1 SAN VICENTE de la BARQUERA – CADES
Camino Lebaniego Trips

1 SAN VICENTE de la BARQUERA – CADES

Primera de las 3 etapas que nos conducirán al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Año Jubilar. En esta jornada inicial partiremos de la maravillosa Ría de San Vicente de la Barquera para internarnos los primeros 10 kilómetros en pistas de asfalto llenas de encanto rural y con algún hito de interés como la Torre Medieval de Estrada. Poco después el asfalto nos lleva a una pista de tierra hasta Muñorrodero, donde conectaremos con la bella Senda Fluvial del Río Nansa, que apenas descansará en su empeño por acompañarnos en los 14 kilómetros que nos restan para llegar a Cades.

 


Nos encontramos en San Vicente de la Barquera, en el cerro que se levanta rodeado por las marismas de la Ría de San Vicente y donde se encuentra Iglesia de Santa María de los Ángeles. Desde este recinto amurallado, con espectaculares vistas a los Picos de Europa, vamos a iniciar nuestro Camino Lebaniego que, afortunadamente, lo realizaremos en Año Jubilar.
 
Ría de San Vicente

Parece que madrugar no nos sienta muy bien.
Este espacio amurallado desde el que partimos fue construido entre los siglos XIII y XIV en estilo gótico, parte desde El Castillo del Rey y rodea toda la ciudadela antigua hasta coronar el cerro.
 

 
Por su parte, la Iglesia de Santa María de los Ángeles es un templo gótico levantado sobre otro anterior entre los siglos XIII y XIV, aunque posteriormente sufrió reformas. Su exterior sobrio hecho en piedra de sillería conserva varias portadas de estilo románico, quizá del anterior templo, pero con algunos elementos decorativos góticos.
 
 
En su interior destacan sus esbeltas bóvedas ojivales y el suelo, casi todo de madera, que contienen algunos enterramientos de aquella época.
Sus retablos barrocos están presididos por San Roque, el del lateral izquierda; La Virgen de los Ángeles el Retablo Mayor o Central ; y Santiago que aparece en el lateral derecho.
También hay una curiosa talla de sepulcro dedicada al inquisidor Antonio del Corro.
 
 
Por último, la Iglesia cuenta con un órgano construido en el siglo XX.
Como ayuda en nuestra peregrinación podemos hacer uso de la aplicación para móvil Peregrino Lebaniego Digital. A lo largo del camino hay unas 15 balizas como esta que nos permitirán la conexión wi-fi gratuita para poder disfrutar de numerosas funcionalidades como obtener información, ayuda de geoposicionamiento, mapas, notificaciones, etc. Aquí os dejamos la web: Peregrino Lebaniego Digital

Salimos del recinto divisando las primeras flechas rojas lebaniegas. Bajamos por la calle José María de Pereda para después ascender por la llamada calle Fuente el Hayedo.
 

Primeras señales

El trayecto pasa enseguida de la urbe al campo, por asfalto, entre granjas y fincas llenas de verdes pastizales cargadas de numerosas estampas rurales.

Pronto obtenemos buenas vistas a la Ría de San Vicente y su Iglesia, coronando el cerro.
 

 
Uno de tantos regalos que nos ofrece este Camino Lebaniego, como también el siguiente, cuando presenciamos un acontecimiento no muy frecuente, una vaca dando de mamar a la vez a tres terneros. Hasta los propios granjeros se sorprendían de esta peculiaridad.
 
Una madre muy aplicada

Nuestro agradecimiento a estos amables señores por su tiempo y a continuar. El Naranco de Bulnes se asoma imponente entre los picos de Europa añadiendo otra arma de seducción a este agradable tramo.
 

 
La Acebosa es la primera población a nuestro paso. Aquí se ubica la Iglesia de San José, inaugurada en el año 1900 y que se ha rehabilitado hace varios años para reforzar su estructura.
 
Iglesia de San José

Poco después afrontamos el repecho que sube al Alto de la Rejoya con pendientes del 10 al 20 por ciento de media.

Ganando altura obtenemos buenas vistas del Puente de la Maza y de la Ría de San Vicente. Una panorámica que pronto se irá ocultando a nuestra espalda conforme vayamos superando el Alto de la Rejoya, el cual finaliza al flanquear este pequeño cementerio.
 

 
En este mojón de señalización iniciamos un encantador descenso entre praderías que brillan por la abundancia de sustento para el frecuente ganado. Este carril asfaltado conectará con la carretera CA-843. La sorpresiva presencia bicigrina nos trae grandes recuerdos de nuestro camino del Norte y con estas buenas sensaciones continuamos hasta Hortigal.
 
 
Esta pequeña localidad va paralela al Río Gandarilla, aunque a la salida de la urbe la corriente cambia de dirección y tendremos que salvarla por este pequeño puente.
También a esta altura tomamos el nuevo itinerario que el Gobierno Cántabro creó en el año 2014 y que, cómo observamos, es el más transitado por los peregrinos. Nos alegra saber que hay más peregrinos realizando este camino, de seguro que volveremos a verlos.

La carretera CA-843 nos dirigirá ahora en ascenso hasta la población de Estrada lugar en el que se encuentra uno de los hitos arquitectónicos de esta etapa. Se trata de la Torre Medieval, declarada Bien de Interés Cultural. De planta cuadrada, fue construida en el siglo XIII en estilo gótico y formaba parte de un conjunto defensivo que hoy día salvaguardan estos glamurosos personajes.
 

 
Muy cerca, una casetilla de madera a modo de santuario recoge plegarias y oraciones de algunos peregrinos. Hay que recordar que este ramal que pisamos es común con el del Camino del Norte hasta Serdio, lugar que alcanzamos en un breve espacio de tiempo.
La Iglesia de San Julián se levanta en el centro del pueblo. Un templo construido en piedra en el siglo XVIII y destaca por la sobriedad de su estructura y la longitud de su torre rematada en tejas.
 
 
Continuamos atravesando la apacible localidad mientras vamos advirtiendo las últimas señales que nos indican nuestra dirección hacia Santiago. Esta pista asfaltada que vadea un bonito entorno parcelario todavía se comparte con el Camino del Norte, pero escasos minutos después tomaremos un desvío que nos alejará definitivamente de Santiago para dirigirnos a Santo Toribio de Liébana.
 
Camino asfaltado

Después tomamos una pista de tierra por la que transitaremos poco más de dos kilómetros hasta llegar a Muñorrodero. Los primeros 500 metros son de subida, con un porcentaje medio del 11%, y aparte del pequeño esfuerzo tenemos que sortear algunas zonas enfangadas, algo normal en este terreno y esta época del año.
 

 
Alcanzamos el techo de esta pista de media montaña e iniciamos el descenso que nos llevará a la cota más baja de esta etapa. Una vía pecuaria algo más agreste, pero que contiene suficientes encantos para resultar atractiva.
La actividad senderista se acrecenta en Muñorrodero. Desde aquí también se puede conectar con el Camino de Santiago del Norte aunque para nosotros es la referencia de inicio de la bellísima Senda fluvial del Río Nansa.

La Iglesia de la Natividad del año 1930 nos da paso a este hito, y pocos metros después parece que necesitemos el consentimiento de algunos habitantes del lugar.
 

Iglesia de la Natividad
Muñorrodero

Antes de iniciar la Senda, repondremos un poco de energía en el Área Recreativa Muñorrodero.

Es hora de iniciar la marcha. El río Nansa impone su presencia con el sonido de su corriente. Pocos metros después siguiendo esta pista una escalinata de madera da el pistoletazo de salida a la senda fluvial.
Una senda que nos acompañará durante el resto de la etapa exceptuando alguna intermitencia que por dificultades del terreno, se despega brevemente de la vera del río. No obstante, las obras de acondicionamiento y señalización que se realizaron en el año 2010, hacen que estos 14 kilómetros de recorrido hasta las cercanías de Cades sean una auténtica delicia.
 

Río Nansa

Nos sorprende la naturaleza desbordante de este tramo. Lo brotes jóvenes de helechos pronto despertarán y se unirán junto a sus compañeros para colaborar en la exuberancia del ambiente. Algo en lo que ya participan otras especies, como son las conocidas Lágrimas de la Virgen, estas pequeñas flores blancas en forma de campanillas que jalonan buena parte del recorrido.

Esta, la blanca ursina o pie de oso también busca su hueco entre tanta lágrima. Aquí hay sitio para todos. Entre el fastuoso bosque de ribera podemos encontrar fresnos, alisos, sauces, laureles…una diversidad generosa que beneficia a nuestro embaucamiento.
 

 
Hay que decir que en épocas de lluvia se ofrece un ramal para evitar el paso dificultoso o impracticable por la crecida del río. Aquí no parece entrañar una situación peliaguda, así que nos atrevemos con ello.
 
Senda fluvial del Nansa

De vez en cuando merece la pena salirse del camino para acercarse a algunos rincones en los que obtener buenas instantáneas.
La verdad es que en ocasiones vamos caminando muy cerca de la orilla, no es de extrañar que a poco que crezca el caudal este tramo sea algo embarazoso. En una ocasión tuvimos que descalzarnos para recorrer unos 10 ó 15 metros sobre el agua. El agua gélida nos vino como un bálsamo para unos pies con 16 km ya acumulados.
 

 
La Senda Fluvial del Nansa aprovecha los viejos pasos que los pescadores han ido, por así decirlo, esculpiendo a lo largo del tiempo cuando tenían de despejar el terreno de obstáculos como maleza o piedras para poder acceder al río. Durante el trayecto veremos la huella de esta práctica o profesión en algunos elementos, como los trasportines por cable de acero para llegar de orilla a orilla.

Poco después, el Nansa empieza a encajonarse entre las paredes verticales de un pequeño cañón. Aquí las aguas fluyen tranquilas dando permiso al sonido de la rica fauna aviar. Sin embargo, no hay que dejarse engañar por esta calma, el terreno ahora es más escarpado y debemos prestar atención a las zonas rocosas, sobre todo si están húmedas.
 

 
Ascendiendo unos metros llegamos a una pasarela que cuelga de la roca para presentarnos la cavidad conocida como “La Cueva de los Murciélagos”, la cual puede visitarse si se dispone de las herramientas necesarias.
Nosotros preferimos seguir adelante, la pasarela describe el dibujo del meandro del nansa, pero sus tablones se hacen cortos y nos devuelven a tierra firme, o no tanto.
El terreno abrupto e irregular en desniveles se salva con éxito con nuevas escaleras y pasarelas, fruto del plausible trabajo de acondicionamiento.
Pese a la hora aún queda un trecho para el almuezo.
El trazado se despega unos metros para después volvernos a introducir en una nueva trocha en la que se levanta otro mecanismo para permitir a los pescadores el cambio de orilla.
 
 
El Nansa ruge con fuerza en algunos puntos, un río que cubre una distancia total de 46 kilómetros, bajando desde los macizos de Peña Labra y Peña Sagra, a 1.800 metros de altitud hasta morir en las aguas de la Ría de Tina Menor.
El camino nos lleva a otro momento con alternativas. Esta vez, para evitar puntos comprometidos por posibles anegaciones, descartamos la variante estival y tomamos la principal.
Durante unos 900 metros recorremos esta pista alejados del río. Después, las señales nos devuelven a las inmediaciones de la corriente, aunque al trazado le cuesta volver a pegarse a la orilla debido a la espesa vegetación ribereña.
 
 
Tras un pequeño desnivel damos con un refugio de pescadores, que ladeamos por su derecha con cuidado, puesto que hay una caída de varios metros. Lo mejor es no confiarse y emplear estos pasamanos para realizar este rocoso descenso.
De no ser por este acondicionamiento resultaría más complicado disfrutar de este espectacular sendero.
Nos acercamos a la Central Hidroeléctrica de Trascudia, lugar en el que se encuentra la bonita cascada que el Río de Suspino forma en salto de agua al llegar al Nansa.
 
Cascada del Río Suspino

Aquí finaliza la primera parte de la senda fluvial, un sitio estupendo en el que aprovechar para un piscolabis, como hace esta familia, pero nosotros tenemos otros planes.
Ya había hambre, y ver especímenes susceptibles de ser comida lo hacía aún peor. Además, el río Nansa se vuelve más escabroso y para poder continuar sin perderlo de vista tendremos que superar una corta subida de unos 500 metros, que con cerca de 22 kilómetros ya acumulados se hace un poco exigente.
 

Mojón a la altura de Solaz de los Cerezo

El esfuerzo se recompensa con buenas vistas de la zona baja de la cuenca del Nansa, los valles de Buelna y Cieza y algunas cumbres Asturianas cercanas a Peñamellera. Para disfrutar mejor de estas panorámicas hay dos miradores cercanos llamados del Poeta y el Collado respectivamente, pero nosotros continuamos con la marcha afrontando el descenso que nos llevará a las proximidades de Camijanes.

Como la intención es llegar al pueblo para ir a comer, debemos desviarnos asfalto arriba unos 800 metros, distancia que tendremos que realizar de regreso para retomar el camino.

Ya que estamos en la zona no perdonamos el cocido lebaniego. En mi caso eché en falta una siestecita, pero la vuelta a las andadas te espabila rápidamente.
Volvemos a conectar con el trazado rápidamente y en esta ocasión cruzamos un puente para pasar al margen derecho del río.

Recorremos un poco más de asfalto hasta dejar atrás el acogedor y bien ubicado complejo rural del Solaz de los Cerezos. Solo unos metros más tarde, el camino nos invita a seguir un nuevo tramo de senda fluvial, aunque los mojones quieren dirigirnos por Cabanzón , pero la opción nansa nos resulta más apetecible.

Esta primera parte nos arrima de nuevo a la orilla dejando a nuestra derecha unas parcelas bien aprovechadas de pastizales. El tránsito del ganado para ir a beber al río remueve algunos pasos, pero no suponen ningún trance.
 

Senda fluvial del Nansa

En este pequeño paraíso vacuno parece difícil que nuestra presencia pueda importunar a estos ejemplares.
El terreno se recrudece al dejar atrás estos prados. La senda asciende por el monte para salvar algunos pasos complicados aunque no evita que en épocas de lluvia ciertos tramos se enfanguen.
Mientras caminamos, nos da la impresión que este nuevo ramal de senda es un poco más accidentado y salvaje. Está acondicionado sí, pero parece que el trazado sufre un poco más para abrirse camino por la frondosidad y orografía del terreno. Lo mismo le ocurre al Nansa, que tiene que salvar islotes y rocas para ir dibujando su curso.
 

 
En lo que a nosotros respecta, este nuevo panorama le otorga al camino un toque más fascinante, místico y aventurero. Ingredientes que palpamos en el siguiente repecho, exigente, con carácter, pero que nos recompensa con buenas vistas del Nansa conforme ganamos altura.
De vuelta a la orilla, disfrutamos los últimos kilómetros de etapa en un entorno de ensueño, que lejos de los que pueda parecer, antiguamente era considerado uno de los espacios salmoneros más importantes de la península, hoy castigado por el aprovechamiento hidráulico de las aguas del Nansa. No obstante, es de agradecer el esfuerzo de miles de personas que realizan esta senda cada año por perseguir y concienciar un turismo sostenible, manteniendo de este modo la autenticidad del entorno.
 
 
Hay más zonas de barrizales, pero las más complicadas se salvan con estas pasarelas hechas a base de mallas de hierro.
 
 
Desde luego, este tramo está lleno de alicientes, a cada paso que damos hay una nueva oportunidad de enriquecer nuestros sentidos.
 
 
Poco a poco se empiezan a dejar ver las primeras casas cercanas a Cades, nuestro objetivo de hoy, aunque la senda se resiste a abandonar el curso del agua para seguir regalándonos sus bondades.
No obstante, tenemos que ir despidiéndonos de esta espectacular travesía ya que el camino pronto girará a la derecha para conectar con la carretera CA-855. Por aquí continuamos hasta el Puente el Arrudo, que no cruzaremos para seguir de frente, entrar en Cades y aterrizar en su albergue.

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