7 MONFORTE de LEMOS – CHANTADA
Camino de Invierno Trips

7 MONFORTE de LEMOS – CHANTADA

Afrontamos la que para nosotros es la etapa reina de este Camino de Invierno. Una etapa que inicia sus primeros kilómetros por asfalto pero que se va adentrando en un bello entorno marcadamente rural que alternará su trazado con antiguos tramos de calzada romana al tiempo que vamos atravesando numerosas aldeas. Todo ello nos conducirá al precioso paraje vitivinícola de la Ribera Sacra del río Miño para finalizar, posteriormente, con la corta pero dura subida hasta Chantada.

 


 
 
 
Hay fuerzas, hoy nos van a hacer falta.
Y lo hacemos porque hoy la etapa es bien larga en cantidad de kilómetros. Así que retomamos el camino dirigiéndonos al Puente Viejo. Al cruzar el puente hay que torcer a la izquierda pero a la derecha se encuentra el Convento de Santa Clara, fundado en el año 1622 y que contiene un importante museo de arte Sacro. A su vera se encuentra un Crucero.
 
 
Muy pocos metros después encontramos otro, en la Plaza Campo de San Antón, donde se ubica el Ayuntamiento. En este lugar existió antaño un convento franciscano que terminó por desaparecer con la Desamortización de Mendizábal.

Vamos por la Rúa Abeledos para coger después la denominada Poeta Manuel María, en la que advertimos cómo, poco a poco, estamos dejando atrás Monforte.
 

Talla de Santiago

La talla de un Santiago Peregrino colocada en una rotonda se orienta hacia la dirección a seguir. Parece que le cuesta un poco avanzar, quizá nos esté dando un pronóstico de lo que nos espera.

Con todo, tomamos la carretera LU-P-3204 para continuar la marcha.
Tres kilómetros que casi cubren la totalidad de esta recta y que va dejando atrás lugares como Rebodero, Gándara o A Pena. Cruzamos por un puente el río Cinsa para poco después entrar en A Vide. Las señales nos introducen por el interior del pueblo, pero se pueden evitar, ya que de nuevo nos devuelven a la carretera sin ofrecernos nada relevante. Desde aquí seguimos la variante por asfalto en la que poco después encontramos la Iglesia de A Vide, donde hay plantado un pequeño cementerio y un Crucero. El paso del tiempo deja ver el deterioro en algunos elementos, como el del crucero. Desde esta posición, Monforte de Lemos se resiste a desaparecer de nuestra vista.
 

Iglesia de A Vide
Iglesia de A Vide
 
Continuamos por la carretera LU-P-3204 siendo conscientes de que el Camino oficial va paralelo a nuestra derecha. Un camino que en condiciones de lluvia puede estar embarrado ya que muy cerca corre el Arroyo de Tarrío, el cual puede anegar algunos tramos. Esta carretera secundaria es muy tranquila y cómoda, y además, la presencia cercana del agua nos permite disfrutar de estos bosques de ribera cuyas tonalidades poco a poco van adquiriendo tendencias otoñales.
 
 
Estamos en el Concello de Moreda por el que atravesamos parroquias como la de A Lagoa, Os Campos y O Regueiro. En esta última, se ubica la Iglesia de San Salvador de Moreda, de origen románico aunque sufrió reformas en los siglos XVIII y XIX. Del románico conserva un muro lateral con una puerta de arco semicircular. Sobre la puerta principal, un relieve que representa una flor de lis, un símbolo relacionado con la antigua orden de Santiago.
 

Iglesia de San Salvador de Moreda
 
En el lateral izquierdo se planta un Crucero marcando otra confluencia de caminos.

Abandonamos O Regueiro para empezar a afrontar la primera subida relevante de la jornada. Las pequeñas parroquias se suceden a nuestro paso y echamos mano de nuestra guía para descubrir alguna que otra curiosidad.

Parece que nuestras dotes detectivescas están en entredicho.

Desde A broza pasamos del Concello de Monforte de Lemos al de Pantón, donde haremos una pausa para reponer fuerzas.

Continuamos por asfalto, ahora por la denominada LU-P-4112 que nos lleva a un sosegado entorno dominado claramente por los terrenos de este hermoso Pazo, llamado O Reguengo, cuya construcción original es del siglo XV aunque a lo largo de su historia ha sufrido reformas. Entre sus edificios hay una capilla enteramente de siglo XV.
 

 
En estas tierras es frecuente encontrar estos ejemplos de obras de pujanza civil, la mayoría de ellas con antiguos escudos recordando la memoria del linaje de sus propietarios. Nosotros las disfrutamos recreándonos la vista.

El esplendor del pazo contrasta con la sencillez de las casas de piedra de lugares como San Lourenzo.
A partir de aquí iniciamos otra exigente subida por un sendero que probablemente pudo ser una antigua calzada romana.
El trazado atraviesa otras aldeas como Castrotañe y continúa su ascenso por esta bella senda encajonada entre muros de piedra, vegetación y bosques con robles y castaños. Un tramo que llega a alcanzar una pendiente media del 12% y que nos dará un pequeño descanso en la siguiente aldea, Piñeiro, donde podremos abastecernos de agua en una estratégica fuente.
 

 
Echando la vista atrás Monforte de Lemos ya casi se pierde en el horizonte. Los mojones siguen acortando nuestra distancia hacia Santiago, al tiempo que avanzamos por pistas agropecuarias que cada ciertos cientos de metros se ven interrumpidas por carreteras locales.
 

Carreteras locales

El camino acierta en tomar estos senderos, desprenden belleza y autenticidad, aunque su tránsito es algo engorroso por la presencia de piedras que nos obligan a estar pendientes de los tobillos. También, en épocas de lluvias suelen encontrarse tramos embarrados que los hacen más difíciles, pero en esta ocasión nos hemos librado de ellos.
 

 
Los siguiente signos de civilización los tenemos en Viris, pequeña aldea que cruzamos con rapidez para alternar ahora estas pistas con otras más anchas y cómodas escoltadas por robredales. La tendencia ascendente cambia durante unos 500 metros para luego volver a subir hasta las inmediaciones de O Camiño Grande. En estos parajes tan sosegados es inevitable no sobresaltarse ante algún movimiento inesperado. Como también nos llama la atención el guiño que este agricultor hace a los peregrinos.
 

Llegando a Cirdeiro

Encaramos ahora unos kilómetros en los que el asfalto será nuestro compañero de viaje. El firme que pisamos de inicio es la carretera local LU-P-4112, rodeada de un entorno marcadamente rural, salpicada de fincas residenciales y que surca aldeas como A Barxa o Fión. En esta zona hay varias iglesias románicas interesantes, pero lastimosamente el tiempo apremia.

En la encrucijada de carreteras debemos tomar ahora la denominada LU-P-5807 que va dirección a Diomondi. Hoy el clima acompañaba un poco más, aunque a la intemperie el sol calentaba y no podíamos evitar sentir cierta envidia de algunos individuos.

Una piscina anfibia con vistas a los bancales de viñedos del Miño, a los que pronto llegaríamos.
Seguimos el asfalto durante algo más de 6 kilómetros mientras vamos atravesando pequeñas poblaciones de clara identidad rural, que nos dejan estampas llenas de autenticidad. En un lugar donde las cosas parecen haberse quedado suspendidas en el tiempo, es normal que la novedad seamos nosotros, al menos eso nos hacen sentir estos especímenes.
Estamos llaneando por la cota más alta de la etapa, a un poco más de 600 metros sobre el nivel del mar. Pero la tendencia cambiará una vez que crucemos la localidad de Cirdeiro.

Todavía nos restan 3 kilómetros por esta vía antes de llegar a la próxima intersección. Nuestro paso es alegre, motivado quizá por la ansiedad de llegar a los Bancales del Miño, uno de los puntos más emblemáticos de esta camino de Invierno, y que se siguen resistiendo en la lejanía.
 

 
Vendanova, Outeiro, Montecelo y Diomondi son las pequeñas poblaciones que iremos surcando en este tramo. En la última de ellas, se ubica uno de los ejemplos más representativos del arte románico compostelano, la Iglesia de San Pelayo de Diomondi.
 

Iglesia de San Pelayo de Diomondi

En el interior del tímpano de su puerta principal se lee la cifra 1170, que puede referirse al año de edificación del templo. Esta puerta presenta cuatro arquivoltas sostenidas por columnas con capiteles decorados por motivos de parejas de animales o centauros.
 

 
Los pilares de la única nave del edificio la dividen en cinco secciones de las que parten ventanas con arco y columnas. Bajo la tercera de ellas se encuentra una bonita puerta decorada con ménsulas con cabezas de rumiantes y un tímpano dentellado con pequeños arcos.
En su parte posterior apreciamos el ábside semicircular dividido en semi columnas que terminan en capiteles con motivos de hojas. En dos secciones se abren ventanas y su zona norte está adosada a estancias del palacio episcopal.
Por aquí también se dejan ver algunos hórreos.
 
 
Desde la Iglesia de San Pelayo hay que regresar unos metros para retomar el camino por este precioso sendero. El inicio está asfaltado pero pronto pasa a ser una pista de tierra y piedras, flanqueado por dispersos muros también de piedra. El trazado se va adentrando en un frondoso bosque con robles y castaños que de momento nos impide ver nuestra aproximación al río Miño. Este trayecto formaba parte de una antigua calzada romana, que después se le dio uso en época medieval y que aún conserva zonas con el empedrado original.
 
 
La pendiente se va endureciendo conforme avanzamos. Tenemos que descender casi 300 metros en apenas 2 kilómetros. Además, la última parte se va retorciendo en forma de zigzag, quizá por esto llamen a este camino los “Codos de Belesar”.
 
 
Como viene siendo habitual, el esfuerzo tiene su recompensa, y pronto la espesa arboleda deja adivinar elementos del paisaje.
 
 
Pero hay que seguir bajando, hay trechos en los que la pendiente llega a superar el 20%, perfil no apto para rodillas sensibles. En este descenso coincidimos con el único peregrino que encontramos en esta etapa y con el que coincidimos, valga la redundancia, en las impresiones que nos transmite el entorno: el paraje de la Ribera Sacra con el pueblecito de Belesar dividido por el Miño es un tesoro para la vista.
 
Belesar

No podemos permitirnos mucho descanso ya que son las 15:00 de la tarde y nuestros cuerpos piden gasolina, así que nos dirigimos al romántico embarcadero para ir a comer a la Abacería O Batuxo. La ubicación del mesón es ideal, de aquí parten los catamaranes que realizan la visita por el río Miño hasta el Embalse de Los Peares y hay buenas vistas de las riberas de viñedos de la otra orilla. Todo parecía idílico para disfrutar de un buen almuerzo pero las horas tardías y la no reserva previa chafaron este plan.

Tal y como lo contamos, la ignorancia a veces juega malas pasadas, así que si a día de hoy no han cambiado las cosas, si queréis comer en este restaurante, lo mejor es reservar con antelación. Cruzamos ahora a la orilla opuesta por un Puente construido en el 1830 sobre otro de origen medieval, que antaño constituía el único paso a pie sobre el Miño entre Portomarín y Ourense.

Cerca de las 4 de la tarde y sin nada en el estómago comenzamos la subida hacia Chantada. Nos urge llegar al siguiente restaurante abierto aunque las magníficas estampas que nos ofrece el paisaje mientras avanzamos van dando pequeñas treguas nuestras necesidades.
La Ribera Sacra, una tierra de la que se dice ya tenía dedicación al vino antes de la llegada de los romanos, aunque fueron estos quienes iniciaron la actual organización de los bancales, en forma de escalera, para poder distribuirlas por la fuerte pendiente.
 

 
Otro alto en el camino nos ofrece vistas a la techumbre de la Iglesia de San Bartolomeu, construida a mediados del siglo XX, sustituyendo a otra que había quedado bajo las aguas del Miño.

Tras los romanos, fueron los monjes los que poblaron estas tierras y los que terminaron de definir el cultivo de la vid. En la Edad Media, el vino fue un gran impulsor económico de la Ribera Sacra y hoy día ha conseguido la denominación de origen.
 

 
Afortunadamente nos dieron de comer bien entrada la tarde en un estupendo restaurante.

Desde la terraza de este restaurante reflexionamos sobre el duro trabajo de esta viticultura de montaña, donde la mayor parte del trabajo es manual en un entorno único que se ha ganado ser reconocido a escala mundial.
 

 
Volvemos a la realidad. El camino nos introduce ahora en un corto sendero que salva un arroyo junto a un viejo molino. Empezamos a afrontar ahora el tramo más duro de la etapa.
 
 
Durante algo más de 1 kilómetro tendremos que sufrir pendientes de hasta el 17% entre senderos que van salvando la carretera LU-P-1804.
 

Fuerte pendiente

Algunos caminos se ocultan en la maleza, pero pronto nos percatamos de que se están llevando a cabo acciones para acondicionarlos. Y ya que estamos, ¿por qué no hacen aquí una escalera como es debido? No nos hagáis caso, nos encanta el camino tal y como es.

Ya vemos las casas de Rubias, lo que significa que esta tortuosa subida está a punto de finalizar.

Ya en la cima, alcanzamos la Iglesia de San Pedro de Líncora. Este templo ya no es de estilo románico, como tantos otros que salpican estas tierras, de hecho, existen documentos de la contratación de su obra en el año 1803.
 

Iglesia de San Pedro de Líncora
 
No obstante, tras el esfuerzo, todo lugar que signifique un plácido descanso tanto en lo físico como en lo visual, es bienvenido. Tanto es así que en el siglo XV ya se conocía la existencia de un hospital por estos designios. La iglesia de una sola nave, está encomendada a la Virgen de la Salud y cuenta con un cuidado camposanto en su parte delantera. En el frontal de su fachada se puede apreciar un reloj, muy moderno para la época de su construcción.

Chantada ya está al alcance de nuestra vista. Los últimos tres kilómetros correrán a cargo de la carretera local LU-P-1801, por un perfil con tendencia descendente atravesando una zona de fincas residenciales.

A las puertas de la urbe se sitúa el Monasterio de San Salvador de Asma, cuyos orígenes se remontan a la Baja Edad Media, cuando los Condes de Lugo lo fundaron en el siglo IX. La iglesia es de factura románica, del siglo XII, y es la única estructura del edificio visitable, ya que el resto del monasterio es de propiedad privada. Los detalles románicos los encontramos en las ventanas de su ábside semicircular, o en los canecillos, con sus particulares decoraciones, que soportan las cornisas.
 

 
A partir del siglo XV el monasterio sufrió una serie de reformas, entre ellas, la fachada principal que apenas se deja ver por la frondosidad de la arboleda.
 

A las puertas de Chantada

Un mojón que conmemora la oficialidad del Camino de Invierno nos recibe a la entrada de Chantada. Su río Asma hace de anfitrión durante el primer tramo antes de adentrarnos en el centro de la localidad, en la que iremos en busca de la oficina de turismo para encontrar opciones de alojamiento.
 

 
Muy cerca está la Iglesia de Santa Mariña, un austero edificio con una portada neoclásica.
 

Iglesia de Santa Mariña

Algunos detalles delatan la preparación de las fiestas patronales de Chantada. Pero nosotros solo pensamos en dos cosas, cenar y descansar. Mañana seguiremos disfrutando.

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