6 GÜEMES – SANTILLANA del MAR
Camino del Norte - Primitivo Trips

6 GÜEMES – SANTILLANA del MAR

La costa Trasmiera nos espera al inicio de etapa, un espectacular paisaje entre acantilados que esconden playas de ensueño. Este trayecto desemboca en la Playa de Loredo y Somo, donde tendremos que tomar una embarcación hacia Santander, ciudad en la que solo tendremos tiempo de visitar su Catedral. En la segunda parte de la etapa gana terreno la carretera que nos aleja de la periferia de Santander y va atravesando distintos municipios como Bezana y Piélagos hasta bordear el río Pas, que cruzaremos en Puente Arce. Culminamos la jornada en Santillana del Mar, un pintoresco pueblo famoso por la estructura medieval de sus calles y edificios, y también por poseer una joya románica como es su Colegiata de Santa Juliana.

 


La intensa actividad del albergue de Güemes ya se hace notar a primeras horas de la mañana.

Los primeros cuatro kilómetros de la etapa transcurren por carreteras locales que compartimos con los peregrinos a pie.

Las flechas nos introducen en la localidad de Galizano en la que descubrimos la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida entre los siglos XVI y XVII en estiló gótico. En el exterior destaca su torre campanario concluida en forma piramidal y su portada, con arco de medio punto sostenido por columnas dóricas. En la parte superior hay una hornacina con la imagen de la Virgen.
 

 
La Playa Galizano es la primera que encontramos a nuestro paso. Una playa que cuando hay marea alta se convierte en una pequeña ría.
 
Playa de Galizano
Playa de Galizano
Playa de Galizano
Playa de Galizano

Un poco más arriba está la Playa de Arenillas, algo más tranquila de unos 360 metros de longitud.
 

 
Pero sin duda, la playa que se lleva la palma de la Costa Trasmiera es la Playa de Langre. Para algunos quizá la playa mas bella de Cantabria, y nos les falta razón, este arenal de más de un kilómetro de longitud impresiona por estar rodeada de unos verticales acantilados de 25 metros de altura.
 
Playa de Langre
Playa de Langre
 
Es el propio trazo de los acantilados el que va marcando el camino por el que tenemos que transitar. Una pena que el tiempo no acompañara mucho porque unas escaleras nos invitaban a bajar. No obstante desde aquí, las vistas del Cabo Galizano con su carácterística roca en punta, son mejores, un cabo al que nos acercaremos todavía más.
 
 

La senda invita al regocijo, un camino que pronto discurre entre dos mares, a la izquierda una extensa plantación de maizales y a la derecha el imponente Cantábrico.
Entre tanto mar también hay espacio para las piscinas, pero en este caso naturales. Las Piscinas de Llaranza solo son visibles si las mareas lo permiten. Si están tranquilas se puede bajar por un camino de pescadores para disfrutar de un buen baño.
 

Piscinas naturales de Llaranza
Piscinas naturales de Llaranza

Circulamos ahora por los acantilados de Loredo dejando a la derecha la Isla de Santa Marina donde las gaviotas tienen su espacio reservado. Este camino desemboca en la Playa de los Tranquilos, que, a decir verdad, muy tranquilos no nos dejó cuando descubrimos que la marea no estaba lo suficientemente baja como para pasar al otro flanco. Menos mal que siempre hay una solución para todo y tiramos de fuerza bruta para sortear las rocas.
 

 
El corto senderito, nos deja en la Playa de Loredo. Esta playa se une a la de Somo y a la de El Puntal para dar cabida a más de 4 kilómetros de longitud de arenal, el más grande de Cantabria. Nosotros solo llegaremos hasta Somo, así que aprovechamos las zonas de arena más prensadas para poder rodar. Ganas de probar estas aguas no faltaban pero volvíamos a tener un tiempo algo adverso.
 
Playa de Loredo
Playa de Loredo

En Somo se encuentra un embarcadero en el que tendremos que zarpar rumbo a Santander cruzando la Bahía del mismo nombre.

Este servicio de transporte lo llaman la “Pedreñera” y está activo durante todo el año.
Durante el trayecto, realiza una parada en la localidad de Pedreña para el embarque de nuevos pasajeros. También nos hacemos una pequeña idea de la Península de la Magdalena, con su espectacular Palacio Real construido en el año 1912.
 

 
Santander nos recibe con los brazos abiertos así que nosotros queremos devolverle el buen gesto. Mientras llegamos a nuestro destino, ya podemos apreciar el Paseo de la Pereda, con sus soberbios edificios, muchos de ellos de estilo francés.

Muy cerca del muelle se encuentra la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, un edificio austero construido entre los siglos XII y XIV, principalmente en estilo gótico. Su estructura se compone de dos iglesias superpuestas, una inferior y otra en la planta superior. La superior sufrió numerosos desperfectos en un incendio que asoló la ciudad de Santander en 1941, lo que provocó numerosas reconstrucciones, como la torre del campanario cuya sobria estructura casa más con la de una fortaleza.
 

Catedral de Nuestra Señora de la Asunción
Catedral de Nuestra Señora de la Asunción
 
Muy a nuestro pesar, solo pudimos visitar el Claustro, una joya del siglo XIV de planta rectangular con un jardín rodeado de cuatro galerías con cubiertas de bóvedas ojivales, muy características del gótico.
Desde el jardín observamos el cimborrio, adornado con las estatuas de los Evangelistas.

No tenemos mucho tiempo para más, todo lo que nos ofrece Santander tendrá que esperar para próximas visitas. Enseguida damos con las flechas amarillas, que nos llevan por un entramado de calles, avenidas y polígonos industriales con el fin de alejarnos de la ciudad. Generalmente, es lo que menos nos gusta de las grandes ciudades, el caos urbano.

En la segunda parte de esta etapa nos esperan demasiados tramos de carretera, algunos salvables por algún momentáneo atajo, pero es inevitable no coger el asfalto cuando se trata de atravesar poblaciones. Pero todo tiene su aliciente.

En Santa Cruz de Bezana, por ejemplo, se encuentra la Iglesia de San Jorge, construida a principios del siglo XX a partir de la estructura de una parroquia más antigua.
 

 

La travesía nos lleva por una carretera local hasta la localidad de Puente Arce donde tendremos que cruzar el río Pas. Este ferrocarril que atravesamos lleva a un puente ferroviario que muchos peregrinos a pie toman para acortar la etapa unos 8 kilómetros. Una opción que no está exenta de peligro. Nosotros, en cambio, nos ceñimos el trazado oficial siguiendo el curso del río por el flanco izquierdo hasta Puente Arce.

En esta población, damos con su Iglesia de Santa María. Anteriormente, en la ubicación de este edificio había un antiguo Monasterio que se adaptó a una iglesia románica. La construcción actual se realizó en el siglo XVII.
 

Iglesia de Santa María
Iglesia de Santa María
 
Cruzamos el río Pas advirtiendo un Bien de Interés Cultural como es su Puente Viejo, de la época medieval, construido en el año 1585.
 
Puente Viejo sobre el Río Pas
Puente Viejo sobre el Río Pas

Al otro lado del río nos espera Oruña, con su Iglesia de Santa Eulalia, construida en el siglo XVI en estilo renacentista. Su torre se levantaría posteriormente en el siglo XVIII.

Salimos de Oruña y vamos dirección noroeste hacia Mogro, donde nos espera en lo alto de una colina la Ermita de la Virgen del Monte, construcción que se llevó a cabo entre los siglos XV y XVIII.
 

 
Desde aquí hay buenas vistas del municipio de Miengo atravesado por la Autovía de Cantabria.

A partir de la Ermita, tomamos la carretera CA-322 en dirección a Mar. Esta opción evita dar un rodeo por el trazado oficial.

El enlace con el camino oficial se hace en Requejada y poco después se llega a Barreda. A continuación tomamos dirección a Camplengo por la vía CA-340 (Viveda), por la que discurre un carril bici que agradecemos enormemente.

Santillana del Mar, nuestro objetivo de hoy, ya aparece a nuestra vista. La entrada a la población ya es en sí espectacular, con el recibimiento de su Colegiata, que de la que hablaremos ahora.
 

Santillana del Mar
Santillana del Mar

Antes, hay que celebrar la finalización de etapa como se merece.
Santillana del Mar, que ni es santa, ni es llana y ni tiene mar, es una localidad de unos 4000 habitantes, muchos de ellos dedicados al turismo, gracias a su valor histórico-artístico . Sus calles empedradas repletas de construcciones medievales lo convierten en uno de los lugares más pintorescos de Cantabria. En la Plaza Mayor encontramos, además del Ayuntamiento la Torre de Don Borja, del siglo XV.
 

 
Nos dirigimos ahora a uno de los monumentos más representativos de Cantabria, la Colegiata de Santa Juliana.
 
Colegiata de Santa Juliana
Colegiata de Santa Juliana

En el año 870 unos monjes que iban de peregrinación traen consigo los restos de Santa Juliana, una mártir hija de una familia ilustre de Nicomedia (en la actual Turquía) que prefirió morir antes que renunciar a su fe. El templo actual comenzó a construirse en el siglo XII en estilo románico aunque en los siglos XVII y XVIII se hicieron algunas remodelaciones.
 

 
Al lado de la portada destaca su Torre circular.

Los tres ábsides corresponden a las tres naves interiores y como es normal en el románico, no nos dejan de impresionar las formas de sus canecillos bajo las cornisas, o las de los capiteles de las columnas.
 

 
Como en otras iglesias de este camino, no tenemos suerte al no poder visitar su interior, pero aún así lo disfrutado es todo un regalo para la vista.

Un bisonte que alude a los pintados en las cercanas Cuevas de Altamira, nos da las Buenas Noches.
 

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