VÍA VERDE del ACEITE
Cicloturismo Trips

VÍA VERDE del ACEITE

En esta ruta cicloturista cubriremos unos 100 de los 120 Km que aproximadamente tiene el recorrido. Partiremos de Puente Genil (Córdoba) y llegaremos a Martos (Jaén), y aunque el propio nombre de la vía ya nos da una pista del paisaje predominante que vamos a encontrarnos, el trayecto no está exento de otros atractivos. Es una ruta asequible y agradable, pero a tener en cuenta la época del año en la que se realiza ya que no abunda la sombra y en verano puede ser una tortura a ciertas horas.

 

 

 
 
ENos encontramos en Puente Genil, localidad ubicada en pleno centro geográfico de Andalucía y que fue fundada en el siglo XIII, en tiempos del Rey Fernando III.

Uno de sus muchos atractivos es el puente sobre el río Genil, ambos principales protagonistas del nombre de la villa. Los orígenes de esta estructura datan del siglo XVI y a lo largo de los siglos ha sufrido numerosas reconstrucciones.

Puente Genil
 
Nos hemos desplazado hasta aquí con el objetivo de descubrir una de las vías verdes más largas de toda Andalucía: la vía verde del Aceite.

La ruta oficial se inicia varios kilómetros a las afueras de Puente Genil, pero desde la población hay un corredor por vías pecuarias y carriles agrícolas que permiten conectar a ella. En la descripción del vídeo tenéis un enlace con este recorrido junto con el track de nuestra travesía.

Nosotros comenzamos en el núcleo urbano de Cañada de la Plata, tomando la Autovía de Olivar hasta carretera CO-764. Es aquí donde nos damos cuenta de este corredor que conecta con Puente Genil.
 

Señales conexión con Puente Genil

Seguimos por tanto la carretera CO-764 durante poco más de 1 kilómetro para dar con el apeadero de la antigua estación Campo Real, que da a la vía verde.
En esta marquesina resumimos un poco todo el jaleo para iniciar el recorrido.
 

 
Los 8 primeros kilómetros corresponden a un tramo de vía ferroviaria recuperada en el año 2012 por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente y que ha sido reconvertida a Camino Natural.
En realidad, en esta jornada afrontaremos 100 kilómetros de los 120 por los que discurre esta Vía Verde. En estos primeros compases, transitamos la comarca sur agrícola de Córdoba por una senda con zonas balaustradas y donde se deja ver algún que otro cortijo disperso.
 
 
Esta zona también es frecuentada por multitud de conejos que rápidamente se esconden en sus madrigueras a nuestro paso. Y ante tal cantidad de estos especímenes no es difícil encontrar a uno de sus depredadores naturales, como esta serpiente, que por nuestro desconocimiento sobre su letalidad preferimos no molestarla demasiado.
 

Reemprendemos la marcha y aproximadamente a los 6 Km de recorrido tenemos que salvar la carretera A-318 por un paso a nivel superior. Ni que decir tiene que desde el punto más alto de esta pasarela hay unas excelentes vistas de las extensiones de olivares.
 
 

Poco después topamos con un área de descanso por donde transita el Arroyo de Fuente Romero, lugar en donde aves, como estar perdiz roja, acude a saciar su sed.
 


En el punto kilométrico 112, aunque para nosotros es el octavo, se termina el camino natural y comienza el tramo de la Vía Verde de la comarca de la Subbética de Córdoba. En este punto también hay una apacible área de descanso que incluso aprovechan algunos insectos a los que no les inmuta nuestra presencia.

Vamos a continuar, pero el sol aprieta y hay que protegerse.
Este nuevo ramal nos llevará durante unos 57 kilómetros hasta el viaducto que cruza las aguas del río Guadajoz y que sirve para unir la frontera de la provincia de Córdoba con la de Jaén. Para hasta llegar allí todavía nos queda un buen trecho.

Estamos afrontando un ligero ascenso, con un perfil muy suave, en torno al 2-3 % de media y el firme por el que rodamos es bastante cómodo, de tierra compacta con algo de gravilla.
En el kilómetro 12 (108) entramos en la primera población que se cruza a nuestro paso: Navas del Selpillar. Aquí se ubica la antigua estación Moriles-Horcajo, donde podemos reponer agua y disfrutar de unas bonitas vistas de la campiña cordobesa con la Torre del Castillo de Anzur al fondo.
 

 
Esta comarca que ahora atravesamos es famosa por lo vinos de denominación de origen de Montilla-Moriles. En el propio pueblo de Navas del Selpillar hay un Centro Enogastronómico donde podemos familiarizarnos con esta cultura, aunque nosotros más bien lo hacemos en el entorno. Aquí los viñedos ganan protagonismo sobre los olivares, parecen estar en un mano a mano con ellos sobre quién ocupa más terreno. Y desde luego, los agricultores no cesan en su empeño de seguir alimentando esta disputa.
 
 
Tras dejar este paraje tan provechoso tenemos que tomar un paso a nivel inferior para salvar la carretera A-45.
 

Nos acercamos a Lucena, la presencia de su polígono industrial Los Santos nos anticipa una de las urbes de mayor población de este trayecto, con unos 42.000 habitantes y con un importante crecimiento económico.

La vía se sube ahora a un paso a nivel para salvar la Autovía A-318 y donde podemos obtener tener una perspectiva más amplia de las dimensiones de esta localidad.
 

Lucena

Aquí también hay una antigua estación convertida en Centro de Ocio y Turismo, pero no nos detendremos en ella, solo llevamos unos 25 km y debemos seguir avanzando. Poco a poco vamos dejando atrás las urbanizaciones del extrarradio del casco urbano de Lucena para de nuevo adentrarnos en el territorio del olivar.

La continua tendencia ascendente cambia al fin durante corto un periodo, pero interrumpimos el placer del descenso a la altura del Viaducto del Alamedal, donde una señal nos llama la atención.
 

Viaducto el Alamedal

Pues sí, concretamente la vertiente del Camino Mozárabe que parte desde la ciudad de Málaga, comparte unos kilómetros de vía verde del aceite hasta Doña Mencía, donde ya se desvía para confluir en Baena.

Ell Viaducto del Alamedal tiene 70 m de longitud y se dice que fue el primero de España construido en acero.
Seguimos descendiendo hasta aproximadamente los 500 m de altitud enfilando arroyos como el de Guadalazar o el de la Huerta de Oliva, ambos muy próximos a las inmediaciones de Cabra.
En el kilómetro 30 aproximadamente tenemos que tener especial cuidado con la carretera CO-6213 ya que corta nuestro paso y tendremos que atravesarla para continuar.
 

No entraremos en Cabra, ya que la vía va bordeando la población. Como bien sabemos, las vías verdes son antiguos trazados ferroviarios que han sido acondicionados para ciclistas, caminantes o personas de movilidad reducida. Por eso a veces no es extraño encontrarnos atravesando las paredes de una montaña, ya que son obras que permitieron antaño la circulación del ferrocarril.

Muy pronto haremos nuestra gran primera parada en la Estación de Cabra, donde ahora hay un estratégico restaurante y varios elementos que permiten perdurar en el tiempo la memoria histórica del Tren del Aceite. Es nuestro kilómetro 33 de ruta.
 

Estación de Cabra

El perfil vuelve a ascender suavemente, aunque ligeramente de manera más irregular y con algún punto más de exigencia en el esfuerzo, pero fácilmente asequible. Los profundos cortes en la piedra, se alternan con algún viaducto como este de 25 metros llamado “Los dientes de la Vieja”. En la roca de las trincheras ferroviarias, todavía quedan algunos vestigios de la infraestructura del ferrocarril.
 

Viaducto de la Vieja

Cruzando después por el viaducto de la Sima, es el propio paisaje el que nos recuerda en que vía nos encontramos.
El itinerario nos conduce ahora al túnel del Plantío, el único ferroviario que encontraremos en el recorrido, con unos 140 metros de longitud y que goza de suficiente visibilidad para ser cursado sin problemas.

A la salida del túnel nos espera un tramo de 6 kilómetros prácticamente llano, muy concurrido, por cierto.
En el kilómetro 43 pasamos junto a la caseta ferroviaria de Doña Mencía, hoy restaurada, y que servía al personal para mantener y vigilar la vía. El pueblo de Doña Mencía se ve al fondo a la izquierda, y es por el mismo por donde el Camino Mozárabe de Santiago se despedirá de esta Vía Verde.
 

 
Nosotros dejamos a la izquierda esta localidad junto con la A-318 y comenzamos un descenso de 10 kilómetros hasta la estación de Luque. Mientras lo realizamos nos alegra ver cómo nos acompaña una pandilla de niños. Nos gusta pensar que todavía, en el mundo que vivimos, se forjan las amistades simplemente compartiendo momentos de aventuras en un sendero.

Adelantamos a estos chicos y seguimos avanzando con rapidez y comodidad por la pista asfaltada bien custodiada por balaustradas de madera. Muy pronto alcanzaríamos uno de los pueblos que dicen es de los más bonitos de España. Del pueblo vimos poco, ya que se encuentra en la parte superior del barranco que corona su Castillo y ante la falta de tiempo no pudimos visitarlo.

No obstante volveremos para dar fe de su fama. Lo que sí se ve a simple vista es su Castillo cuyos orígenes pueden datarse en el siglo IX, en época musulmana. Después fue conquistado en el siglo XII por Fernando III y a partir de ahí sufrió varias reformas dándole aspecto de fortaleza medieval.
 

Zuheros

A esta altura, tenemos que cruzar el viaducto de Zuheros, de 104 m de longitud y que tiene la particularidad de estar dispuesto en curva, un auténtico desafío para la ingeniería ferroviaria del siglo XIX.
Desde esta posición podemos ver la Torre Mayor del castillo, que en 1760 se convirtió en Torre del Reloj, la cual fue restaurada en 1960. Nos despedimos de Zuheros con un hasta luego.
 

 
El descenso continúa, casi lo único que tenemos que hacer es dejarnos llevar por la pendiente y disfrutar del trayecto. A esta satisfacción también tenemos que sumarle la buena noticia de alcanzar la Estación de Luque (Km 65) , donde pararemos para almorzar. Aquí, además de contar con un estupendo restaurante hay un museo del aceite, que conserva muchos elementos de la antigua estación ferroviaria.
 
 
Por aquí, a la izquierda, ladearemos las inmediaciones del Polígono Alamillo, por donde surca un arroyo con el mismo nombre.

Lo bueno de hacer la ruta en este sentido es que si, hemos parado a comer en la estación de Luque reanudaremos la marcha en descenso, lo que nos permite digerir mejor el almuerzo.
Un par de kilómetros después un paso a nivel nos permite superar la Nacional 432.
 

 
Atravesamos ahora un tramo donde nos sentimos acosados por los olivares. Olivares al frente, a la izquierda, a la derecha y obviamente detrás. El panorama se adereza con la presencia de la Laguna de Salobral, un entorno declarado Reserva Natural y Zona Especial para protección de las Aves, pero que desgraciadamente en épocas estivales como en la que realizamos esta ruta, el calor hace totalmente inhabitable convirtiéndola en un secarral.
 
Laguna del Salobral

Reanudamos la marcha afrontando ahora quizá el tramo más solitario en cuanto a presencia de civilización.


Las estampas del mar de olivares se muestran en su máximo apogeo y estas nos acompañan a la frontera de la provincia de Córdoba con la de Jaén, conectadas por el Viaducto que cruza el Río Guadajoz. Esta estructura metálica tiene 207 metros de longitud por 50 de altura y fue levantada por una constructora francesa en 1891.
 


Comenzamos a movernos por tierras jienenses y varios kilómetros después un nuevo puente, este de unos 83 metros de longitud, nos permite cruzar el barranco conocido como el Desgarradero.
 

 
Al poco, la Reserva Natural Laguna Honda hace acto de presencia, un pequeño oasis en esta época para las especies que aquí habitan. Aparte de las lluvias, también hay un arroyo que le aporta agua durante el año.
Aunque la tendencia del perfil ascendente no es exigente, el calor y los kilómetros ya acumulados de la jornada empiezan a pesar un poco.

En esta larga recta se encuentra la estación de Alcaudete, también restaurada pero que pasaremos de largo puesto que no encontramos ningún servicio operativo. También por aquí disfrutamos de algo más de sombra, elemento casi inexistente en esta ruta.

Varios viaductos de 70 m de longitud salvan distintos arroyos y poco después el trayecto nos sitúa en las inmediaciones de una antigua cantera de balasto, un material granulado utilizado en la construcción de vías férreas. Tras esta cantera, el paisaje se abre ofreciéndonos una espectacular panorámica de la campiña jienense, de su paraje del Pontón, que podemos escudriñar desde el viaducto de 224 metros de longitud que se alza sobre el Río Víboras.
 

 
Si estamos atentos, podremos identificar un puente medieval restaurado en 2001 al que se llega por tramos de calzada romana.
 
Puente medieval restaurado

Estos alicientes son un bálsamo para los problemas que empezamos a tener.
Entramos en el término Municipal de Martos, llevamos unos 80 kilómetros de ruta y todavía nos restan unos 18 para el objetivo. Unos 6 km atrás, la inoperativa estación de Alcaudete trastocó nuestras provisones de agua, así que debíamos apechugar con lo poco disponible.

También estuvimos 14 km pendientes de la resistencia de un eslabón de una de las cadenas que la hacía saltar e imposibilitaba el cambio de marchas. La imagen sobre el viaducto de 113 metros que cruza el arroyo del higueral lo dice todo.
 

Viaducto del Higueral
Viaducto del Higueral

Desde luego no nos van a dar una medalla por ser previsores, todo lo que podíamos hacer era cruzar los dedos.
Hasta los conejitos nos miraban con preocupación.
 

 
Pero por fin llegamos, quizá ayudados por la suerte y la poca exigencia que ofrece el perfil. Martos se nos muestra con su imponente Peña, de 1003 metros de altura, coronada por una fortaleza del siglo XIV.
 

En total 97 km que debíamos realizar de vuelta al día siguiente. Adquirimos un tronchacadenas y una cadena nueva en una tienda de chinos, y con esto pudimos resolver el viaje de vuelta. Anécdotas que nos servirán para aprender pero que también formarán parte de los recuerdos de esta fascinante Vía verde del Aceite.
 

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