de los más largos que disfrutemos sin la presencia urbana.
 

 
La tierra conecta con la CM1344 que seguimos por un verde entorno hasta la localidad de Mala. Un pueblo que podría pasar desapercibido de no ser por su bonita Capilla dedicada a Nuestra Señora de las Candelas. Construida en el siglo XVIII nos llaman la atención sus cornisas abiertas de la fachada, casi pretendiendo alzar el vuelo, y el cuerpo del pequeño campanario exento de la nave, con una puerta ojival de acceso.

En esta localidad aprovecharemos para darnos un buen desayuno en un establecimiento cercano.
 

 
Lendiosa, Vimieira y Casal Comba se suceden a continuación. En la última de ellas se levanta la Iglesia de San Martinho, de estilo barroco, cuya construcción cabalga entre los siglos XVII y XVIII. San Martiño nos observa desde su hornacina para hacer honor a su leyenda en la que se le asocian días soleados y temperaturas altas…pero en otoño, no en verano, por favor. Parece que hoy se le fue la mano al Santo.
 
 
Salimos de Casal de Comba por sus jardines que conectan metros más tarde con la concurrida carretera IC2. Nosotros aprovechamos el acerado para acceder a la villa de Mealhada y atravesarla por sus calles de sur a norte.

El camino regresa a la IC2 que cruzamos para plantarnos frente a una fuente monumental del siglo XIX con un mural de azulejos representativos de Mealhada. Por un lado, la especialidad gastronómica del cochinillo y por el otro el Palacio de Bussaco.
 

 
Este hito inicia un carril bici que ladea el Parque de la localidad, pero apenas dura 600 metros, devolviéndonos a la carretera. Al poco, llegamos a Sernadelo donde las indicaciones advierten la presencia del albergue. Lo encontramos abierto pero sin actividad, y sin rastro del sello en sus instalaciones.
 
Placa de Santiago (Aguim)
Placa de Santiago (Aguim)

Seguimos ahora la carretera local para dejar Sernadelo y al poco las señales del camino nos dirigen a un breve paréntesis campestre que nos sabe a gloria. Pinos y eucaliptos se muestran en los primeros compases para después cederle el terreno a los olivos y algunos árboles frutales.

Un kilómetro después aparecemos en la localidad de Alpalhão donde retomamos el asfalto por una tranquila vía, sin arcén, que disecciona una campiña salpicada por cultivos de cereal y viñedos.

Al kilómetro y medio aterrizamos en Aguim, donde observamos la pequeña Capilla de San José, recientemente reconstruida. También una placa del Apóstol cuya imagen siempre te levanta el ánimo.

Continuamos el trayecto dirección a la población de Anadia. Existiendo un carril bici sería una tontería no aprovecharlo. Esta pista rodea las instalaciones del Polideportivo Municipal para después morir repentinamente.

Callejeamos por las urbanizaciones aledañas mientras discutimos sobre la correcta denominación de algunas localidades. Al poco tendremos que realizar un corto ascenso que se ve interrumpido por la N235, que tendremos que cruzar para continuar. Finalizada la ascensión, otro carril bici nos facilita el descenso hasta Arcos, donde se levanta la Iglesia de San Pablo, un templo barroco que se construyó en el siglo XVIII.

Avanzamos por las calles de Arcos hasta dejar atrás sus casas. Pero el horizonte anuncia otro núcleo a corta distancia, Alféloas donde hay plantado un crucero.
 

 
Tras cruzar la localidad tendremos que encarar la zona industrial de Colorobbia y lo que todo ello implica. Por suerte hay un ancho arcén destinado a aparcamientos que utilizamos para rodar, aunque desaparece una vez finalizado el complejo.

Más tarde, un antiguo crucero nos da la bienvenida a Avelãs de Caminho.
 

Crucero (Avelãs de Caminho)

Para sortear la carretera IC2 que atraviesa la población, las señales nos desvían por las calles. En una de ellas pasamos a las espaldas de la Iglesia de San Antonio, construida a finales del siglo XVII y principios del XVIII.

Esta calle conectará de nuevo con la IC2, que habrá que cruzar para avanzar por lugares como Coito o São João da Azenha. Este último dispone de una pequeña capilla cuyos orígenes se remontan al siglo XVI.

Nos encontramos en la región de Bairrada, famosa por poseer los vinos portugueses con más alta clasificación de denominación de origen. No es de extrañar que en esta rica tierra nos encontremos auténticas casas señoriales relacionadas con esta cultura. Un buen ejemplo es la Quinta da Grimpa, que no pasa desapercibida por los peregrinos, sobre todo por su entrada de estilo manuelino. A pesar de lo que pueda parecer, esta casa no tiene más de 40 años de edad.
 

 
Progresamos el trayecto llegando ahora a Aguada de Baixo. Aquí podemos observar un curioso crucero del siglo XVIII cubierto por una especie de porche que se alza en medio de un cruce de calles. Y casi a la salida del pueblo se planta la Iglesia de San Martiño, cuyo exterior destaca por su fachada y torre recubiertas de azulejos. Este templo manierista con elementos neoclásicos se construyó en el siglo XVII, aunque sufrió remodelaciones en el XX.
 
 
Reanudamos el viaje viviendo un curioso episodio a la altura de Landiosa: un bonito gesto de un vecino del lugar que nos paró para regalarnos a cada uno una botella de agua con dos manzanas.

Hicimos bien en coger fuerzas e hidratarnos, ya que a continuación debíamos atravesar la tortuosa zona industrial de Barrô y de la que solo mostramos esta pequeña parte.
El almuerzo lo teníamos previsto en Agueda, pero para llegar aquí todavía tendremos que superar un entramado de pequeñas poblaciones, urbanizaciones y barrios por un asfalto que a veces no lo pone fácil a los peregrinos.

Atravesamos Sardão por una calle adoquinada que desemboca en un parque a la afueras de Águeda. Salvamos la N230 por un paso inferior y escasos metros después nos plantamos en el puente que cruza el río de la urbe, que por cierto, nos lo encontramos muy castigado por la presencia del limo.
 

Río Águeda

Dejamos a los operarios acondicionar el estado del caudal y nos disponemos a entrar en la ciudad de los paragüas. Solo hay que echar un rápido vistazo para advertir la decoración de la urbe.
Aquí aprovecharemos para descansar, aunque quizá el primer banco nos encontramos nos queda un poco grande para ello, y además expuesto al azote del sol. Es más inteligente hacerlo en una peculiar calle al abrigo de una techumbre “aparaguada”.

Esta iniciativa de arte urbano fue creada por una empresa local en el año 2011, y desde entonces ha decorado la ciudad en los meses de verano dando un importante impulso económico y cultural a la urbe. Es su seña de identidad que desde luego le ha dado a conocer internacionalmente.
Aquí almorzaremos y también dejaremos caer algún suvenir.
 

 
Reemprendemos la marcha sin dejar de advertir paraguas a medida que salimos de la localidad. ¿Soñaremos hoy con este utensilio?
 
 
La salida de Águeda es un poco comprometida, sobre todo en la Rúa Portinho, exigente, sin arcén y sin visibilidad. Afortunadamente es un tramo de corta distancia.
 
Mansiones en Mourisca do Vouga
Mansiones en Mourisca do Vouga

Después transitaremos el lugar conocido como Vale D´Erva hasta llegar a otro polígono industrial que superaremos sin dilación. El camino nos hace cruzar la N1 con cuidado para aterrizar en Mourisca do Vouga. Hay otra variante algo más corta desde Águeda para llegar a esta localidad, pero parece tomar toda la carretera nacional y la verdad, puestos a elegir, preferimos algo más de tranquilidad.

La tónica de este tramo es dejarnos llevar por el asfalto entre pequeños barrios, con los alicientes de algunas mansiones entre sus edificios. Alguna fuente parece que nos hace pasar un mal trago, como la que encontramos en Pedaçães. Y lo mismo podemos decir de los puntos negros por los que nos lleva el camino, con un nuevo y peligroso cruce por la N1.

Pero un brevísimo paréntesis por un bello rincón de las tierras de Lamas do Vouga adereza las malas sensaciones. Se trata de un área de descanso bañadas por las aguas del río Marnel, que cruzamos por su Puente Viejo.

En el Horizonte, la Iglesia de Santa María, construida en el siglo XIX. Rodeamos este estanque y echamos la vista atrás para observar el Puente Viejo sobre el que hemos cruzado; una estructura de cinco ojos que fue reconstruida en el siglo XVI a partir de un puente más antiguo, quizá del siglo XIII ó XIV.
 

 
Seguimos la pista de tierra paralela al río Marnel y que salva la carretera N1 por un paso inferior, aunque posteriormente tendremos que acceder a ella para cruzar el Río Vouga por un Viaducto. Por suerte, una travesía peatonal nos protege del estresante tráfico.
 
 
Ni que decir tiene que mejor cruzar por este viaducto que por el antiguo puente.

La subida a Serém será el último escollo de la jornada y en el que nos empleamos a fondo. Aquí hay servicios para avituallarse, como hacemos nosotros y poco después, a la salida de la villa, el camino nos hace varios regalos: por un lado la compañía momentánea de un bicigrino Valenciano y por otro lado, disfrutar de otro tramo prolongado lejos del mundo urbano.
 

Compañero bicigrino
Compañero bicigrino

Parece que esta etapa se ha empeñado en darnos una de cal y otra de arena en cuanto a valor paisajísitico, tipos de pistas y localizaciones. El tráfico, y el cruce de algunas vías conflictivas muestran la peor cara de estos kilómetros, un precio que a veces hay que pagar para poder vivir esta experiencia.

Dicho esto, llegamos por fin a nuestro destino de hoy, Albergaría da Velha, población que debe su nombre a la Reina Teresa, que fundó aquí en el año 117 uno de los primeros albergues de peregrinos. Nosotros intentamos alojarnos en albergue actual, pero la alta ocupación nos obliga a buscar otras opciones.
 

Talla de la Reina Teresa
Talla de la Reina Teresa

Y acabamos en este antiguo edificio de finales del siglo XIX, convertido hoy en pensión, y que hace honor al nombre de la localidad por su calurosa acogida y agradable atención a los peregrinos. Ya el peculiar estampado en nuestras credenciales lo dice todo.
 

 

Nosotros a descansar. Algo nos dice que la etapa siguiente también iba a ser movidita.
Hasta la próxima!
 

 
 

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