9 RODEIRO – BERGAZOS (LALÍN)
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9 RODEIRO – BERGAZOS (LALÍN)

Etapa engañosa en cuanto a perfil, la climatología amenazante la hace un poco más dura pues nos obliga a imprimir un ritmo más acelerado. En cualquier caso nos espera un bonito tránsito por el Condado del Deza, acompañados por el río Arnego durante la primera parte de la etapa hasta el Puente de Pedroso. Después, nos introduciremos en tierras de Lalín atravesando el monte bajo hasta llegar a la villa. Finalmente, un bello paseo fluvial nos conducirá hasta nuestro destino de hoy. En estas latitudes es famoso el cocido con carne de cerdo…¿seremos capaces de probarlo?

 


 
 
Abandonamos Rodeiro por su Plaza del Ayuntamiento, donde nos llama la atención el edificio en forma de fortaleza de su Concello, el cual parece que perteneció a la familia de los Camba.
 
 
Salimos de la localidad por la carretera PO-533 oteando la amenazante climatología que se cernía sobre nosotros. Un carril asfaltado de servicio paralelo a la vía nos conducirá durante unos dos kilómetros hasta el siguiente desvío. Por aquí es inevitable sentir un aroma un tanto desagradable debido a la presencia de un matadero.

La pista que ahora transitamos pasa en poco tiempo de asfalto a tierra y en unos cientos de metros después nos introduce en un bello ramal que navega paralelo al río Arnego.
 

 
El perfil con tendencia descendente nos permite disfrutar todavía más de este tramo de bosque de ribera. Pero bien es cierto de que si algo caracteriza a esta etapa es su carácter rompepiernas, que de vez en cuando va plantando pequeños repechos que salvar.

Es un trayecto entretenido, según el hábitat, su firme se cubre de hierba, hojas o piedras y va dirigiendo por pistas que van atravesando distintas praderas destinadas al ganado vacuno, principal sector económico de algunas poblaciones de la zona. Como en otros senderos rurales, la espesa vegetación llega a cubrir por completo los muretes de piedra que delimitan las parcelas.
 

 
Robles, alcornoques y fresnos pueblan estos parajes escoltando a peregrinos como nosotros y al río Arnego, el otro aliciente de este tramo. Un río que se resiste a perdernos de vista ya que tendremos que cruzarlo varias veces por pequeños puentes de cemento. En este río hay afición a la pesca, así que no hay dejarse engañar por la quietud de sus aguas.
 
 
El amenazador dramatismo meteorológico del inicio de etapa parece que nos da un respiro. El sol nos saluda en la subida a la pequeña aldea de Penerbosa, donde se echa en falta algún servicio, aunque alguno de sus habitantes parece quejarse al repecto. Unos tan tranquilos, otros en cambio, un poco más estresados por la presencia de extraños.

Nosotros, a lo nuestro, a seguir el tránsito entre la campiña donde la nota dominante corre a cargo de los pastizales por un vaivén de subidas y bajadas. Mal momento para hablar por teléfono cuando alguna de ellas se endurece.
 

Campiña

Debemos seguir apretando la marcha para aprovechar esta ventana de sol. Al este, en cambio, en el Monte do Faro todavía se aprecia un cielo revuelto y no nos fiamos de lo que pueda venir.

Volvemos a descender para alcanzar de nuevo el río Arnego, que cruzamos por un puente que lleva su mismo nombre.
 

Nuevo paso por el Arnego

A partir de aquí, comenzamos una subida de unos dos kilómetros hacia el Monte da Penela. Y A Penela se llama también el siguiente núcleo de casas que nos encontramos, y donde hay plantado un curioso mausoleo. Se trata de una obra que pretende reconocer la hazaña de un vecino que logró, tras diferentes procesos judiciales, canalizar diversas aguas que corrían por sus parcelas hasta el estanque de su casa. Lo más relevante del mausoleo es que fue levantado por el mismo vecino protagonista del suceso. Se homenajeó a sí mismo, vamos. En la obra pueden verse papeles de los litigios, algunas fotos y una talla de este señor.
 

 
La piedra de granito es un evidente material de construcción en A Penela, una localidad con clara identidad ganadera.
 

Construcciones en piedra de granito (A Penela)

La salida de la urbe da a la carretera EP-6203 que seguimos unos metros para luego torcer a la izquierda en el siguiente desvío. Encaramos ahora la parte más exigente del ascenso al Monte da Penela, unos 600 metros que salvamos con premura.
 

 
Una vez superado realizamos un cómodo descenso hasta la siguiente población, A Eirexe de Pedroso. A nuestra derecha nos van acompañando las vistas de una gran cantera de piedra granito. Quizá con algunas de estas piedras se hayan elaborado los famosos Cruceros que nos encontramos a lo largo del camino.
 

A Eirexe de Pedroso y cantera

Precisamente con uno de ellos nos encontramos a la entrada de la población. También advertimos varios hórreos hecho de este material.
 

 
Este parece un buen lugar para realizar una parada. Y lo hacemos en el espacio de la Iglesia de San Xiao, al que accedemos por su parte posterior donde se presencia su ábside de forma cuadrangular.
La fuente, también de piedra, llena su recinto con agua del Monte de A Costa.
 

Iglesia de San Xiao
 
La Iglesia de San Xiao es de origen románico, del siglo XII, aunque tiene claras reformas y añadidos posteriores, como su espadaña. Del románico conserva por ejemplo su portada con arco de medio punto.

En el lugar también nos llama la atención esta casona de piedra con un escudo heráldico.

Salimos de la urbe regresando a la carretera EP-6203 cuyo firme surcaremos durante unos 800 metros. Es fácil adivinar que todo el entorno que nos rodea está dedicado a la agricultura y a la ganadería.

A la altura de la aldea de Laxas, tomamos otra pista asfaltada a la izquierda y volvemos a valorar el panorama climatológico.

Seguimos cruzando los dedos y nos aproximamos al núcleo de A Ponte, lugar en el que se ubica el Puente Pedrós, una obra románica del siglo XII. La espesa vegetación y el ángulo en el que nos encontramos nos impide ver bien su único arco ojival.

Esta será la última ocasión en la que cruzaremos el río Arnego, así que es una gran oportunidad para despedirse de él y disfrutar del lugar.

Un Crucero nos recuerda que hay un camino que retomar. Aunque volvemos a mirar el cielo con preocupación.
 

 
Con este panorama de incertidumbre entramos en el Valle do Boi, en un principio por asfalto aunque pronto tomaríamos un carril de tierra para encarar la subida más exigente de la jornada. Un ascenso no exento de belleza, con tierras famosas por sus temporadas de caza, aunque las disfrutamos con premura ya que el acecho de tormenta nos presionaba un poco, todo hay que decirlo. Las tierras que abordamos son famosas por sus temporadas de caza.
 
 
La primera parte del ascenso finaliza con un último tramo del 10% de pendiente media hasta el lugar conocido como Coto da Anta, donde encontramos el límite con el municipio de Lalín.
 

Por el Coto da Anta

Nos encontramos aquí un paisaje agrícola, de monte bajo, delimitado por parcelas muy bien diferenciadas por el contraste de tonalidad de colores que dejan al descubierto la finalidad de su provecho.

Los girasoles parecen decirnos que al mal tiempo, buena cara, y lo cierto es que las gotas caídas hasta el momento solo se han quedado en conatos de lluvia. Buenas noticias que nos permiten finalizar el ascenso con optimismo hasta el Coto da Manuela. En estos parajes son conocidos los enterramientos primitivos encontrados, también llamados mámoas.
 

 
En estos momentos de la etapa, el hambre ya empieza a llamar a la puerta.
Otra intentona de lluvia que sumada al cansancio y al apetito añaden un poco de dramatismo al transcurso de la etapa.

La tendencia ahora es descendente y tras unos kilómetros sin encontrar presencia urbana topamos con la aldea de Palmaz. Aquí hay buenos ejemplos de casas residenciales que se integran perfectamente en el ambiente rural de la zona.
 

Palmaz

Poco a poco vamos atravesando este núcleo de casas hasta llegar a un corto tramo en duro ascenso que conectará pocos metros después con la carretera PO-533.

Finalmente comenzamos la entrada a Lalín descendiendo por esta vía unos 400 metros. Por aquí se halla una antigua fuente de la que manan aguas muy frescas, y damos fe de ello. Poco después seguimos las flechas amarillas, que nos sitúan en la Rúa do Cruceiro. Aquí ya la debilidad física y mental muestran su peor cara.

Un auténtico martirio, vamos, y si encima le añadimos este fantástico Crucero del siglo XVII, convertimos nuestra flaqueza en un calvario. Un poco después, la Iglesia de San Martiño apacigua nuestro pesar.
 

Esta joya románica pudo tener sus orígenes en una iglesia prerrománica perteneciente a un Monasterio Benedictino del siglo X, hoy desaparecido, y que dio lugar los principios de la urbe de Lalín. Nos damos de cara con su ábside rectangular, con ventana de arco semicircular. El capitel la columna izquierda tiene vieiras.

El campanario también es románico, al igual que su portada, con archivoltas semicirculares y un tímpano liso que descansa en ménsulas con tallas de cabezas animales.

Seguimos adentrándonos en la población hasta dar con la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, la cual fue levantada a inicios del siglo XX sustituyendo a la antigua Capilla de los Remedios que allí se emplazaba. La Iglesia se inauguró en el año 1919. Nos asomamos unos momentos a su interior en el que observamos una construcción sencilla y austera en ornamentos.
 

 
Tenemos que seguir, el cocido nos espera. Una estatua dedicada al Cerdo homenajea a la feria del cocido, con la carne de cerdo como uno de sus ingredientes principales.
 
 
El ansia viva nos puede y la carne de cerdo la pasamos a una hamburguesa. En fin, cosas de la improvisación. Y un buen postre, la filloa, que también nos merecemos.
Sí, bueno, quizá nos alejamos algo del espíritu peregrino con esta decisión, pero realmente lo necesitábamos. Mientras llegamos a este destino, tenemos que transitar un bonito Paseo Fluvial que transcurre flanqueando el Río Pontiñas.
 
 
Este paseo es toda una delicia, un cómodo descenso entre vallado y puentes de madera, viejos molinos e integrado con parcelas agrícolas como los maizales.

Unos dos kilómetros y medio muy placenteros en los que tenemos tiempo para valorar la jornada, y hacemos hincapié en la suerte que hemos tenido en cuanto a las malas previsiones meteorológicas.

La senda desemboca en un ramal conocido como el Espiño. Aunque nos encontremos cerca de grandes urbes y polígonos industriales, es gratificante saber que no se pierde la identidad ganadera y agrícola.
 

El Espiño

El ramal nos lleva a la carretera N-525, que tendremos que cruzar, y continúa por una serie de casas dispersas para luego entrar en el núcleo de Bergazos, donde se encuentra el Polígono Industrial de Lalín, y nuestro destino de hoy, un hotel con SPA, que recomendamos si tenéis la necesidad de meter los pies entre algodones y resucitarlos para la etapa siguiente. Nosotros así lo hacemos. Hasta la próxima etapa.

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