1 LISBOA – SANTAREM
Camino Portugués De interés...

1 LISBOA – SANTAREM

Primera etapa de nuestro Camino Portugués que se inicia en la Catedrál de Sé, en Lisboa. La suavidad del perfil nos permite realizar un gran número de kilómetros hasta Santarem, escoltados en su gran mayoría por las aguas del río Tajo, a un lado, y la línea de ferrocarril al otro lado. Algunos tramos urbanos, el tráfico y las zonas industriales tiñen de claroscuros esta etapa, pero el Tajo y todo lo que conlleva su aprovechamiento salvan esta primera jornada que afrontamos con ilusión.

 


 

Calles de Lisboa

Nos encontramos en Lisboa, capital portuguesa con una rica herencia histórica, cultural y artística que ya tuvimos oportunidad de disfrutar hace unos años como meros turistas. Por eso quizá hoy podamos permitirnos estar solo de paso para iniciar el objetivo de nuestro viaje. El Camino Portugués.

Hemos viajado a Lisboa en autobús, junto con nuestras bicicletas, y desde la estación tenemos que realizar el trayecto al casco antiguo de la ciudad, en busca del punto de inicio de este camino: La Catedral de Santa María la Mayor o de.

Es sábado bien temprano, a la ciudad de las 7 colinas parece que le cuesta despertarse, no así a las murallas del Castillo de San Jorge, que llevan ya levantadas desde que lo visigodos pusieron la primera piedra en el siglo V.

Mientras nos acercamos a nuestro punto de inicio, reparamos en algunos templos en los que no podremos detenernos, como este de Santo Domingo, muy castigado por las catástrofes a lo largo de su historia.

Finalmente, llegamos cual tranvía al hito de salida de este CAMINO PORTUGUÉS, La Catedral de Sé o Santa María la Mayor. Es el edificio religioso más antiguo de la ciudad, cuya construcción comenzó a mediados del siglo XII en estilo románico, muy palpable en sus dos torres y en la zona del rosetón.

Debido a las horas tempranas la catedral estaba cerrada pero sabemos que su interior es gótico y que salvaguarda los restos de San Vicente, patrón de la ciudad.
 

 
El templo parece una fortaleza, austera en decoración y con pequeñas ventanas geminadas que dan a las galerías. El terremoto de 1755 también azotó a esta catedral, pero las reconstrucciones a lo largo de los siglos han permitido su supervivencia.

Con todo, no podemos esperar más para emprender la marcha. Las primeras indicaciones nos dirigen por el barrio de Alfama, antiguamente la zona pobre de la ciudad, pero con el desarrollo económico lo han convertido en uno de los barrios con más encanto al mantener su esencia. Dicen que en estas calles intrincadas nació el fado. Aprovechamos una de sus exquisitas pastelerías para tomarnos un buen desayuno.
 

 
Reemprendemos la marcha sufriendo de primera mano la dificultad más importante de las grandes ciudades: el tráfico. Aunque las señales intentan dirigirnos por zonas no muy pobladas de vehículos es inevitable pasar por puntos conflictivos.

Lo mejor que podemos hacer es estar concentrados para alejarnos lo antes posible del caos urbano. Con esta perspectiva no tardaremos mucho en alcanzar el siguiente hito de interés de esta etapa: El Parque de las Naciones.
 

Parque de las Naciones y Oceanográfico

Se trata de la zona más moderna de la ciudad, un parque industrial que en el año 1998 se remodeló para la Exposición Mundial que tuvo lugar en Portugal. El primer edificio que llama la atención es el Oceanográfico de Lisboa, uno de los más grandes de Europa y que ya tuvimos el placer de visitar hace unos años. Merece la pena, de verdad.

Para acceder al complejo se pueden tomar diferentes pasarelas que salvan las aguas del puerto. También por aquí se accede a la estación sur del Telecabina, una atracción turística que permite ver el parque desde el cielo en un recorrido de algo más de 1 kilómetro.
 

 
Muy cerca de esta calle abanderada se encuentra la Estación de tren de Oriente, diseñada por Santiago Caltrava.

Gil, la mascota de la Expo 98 parece avisarnos para que no variemos el rumbo y sigamos disfrutando del paseo pegados al Tajo.

Ya habíamos advertido en el Oceanográfico un extenso puente que se perdía en el horizonte del agua. Ahora mientras nos acercamos él circulando por el Parque de las Tágides vamos apreciando aún más sus 12 km de envergadura, de los cuales 10 estás sobre las aguas del estuario del Tajo.

Esta impresionante obra se creó para la Exposición del 98, al igual que la Torre Vasco de Gama, este edificio construido en acero que se planta ante nosotros y que con sus 145 metros de altitud lo convierten en el más alto de Lisboa. El complejo es un homenaje a los descubrimientos recordándonos su estructura al mástil y vela de una carabela.

Y es que el Señor Vasco de Gama fue un comandante portugués célebre por conseguir a finales del siglo XV que sus barcos fuesen los primeros en navegar desde Europa hasta la India. En aquellos tiempos, era la travesía oceánica más larga realizada.
 

 
No es de extrañar que volvamos a echar la vista al puente que lleva su nombre y veamos una cierta alegoría en su longitud con la distancia de aquel tremendo viaje.
 
Puente Vasco de Gama
 
Una pasarela de madera sobre el Tajo también hace sentirnos un poco navegantes. Metros después nos introduce en el Jardín del Paseo de los Héroes del Mar, en el que celebramos a nuestra manera el dejar atrás esta magnífica obra de ingeniería del puente.

Las señales continúan dirigiéndonos por los aledaños del estuario del Tajo, un bonito paseo que verá cortado su curso por la desembocadura del Río Trancâo, en las inmediaciones de la localidad de Sacavém. El camino seguirá remontando el transcurso de este río, pero para ello tendremos que cruzar la carretera N10 e incorporarnos a una nueva senda.

Tras pasar bajo el viaducto que soporta el tráfico de una autopista, los sonidos urbanos vuelven a bajar su volumen, aunque los correspondientes al incesante tráfico aéreo cobran mayor protagonismo.
 

 
Circular por esta senda paralela al río Trancâo nos permite sortear varias poblaciones disfrutando de un agradable entorno. Antiguamente este río era navegable pero el terremoto de 1755 cambió la disposición de su asentamiento.

A la altura de Vale de Figueira nos separamos de este caudal y continuamos por pista de tierra dejando a nuestro paso algunas parcelas residenciales y naves industriales. Más tarde el asfalto hace acto de presencia para transportarnos a dos localidades contiguas, Casal do Freixo y Alpriate.

Esta última población tiene su punto, en este caso de cruz, bien justificado en los atuendos de estos elegantes árboles que hay frente al Albergue de Peregrinos. Detalles que desde luego no nos dejan indiferentes.
 

 
Abandonamos Alpriate y tomamos una estrecha senda que evita las poblaciones de Morgado y Vialonga metiéndonos por una campiña con algunos traviesos cañaverales. La senda desemboca en una carretera local que sube a Póvoa de Santa Iria. Hay que ascender sí, pero los despistes hacen que antes de llegar al túnel pasemos de largo el desvío oficial a la izquierda que accede a la población por otro lugar, quizá más cómodo que este, al menos para los ciclistas.

Tras echar mano de GPS, callejeamos un poco por la localidad para volver a dar con el camino oficial una vez que atravesamos este puente que salva el ferrocarril. De nuevo nos introduce en el Estuario del Tajo al que accedemos por un parque un tanto anodino. Muy cerca hay unas instalaciones para cubrir el turismo que se decide a visitar una de las zonas más pintorescas de Póvoa de Santa Iria: la playa de los Pescadores.
 

Playa de los Pescadores

Este espacio consta en principio de un bonito paseo de madera de unos 700 metros que va paralelo a la orilla del Tajo. Más tarde, las maderas pasan a un camino de tierra que se aleja del río entre canales y algunas zanjas provenientes de las cercanías urbanas. Esta pista de tierra desemboca finalmente en el asfalto, siguiendo el curso de la línea de ferrocarril que lleva a la estación de Alverca de Ribatejo.
Junto a esta estación hay un Museo aéreo, con algunos ejemplares un tanto amenazadores.
 

Museo del Aire

Tenemos que pasar al otro lado de la estación pero los ascensores no funcionan y tiramos de fuerza bruta para ir por las escaleras.Este esfuerzo bien merece un sello en nuestra credencial.
Salimos de Alverca por otro camino de tierra que deja atrás su estadio de fútbol y salva parte del trazado urbano. Sin embargo, este trecho es corto y nada nos libra de las zonas industriales y el tráfico que tenemos que sufrir a continuación. Mucho cuidado en este tramo antes de llegar a Alhandra.

Las aguas del Tajo nos regalan un nuevo remanso de paz frente al bullicio, donde bien podemos contemplar cómo las gaviotas se dan su paseíto o bien mirar más al norte para percatarnos de la estructura parabólica del Puente Mariscal Carmona.
 

Alhandra

La Iglesia de San Juan Bautista nos da un empuje con su repicar de campanas, son portadoras de buenas noticias ya que el siguiente tramo transcurrirá por un espléndido carril bici.
 

 
Concretamente son algo más de tres kilómetros de carril y no hace falta estar muy atentos para descubrir los murales pintados que se ubican en su recorrido, algunos relacionados con el Camino de Santiago.

Es agradable circular por este entorno que mezcla naturaleza, arte y el metal de la línea ferroviaria que viaja a nuestra izquierda y de la valla que nos separa de la misma.
 

 
La pista roja finaliza en Vila Franca de Xira, en su Biblioteca Pública, qué mejor sitio para levantar frente a ella una escultura en honor al escritor, diplomático y periodista vilafranquense Álvaro Guerra.

En el muelle que encontramos a continuación se reunían antiguamente los jornaleros que buscaban su oportunidad de reclutamiento para embarcar a las Lezirías, es decir, a trabajar las tierras más fértiles del país. Para conmemorar a todos estos patronos y trabajadores, se levantó la obra “Cais da Jorna” o “Muelle de la Jornada”, creada por el escultor Joâo Duarte.

Vila Franca de Xira
 
Próximo al muelle se ubica el Parque de Constantino Palha, donde reponemos líquidos y obtenemos buenas perspectivas de la Estación de Tren. Una estación cuya ornamentación irá en la línea de las siguientes que encontraremos, revestida con preciosos azulejos cuya temática versa sobre escenas de la lezíria.
 
Estación de Vila Franca de Xira

La salida de Vilafranca de Xira la realizamos por una carretera local que sigue dejando a la izquierda la línea del ferrocarril junto a los polígonos y pequeñas poblaciones circundantes.

Del asfalto pasamos a pista de tierra en un abrir y cerrar de ojos, atravesando algunas explanadas cuyo horizonte nos ofrece un escaparate de cables, torres y antenas que convierten este tramo en uno de los más desangelados y soporíferos. Además, está carente de sombras, que nosotros por fortuna apenas apreciamos por el nublado del momento, pero en su momento, para los peregrinos a pie a ciertas horas debe ser un tormento.

Unos 7km después tendremos que volver a sortear las vías de ferrocarril, en esta ocasión lo hacemos por la Estación de Carregado que sí parece tener los ascensores operativos.
 

Azulejos de la Estación de Azambuja

Salimos por el núcleo de casas de Vala do Carregado, lugar custodiado en todo momento por la Central Termoeléctrica de Ribatejo, un complejo que afortunadamente pasaremos de largo cientos de metros después ya que no le hace ningún favor al entorno paisajístico.

Y es que como ya hemos advertido en algunas señales, el Camino hacia Fátima comparte recorrido con el de Santiago.

Tres kilómetros después de la Central Termoeléctrica alcanzamos el pueblo de Vilanova da Rainha, que cruzamos sin tregua, aunque aquí se pueden encontrar algunos servicios si fuese necesario avituallamiento.

A la salida de la urbe damos con su estación de tren, que visto lo visto, parece que la usan más los animales que las personas.

Usamos el paso peatonal para cruzar y observamos desde lo alto el trazado que nos espera los próximos 6 kilómetros hasta Azambuja.

Una cómoda pista de tierra pegada a la vía de tren que aparte de ser aprovechada por el cicloturismo y ofrecernos la fertilidad de algunos terrenos aledaños al Tajo, no nos brinda ninguna otra sorpresa a destacar.

Nos libramos de tener que cruzar una nueva estación, pero no de los rayos del sol. Y es que en este tramo también se echa en falta la sombra. Menos mal que en bicicleta llegamos con rapidez al siguiente destino, Azambuja, a la que accedemos salvando las vías de tren por un paso inferior.

Aquí es inevitable combatir el calor con una bebida que nunca falla. Pero el paraíso dura poco… Una nueva estación nos espera, aunque esta parece más divertida.

Salir de Azambuja significa cambiar el entorno de metal de la industria ferroviaria por otro más natural y orgánico, algo que veníamos reclamando hace ya bastantes kilómetros. Durante casi 2 km cogemos la carretera N3-3 que va paralela a uno de los canales de agua pertenecientes a toda una extensa red destinada al aprovechamiento agrícola, en los campos de la Lezíria del Tajo.
 

 
Y desde luego no nos hace falta recorrer muchos metros más para darnos cuenta de todo este entramado rural. Pistas que alternan la tierra y el asfalto atraviesan estos dominios ricos y fructuosos que dicen ya aprovechaban los romanos.

Verdaderos mares de viñedos, tomateras, maizales o arrozales pueblan estas propiedades aportando al paisaje un patrón saludable.

También por aquí hay un pequeño aeródromo cuyos servicios se pueden contratar para disfrutar la Lezíria de Azambuja desde el aire.
Tras el aeródromo entramos en la primera localidad del distrito de Santarem: Reguengo.

que atravesamos rápidamente para acceder varios kilómetros después a Valada. Aquí se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Expectación del Ó, cuyos orígenes datan el año 1211.
Además Valada también posee un área de Turismo Fluvial que hacen las delicias de los más atrevidos.
 

 
Continuamos un tramo por el dique de contención para seguir disfrutando de las vistas del Tajo. Posteriormente las señales nos sacan del dique y entre pistas de asfalto y tierra atravesamos pequeños núcleos urbanos y fincas que poco a poco se van despegando del margen del río. Algunas quintas o casas solariegas se alzan a nuestro paso, y merece la pena la pausa para ojear su arquitectura.
 
 
A partir de aquí, el camino nos plantea de nuevo un paisaje agrícola hasta llegar a Santarem, casi todo por pista de tierra y cuyo principal escollo es la falta de zonas sombreadas. Llevamos ya más de 80 kilómetros y el cansancio sumado al intenso sol ya empieza a pesar. Pero nuestro objetivo ya se aprecia en la lejanía, y eso ayuda en el esfuerzo.
 
Subida a Santarem

Toda esta primera etapa ha estado marcada por la suavidad de su perfil, pero el plato fuerte está al final, en la subida a Santarém. Hay algún tramo al 11% de inclinación pero echamos el resto y logramos culminar enteros.

Las horas de llegada nos dan poco margen para el turismo, destacar la Plaza Sa da Bandeira con la talla del Presidente del Consejo que dio la categoría de ciudad a Santarem en el siglo XX y la Catedral de Nuestra Señora de la Concepción del Siglo XVII.
 

Catedral de Nuestra Señora de la Concepción y Talla del Presidente del Consejo

Y nada más, ahora a celebrarlo!
 

 
 

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