3 CABAÑES – ST. TORIBIO de LIÉBANA
Camino Lebaniego Trips

3 CABAÑES – ST. TORIBIO de LIÉBANA

Unos 13 Km nos separan de nuestro objetivo, Santo Toribio de Liébana, y la firme intención de llegar antes de las 12:00 del mediodía para la Misa del Peregrino. Un deseo que casi no cumplimos ya que las bellas estampas del Valle de Liébana, el surcar del Río Deva e irresistibles tentaciones como la quesería de Pendes, no hacen más que ralentizar el paso. Merecen la pena esas pausas, y por eso, pusimos la sexta marcha para afrontar la última parte de la etapa para llegar a tiempo a Santo Toribio y poder disfrutar de un final único.

 

 

Amanece en Cabañes. Se presenta ante nosotros un precioso día para caminar y afrontar la última etapa de nuestro camino Lebaniego.

Las altas crestas del Macizo del Ciruenzo, ya bañadas por el sol de la mañana van paralelas a nuestro paso en estos primeros metros en los que empezamos a abandonar la localidad de Cabañes. Su Iglesia barroca de San Juan Bautista, construida en el siglo XVIII, nos da la despedida.
 

 
Si estábamos algo dormidos, la inmensa mole de la Peña Ventosa dominando el paisaje hace que abramos bien los ojos.
 
Peña Ventosa en el horizonte

Además, tampoco podíamos perder detalle de un bonito sendero que desciende durante unos 600 metros hasta el Arroyo de la Mata.
El arroyo se salva sin inconvenientes por un pequeño puente de madera y acto seguido comenzamos el ascenso por elMonte del Pico Cotanillo , donde hay un tramo inicial algo engorroso.
 

 
También hay unos 150 metros al 15 por ciento de inclinación que aceleran el pulso de nuestro ritmo cardíaco. Y no somos los únicos que estamos engrasando la maquinaria, pero con estas panorámicas del valle del municipio de Cillorigo de Liébana se hace con gusto.
 
Bonitas panorámicas de Lebeña

Tras unos 700 metros de ascenso, el perfil se estabiliza introduciéndonos en un área recreativa donde se ubican valiosos ejemplares de castaños milenarios. (Castañar El Habario)
Poco después, abandonamos la pista de tierra para conectar con la carretera autonómica CM-22/04, la cual emplearemos para descender hasta la población de Pendes.
 

 
Un descenso que presenta sus espectaculares credenciales con el Valle de Cillorigo como escolta y con la Cordillera Cantábrica cerrando el paisaje. Lo más inteligente es dejarnos llevar y disfrutar de este agradable paseo.
Alcanzar la localidad de Pendes nos lleva muy poco tiempo. Una población que se ha ganado merecidamente la fama por la excelencia de sus quesos.
 
Pendes

La tradición quesera de Pendes se conoce desde el siglo X, cuando los monjes de Santo Toribio los canjeaban por otros productos. La calidad de su sabor, elaboración artesanal y tradición familiar ha permitido su permanencia en el tiempo. Y gracias a eso, hoy día, peregrinos como nosotros, podemos degustar en esta estupenda quesería de una suculenta variedad de quesos.
 

 
Cargamos en las mochilas varios ejemplares de estos exquisitos productos lácteos y continuamos el camino. Iniciar la marcha con el saborcito del queso en el paladar es todo un placer. Seguimos descendiendo, dejando atrás las últimas casas de Pendes, y no nos hace falta recorrer muchos metros más para entender el por qué el ganado de este lugar, produce una leche de tanta calidad. Estamos atravesando la zona conocida como “Los Prados”, ¿será por este precioso terreno parcheado de verdes parcelas de pastizales que hace las veces de paraíso para los rumiantes? Puede ser, pero para nosotros es otro regalo más para la vista.
 
Los Prados

El descenso por el Valle de Cillorigo son casi 4 kilómetros hasta llegar a las cercanías de la localidad de Tama. Algunos tramos pueden rondar entre el 10 y el 20 por ciento de inclinación pero en general el tránsito se realiza con relativa comodidad.
Las estampas se suceden en nuestro caminar, y es imposible no detenerse para retratarlas.
 

Valle de Cillorigo

Aquí las aguas del Río la Sorda bajan raudas a cumplir una doble función: por un lado, sirven de abrevadero para el ganado y, por otro lado, van a parar al caudal del Río Deva, que pronto lo tendremos a la vista. Pero antes, la Ermita de San Francisco acapara nuestra atención. Este templo fue construido en el siglo XVII y hoy día se conserva parte de su estructura. Su puerta está tallada en madera y entre sus barrotes podemos observar un sencillísimo altar el interior.
 

 
Tras la ermita cruzamos el Río la Sorda por una pequeña pasarela de cemento. Aquí, damos por finalizado el descenso y enlazamos con una pista asfaltada que irá paralela al Río Deva.
Muy cerca de aquí, en el otro margen del Río Deva, se encuentra el Centro de Interpretación de los Picos de Europa, un recinto ideal para conocer en profundidad el Parque Nacional a través de sus salas expositivas. Nosotros lo estamos conociendo in situ, aunque sea una pequeña parte de él.

Esta pista conectará metros más tarde con la carretera CA-883, que va dirección a la población de Tama, pero nosotros no entraremos en ella ya que el trazado toma un cómodo carril de tierra en el que seguimos flanqueando el Río Deva por el Valle de Liébana, dirección a Potes.
 

 
Al fondo, las Sierras de La Viorna y Fuente Castrada gobiernan el horizonte. El Deva zigzaguea por el terreno y en alguno de sus giros recorre un pequeños tramos junto a nosotros. Tenemos que decir que se nos estaba echando el tiempo encima. Si queríamos llegar a la misa del peregrino debíamos aligerar la marcha.
 
Torre del Infantado

Conforme vamos avanzando vemos que nos aproximamos a la población de Ojedo, que es casi una prolongación de la de Potes. El Deva sigue sin quitarnos la vista de encima, y eso nos gusta, ya que el surcar alegre de sus aguas nos contagia el ritmo en nuestros pasos.

Un ritmo que se ve menguado antes de entrar en Potes, al afrontar una pequeña cuestecita con una inclinación del 11 %. Con la altitud ganada, ya vemos entre los edificios cómo destaca la Torre del Infantado.

Accedemos a la localidad por el Barrio Santa Olaja y entramos en el casco urbano por uno de sus puentes, cruzando el Río Deva.
Enseguida sale a nuestro encuentro la Iglesia de San Vicente, un templo que comparte distintos estilos arquitectónicos conforme ha ido evolucionando principalmente entre los siglos XIV y XVIII.

Apenas tenemos margen de tiempo para visitar Potes. Decir que esta villa es bien conocida por sus puentes, como el Puente Medieval de San Cayetano, el Puente Nuevo y el Puente de la Cárcel, todos ellos para salvar el paso de un Río Quiviesa que desembocará escasos metros después en el Deva. Los dos últimos puentes se hallan muy próximos a otro edificio representativo de la urbe, como es la Torre del Infantado, del siglo XV y que hoy hace las veces de casa Consistorial.
 

 
Tenemos que regresar a la Iglesia de San Vicente para retomar el camino por la carretera CA-185. Esta pista vuelve a asomarnos al Río Deva, del que tendremos que despedirnos muy pronto, ya que nuestros destinos se separan.
Concretamente, hay que tomar el desvío que sigue por la carretera CA-885 dirección Mieses y Santo Toribio de Liébana lo que significa entrar también en el Municipio de Camaleño.
 
 
Comenzamos algo despistados yendo por el asfalto ya que realmente existe una buena pista peatonal, pero bueno, corregimos el trazado y nos incorporamos rápidamente a esta vía.
El Monumento al Peregrino que por aquí encontramos nos da fuerzas para encarar los tres últimos kilómetros que nos restan hasta Santo Toribio, en la Sierra de la Viorna. En la ladera norte, ya asoman las espadañas de las Ermitas cercanas al Monasterio.
 
Monumento al Peregrino

El recorrido es una continua subida sin apenas rellanos y con perfiles de inclinación que pueden llegar hasta el 18%. Para los que tengan las piernas algo castigadas por la etapa anterior esta subida se puede atragantar un poco.
 

 
Los paneles informativos ya nos indican las cercanías del lugar y muy pronto ya se empieza a dejar ver la estructura del monasterio.
 
Llegando a Santo Toribio

Y aquí estamos, en Santo Toribio de Liébana, en año jubilar, época que lleva celebrándose desde el año 1512 por salvaguardar el trozo más grande de la Cruz de Cristo. Hay quien dice que esta valiosa Cruz fue expoliada en su momento por ladrones, y otros, que estas cruces se almacenaban debajo de un templo.

El caso es que en el siglo el siglo IV, la Reina Elena, madre del emperador Constantino logró descubrir su paradero. Para asegurar la supervivenvia de la reliquia, Elena decide partir la Cruz en tres partes: la que nos interesa, el brazo izquierdo, se queda en Jerusalén al cuidado de monjes y sacerdotes.

En el siglo V, se encontraba allí custodiando las reliquias un monje español llamado Toribio, que tras una serie de vicisitudes consiguió en Roma que el Papa San León el Magno le permitiera llevarse la Vera Cruz a su tierra, Astorga. En esta ciudad leonesa permaneció la reliquia hasta el siglo VIII, época de la invasión musulmana, y ante esta amenaza, los restos de la Cruz se trasladan al Monasterio de San Martín de Turieno, lugar en el que se encuentra hoy el Monasterio de Santo Toribio.

Antes de ir asistir a la Misa del Peregrino nos dirigimos a la oficina de Atención al Peregrino para adquirir “La Lebaniega”, es decir, el documento acreditativo de la peregrinación. Era muy probable que esta oficina estuviese cerrada al terminar la celebración, por eso fuimos precavidos.
 

Credencial Lebaniega
Credencial Lebaniega

El Complejo de Santo Toribio cuenta con una iglesia construida en el siglo XIII sobre otra de estilo prerrománico y románico. Es de estilo gótico y tiene influencias de la orden cisterciense. El claustro se construyó en el siglo XVII (homenaje a San Beato y Santos de Liébana), fruto de la obras de ampliación del Monasterio. Es de estilo herreriano, con galerías formadas por arcos de medio punto a base de piedra de sillería.
 

Monasterio de Santo Toribio de Liébana

 
La Puerta del Perdón, solo abierta en Año Jubilar, es decir, cada vez que un 16 de abril cae en domingo.

Nosotros nos disponemos a cruzarla para asistir a las Misa del Peregrino. Pero ¿qué es una Misa del Peregrino sin Peregrinos? Un sacerdote sale al encuentro de alguno y da con nosotros, y nos encomienda la misión de realizar la lectura de las ofrendas en la ceremonia. Un culto que se inicia aquí, con todos los asistentes, y los sacerdotes, que nos dan la bienvenida y ayudan a entender mejor este acontecimiento jubilar al tiempo que nos invitan a cruzar la Puerta del Perdón. Una puerta románica, y decorada con 15 imágenes en bronce de los Santos Lebaniegos y una reproducción del Lignum Crucis.
 

 
Y aquí estamos nosotros, unos peregrinos realizando una lectura en la Misa del Peregrino justo al lado del símbolo que da sentido a este viaje de Peregrinación. No se nos ocurre mejor forma de dar por concluida esta experiencia, nos llevamos una belleza de camino, con auténticos tesoros naturales y artísticos, y nos asalta la esperanza de que un el futuro esta puerta vuelva abrirse ante nosotros.
 
Puerta del Perdón
Puerta del Perdón
 
 
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