LLANOS DE RABEL
Senderismo Trips

LLANOS DE RABEL

Hoy os presentamos el Sendero de los Llanos de Rabel, en el Parque Natural Sierra de Grazalema, una travesía de poco más de 5 kilómetros que transcurre por un camino de ida y vuelta (10 km en total), cómodo, ancho y sin grandes pendientes. Ideal para hacer en familia.

Uno de los grandes atractivos de este camino es llegar a los pies del bosque de Pinsapos que cubre la ladera norte de la Sierra del Pinar, un bosque que también descubrimos en su sendero, que afrontamos en el sendero de El Pinsapar

Quizá la parte más exigente es, una vez llegados a los Llanos, realizar “El Camino de los Pinsapos”, una pequeña ruta circular entre quejigos y algún pinsapo disperso y que tiene algunas cortas pendientes que requieren su esfuerzo.

Otro de los alicientes de esta senda son los antiguos hornos de cal (ver vídeo), cuyo funcionamiento vienen muy bien explicados en los paneles informativos.
La información de cómo obtener los permisos de entrada al sendero la podéis conseguir en el siguiente enlace:
Solicitud de permisos

 

 
 
 
 
Nos encontramos en el Parque Natural de Sierra de Grazalema, concretamente a las afueras de la población de Zahara de la Sierra, circulando por la carretera CA-9104 para acceder al punto de inicio del Sendero de los Llanos de Ravel, un sendero en el que también hay que solicitar permiso de entrada. Hay que decir que esta carretera está muy frecuentada por ciclistas que quieren hacer frente a la subida al Puerto de las Palomas, de más de 1300 metros de altitud.
 
 


Dejamos el coche en el aparcamiento que da inicio al sendero. Aquí hay un tablero informativo que nos indica que el trazado son poco más de 5 kilómetros que transcurre por un camino de ida y vuelta, cómodo, ancho y sin grandes pendientes. Ideal para hacer en familia.
Aparte de la belleza del entorno por aquí podemos disfrutar de los restos de un antiguo horno de cal de mediados del siglo XX. Para que nos hagamos una idea, está construcción era una especie de iglú, que sobresalía de la superficie unos dos metros. Y decimos que sobresalía porque hacia el subsuelo se excavaba un pozo de una profundidad que podía llegar a los 4 metros.
 

 
El hueco se recubría por un muro de piedras en el que se dejaba un respiradero y una especie de puerta. En el espacio que quedaba en el interior, se colocaba leña y matojos que, aparte de ser el combustible del horno servían de andamiaje para ir colocando las piedras calizas, preferiblemente las de forma alargada. Una vez hecho el armazón, se cubría con jaras y barro y se prendía el horno por la puerta, manteniéndolo activo durante 3 días y 3 noches por medio de turnos entre los vecinos.

A más de 900ºC se crea el óxido de calcio donde la piedra caliza se calcina convirtiéndose en cal.
Desde luego es interesante saber que esto no es solo un montón de piedras que hace una forma circular. De aquí, sacaban el producto para enlucir los pueblos blancos que hoy disfrutamos, y no hace mucho se utilizaba en el cemento y como elemento desinfectante.

Continuamos el recorrido y a medida que avanzamos se va descubriendo la cara norte de la Sierra del Pinar donde advertimos por un lado el pico el Torreón, el más alto de la provincia de Cádiz con unos 1648 metros de altitud y por otro lado, el extraordinario bosque de pinsapos que cubre su ladera. Si queréis visitar este bosque, echad un vistazo a nuestro post sobre el sendero de El Pinsapar.
 

 
No obstante, este camino que transitamos ahora nos lleva a los llanos que caen a los pies de este bosque. Pasados los 4 kilómetros de ruta, podemos hacer un pequeño trecho circular llamado Camino de los Pinsapos.
 

Este se interna en un bosque de quejigos salpicado por algún que otro pinsapo. Nosotros nos lanzamos a completarlo cruzando de inicio el arroyo de el Pinar. Después, el perfil se endurece con algunos cortos pero duros repechos.
 

 
Llegados a su punto más alto, hay otra buena perspectiva del bosque de pinsapos bien escoltado por el Pico San Cristóbal.

Ya de regreso a los llanos, es una buena idea buscar un hueco en la preciosa llanura para tomar un tentempié y hacerse un foto en alguno de los robles centenarios que pueblan el entorno.
 

 

 
 
 
 

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