RUTA de ISABEL LA CATÓLICA
Geoparque Villuercas Ibores-Jara Senderismo Trips

RUTA de ISABEL LA CATÓLICA

Presentamos la primera de varias rutas que realizamos por el Geoparque de las Villuercas Íbores Jara. Se trata de la Ruta de Isabel la Católica, llamada así porque era el camino que los Reyes Católicos tomaban para ir al Monasterio de Guadalupe.

Un antiguo camino de peregrinación que se remonta al siglo XIV y que atraviesa distintos enclaves naturales que le confieren un gran atractivo. Una vez en Guadalupe, no podemos desaprovechar la oportunidad para visitar su Monasterio y descubrir algunos de los rincones más destacados de la Villa.
 

 
 

 
La Ruta de Isabel la Católica, llamada así porque era el camino que los Reyes Católicos tomaban para ir al Monasterio de Guadalupe. Luego profundizaremos un poco más en la razón de estos viajes por parte de los Reyes, ahora tenemos que calentar motores iniciando el camino saliendo de Cañamero.

Y lo hacemos descendiendo por una pista cimentada que bordea al Arroyo de Barbedillo. Un pequeño puente permite que salvemos este arroyo que poco después morirá en las aguas del Río Ruecas.
 

 
Son las primeras horas de la mañana donde la actividad del entorno empieza a manifestarse.
Tras esta propiedad de un buen vecino subimos un corto repecho paralelo al río donde podemos alzar la vista para observar la depresión geográfica que lo encajona y que favorece para mantener baja la temperatura.

Descendemos de nuevo para alcanzar la Piscina Natural del Río Ruecas, un lugar que en épocas estivales dispone de un mecanismo para cortar el paso del correr del agua y así aprovecharlas para el baño.
 

Piscina Natural del Río Ruecas
 
Si seguimos por el margen izquierdo unos 300 metros más llegaremos a la Cueva Chiquita, la cual conserva un valeroso conjunto de pinturas rupestres que han sido declaradas Bien de Interés Cultural. Nosotros dejaremos esta visita para otra ocasión y cruzamos por el paso que salva el Río Ruecas. En este tramo de ascenso que deja el Collado de la Lóriga a la derecha afrontamos algún desnivel del 12 y 15 por ciento. Avanzando un poco más miramos a la izquierda para apreciar en el otro margen la cueva que antes mencionábamos.

Un poquito más de esfuerzo para superar los 600 metros de altitud y llegar al Embalse del Cancho del Fresno. Esta gran masa de agua nos acompañará durante los siguientes 3 kilómetros, escoltados por pinares entre una cómoda pista de tierra y grava que horas antes podía asemejarse a una pista de patinaje.
 

Embalse del Cancho del Fresno
 
El embalse del Cancho del Fresno fue construido en 1985 y tiene una capacidad de 15 hectómetros cúbicos cuyas aguas se destinan al abastecimiento de las localidades de Cañamero, Zorita y Logrosán.

En un día como el de hoy el viento suave y la casi ausencia de ruido confieren al paraje una atmósfera solemne, apta para disfrutar de un paseo tranquilo y de las vistas de la accidentada geografía de las Villuercas.
 

 
El Camino continúa llaneando mientras bordea el embalse y poco a poco nos vamos alejando de su presa cuyos muros de hormigón alcanzan desde su base los 57 metros de altitud.
En este punto hay buenas señales que nos invitan a abandonar esta pista. Casi 10 km nos separan de nuestro objetivo. El trazado ahora encara un perfil ascendente hacia el Collado de la Ventosilla, es un tramo algo más incómodo por su firme irregular y empedrado, pero se hace sin mayores complicaciones.
 
 
Matorrales de jara y brezo bañan este espacio abierto que nos dirige a otro hito de interés de esta ruta: la conocida Cruz de Andrada, levantada por un hijo en memoria a su padre, un recaudador de impuestos que fue asesinado en este mismo lugar por asaltantes de caminos. Un suceso que ocurrió en el año 1844 y que puede leerse en su placa ya afectada por el tiempo.
 
 
Valle de las sierras de la Madrastra y la Madrila

Iniciamos ahora la parte más exigente de la jornada, la subida a la Sierra del Águila. A nuestra izquierda, el espectacular valle que forman las sierras de la Madrastra y la Madrila, que amenizan el esfuerzo y desde luego hacen que merezca la pena.

La parte más dura se encuentra en el lugar que llaman Fuente de la Alevosilla con su charca contigua. Aquí hay unos duros 500 metros con rampas que llegan al 18 por ciento de desnivel. Si nos habíamos enfriado un poco en la Cruz de Andrada, esto vuelve a calentar motores obligatoriamente.
 

 
Ganamos altura y distancia respecto al embalse que ya se aprecia detrás en la lejanía.

En torno a los 800 metros de altura alcanzamos otro de los hitos de esta travasía. Se trata del Melonar de los Frailes, un tramo que sorprende entre pliegues geológicos de la era cuaternaria y donde el paso del tiempo ha ido desgastando la piedra depositándola a nuestro paso en forma de ¿melones? El caso es que es un paso algo más técnico, donde hay que escoger bien los pasos para cuidar el equilibrio y los tobillos.
 

 
Tampoco es de extrañar que a la Garganta de la izquierda la llamen las Pedrizas. No es un tramo largo, unos 150 metros que después se endulzan cuando el firme cambia y se adentra en la espesura de la vegetación.
 
Garganta de las Pedrizas

El camino sale al encuentro del arroyo que baja por la garganta hacia el embalse y sentiremos su compañía durante un buen trecho. Aquí las zonas de umbría son evidentes, solo hay que fijarse en algunos elementos todavía cristalizados.

En este lugar conocido como las Ventosillas la vegetación se cierra creando un verdadero efecto túnel. Los madroños contribuyen a este encajonamiento, aparte de darle un toque de color al trayecto.

Las señales nos indican que vamos por el camino correcto, el cual cambia poco después a un ramal de pino rodeno. Mientras avanzamos otras especies como castaños y cerezos se abren hueco entre los pinos imponiendo su presencia con un precioso colorido otoñal. Desde luego esta estación es una de las más propicias para disfrutar de esta ruta.
 

 
Estamos enfilando el Collado de la Era del Pico Agudo, todavía en ascenso. Las lluvias caídas y las hojas caducas dan fe de un entorno vivo, que se renueva cada año y que parece presumir ante nosotros para que no podamos resistirnos a la hora de filmarlo o retratarlo.
 
 
Nos acercamos ahora a otros de los hitos clave de esta ruta, pero que nosotros no supimos ver dada la espesura de hojas de estos especímenes de Castaños, de hecho, lo que buscábamos era el Castaño del Abuelo, un ejemplar de casi 700 años de edad que ha superado numerosos avatares en su vida. Después investigando descubrimos que pasamos a su lado, se encuentra en esta fila de árboles cuyo acceso está protegido por esta valla metálica que cruzaremos algo más arriba.
 
 

Pero bueno, a pesar de todo, esta zona tiene más alicientes. Estamos a casi 1000 metros de altitud y desde aquí hay espectaculares vistas del pico La Villuerca de 1600 m de altitud y de las Sierras de Sancho, del Águila y la Madrila, que ya dejamos atrás.

Superamos la valla metálica por este acceso y avanzamos unos metros más para alcanzar la altura máxima: 985 metros Momento que aprovechamos para reponer fuerzas.
Hemos pasado a la otra vertiente del Collado del Pico Agudo, que dejamos a nuestra derecha y comenzamos ahora un descenso de algo más de 4 kilómetros que nos irá introduciendo en el Valle del Río Guadalupejo.

La frondosidad de este tramo nos impide de momento echar la vista al entorno que vamos dejando a la izquierda, aunque eso no durará mucho. Mientras tanto disfrutamos de la alfombra de hojas que un bosque de robles melojos nos brinda a nuestro paso. Dan ganas de tirarse de cabeza y nadar entre ellas, pero mejor nos dejamos de experimentos y disfrutamos de este bonito lugar de una forma menos atrevida. Esta nos vale.
 

 
Guadalupe al fondo
Guadalupe al fondo

En general el descenso por aquí presenta un firme de tierra estable y cómodo por el acolchado de las hojas aunque en algunas ocasiones, la pendiente fuerza su desnivel superando el 20 por ciento. Con todo, Guadalupe ya empieza a verse entre las ramas de algunos árboles.
A partir de aquí el terreno se endurece un poco, la pendiente aumenta lo que exige esfuerzo en las rodillas y en ocasiones hay algunos trechos con presencia de piedras donde no hay que despistarse.

Mientras descendemos vamos a hacer memoria del porqué del nombre de esta ruta. La primera vez que Isabel visitó Guadalupe fue en 1464, siendo ella Infanta. Su hermano Enrique IV quería casarla con Alfonso V de Portugal y en el Monasterio debía realizarse los acuerdos. La historia bien nos dice que Isabel rechazó en rotundo la propuesta, pero no así el Monasterio, del que quedó prendada y al que llamó “Mi paraíso”.

Desde entonces hay documentadas al menos 17 visitas de la Reina al Monasterio y en una de ellas se hicieron efectivas las órdenes para que Cristóbal Colón emprendiese el viaje en el que descubriría América.

Poco a poco vamos saliendo del tramo emboscado para encontrarnos con distintas parcelas privadas que colindan Guadalupe.
El siguiente hito de interés es la Ermita de Santa Catalina. Aunque fue construida en el siglo XVI en estilo gótico, también posee algunos detalles mudéjares. Posteriormente fue reformada en en 1967.
 

 
Ermita de Santa Catalina
Ermita de Santa Catalina

Todavía nos queda un buen tramo de descenso, también precioso en su mayoría, ya que nos acompañan unas vistas inmejorables del Valle del Río Guadalupejo. Este último tramo va por una ancha pista forestal escoltada en su mayoría por pinares, pero que va aumentando su vegetación de ribera conforme nos acercamos al Río. La pendiente es pronunciada, pero el cómodo firme ayuda en el descenso.
 

Valle del Río Guadalupejo
Descenso

La bajada finaliza en el puente sobre el Río Guadalupejo que cruzaremos para ascender hasta la carretera CC-171. Muy pocos metros después giramos a la izquierda por otra pista asfaltada que sube directamente hacia nuestro destino.

Entramos en la villa por la calle San Blás para continuar por Ventilla. Aquí hay un crucero que nos anuncia que este es un camino histórico de peregrinación.

Un último esfuerzo de subida por la Calle la Cruz y entramos al centro urbano por el Arco del Chorro Gordo. Aquí en la Plaza de Santa María de Guadalupe, se encuentra el Monasterio, que no dudaremos en visitar en cuanto soltemos los bártulos y repongamos algo de fuerzas.
 

Real Monasterio de Santa María de Guadalupe

La leyenda nos cuenta que en el siglo VIII, cuando los árabes invadían la península, unos clérigos escondieron una imagen de la Virgen junto al Río Guadalupe. En el siglo XIII, con la reconquista, a un pastor que encontró esta talla se le apareció la Virgen y le pidió que levantara una capilla para rendirle culto. El edificio se construyó y años más tarde, este suceso despertó el interés del Rey Alfonso XI, que en 1337 lo amplió y levantó además una iglesia mudéjar que declaró Santuario Real.

El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe fue declarado Monumento Nacional en 1879, y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993. Conforme nos vamos acercando a su fachada, custodiada por dos torres se aprecian claramente los elementos góticos y mudéjares que la orden de los Jerónimos ha ido añadiendo entre los siglos XIV y XVIII.
 

 
Es recomendable la visita guiada al complejo, donde se pueden conocer interesantes y muy valerosas dependencias, además de la imagen de la Virgen de Guadalupe, datada entre los siglos XII y XIII Algunas zonas están limitadas para los aficionados a la fotografía, no así el claustro de los Milagros, también de estilo mudéjar construido entre los siglos XIV y XV. Tiene dos plantas y sus arcos mezclan el estilo gótico apuntado con el de herradura musulmán.

Claustro de los Milagros

En el centro se encuentra el templete mudéjar, único en su estilo, construido en 1405 por Fray Juan de Sevilla. Su planta es cuadrada y en el interior dispone de una fuente El exterior de su bóveda presenta tres estructuras decrecientes adornadas con azulejos
 

 
En la esquina suroeste hay un espacio cuadrangular con otra fuente.
En la actualidad son los monjes Franciscanos los que custodian el Monasterio, pero fue la orden de los Jerónimos los que adornaron las galerías de este claustro con cuadros que representan distintos Milagros de la Virgen María.

Otros elementos decorativos interesantes como imágenes y sepulcros, decoran estos pasillos.
En el Hotel Hospedería que hay contiguo al Monasterio podemos visitar la terraza de su restaurante, que en realidad es el claustro gótico, construido en el siglo XVI y que dispone de tres pisos.
 

 
Antiguamente la hospedería era un edificio destinado a enfermería, farmacia y botica. Se construyó en el siglo XVI con sillares y mampostería y dispone de torreones cilíndricos terminados en chapiteles cubiertos por tejas.
 
Hotel Hospedería

Aprovechamos estas últimas horas del día para indagar en la Guadalupe nocturna y descubrir algunos de sus rincones.

Entre ellos destacamos una estancia de la familia Barba González, donde cobijan el famoso “Belén Artesanal”, al cual se le conoce también como el Belén de Norberto. Una joya artística que esta familia lleva confeccionado y manteniendo durante muchos años dando vida a numerosas escenas navideña. El belén pertenece a la Asociación de Belenistas de Madrid pues muchas de las más de 500 piezas han sido adquiridas en talleres especializados de esta ciudad.
 

 
Los efectos de luz ambientan esta instalación simulando el paso de los días y la música, como no, celebra con cánticos la fiesta de la navidad. Una fiesta que para nosotros llega hoy a su fin, maña nos espera otra interesante ruta y es hora de irse a descansar.
 
Belén de Norberto
 
 

 
 

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