4 ZAMUDIO – CASTRO URDIALES
Camino del Norte - Primitivo De interés...

4 ZAMUDIO – CASTRO URDIALES

Duro inicio de etapa al encarar el Monte Avril, el accidente geográfico antes de llegar a Bilbao, ciudad referente a nivel artístico, cultural y urbanísitico de la que intentaremos empaparnos un poco. Cruzamos el Puente Colgante para afrontar dos agradables paseos: el primero, un bidegorri hasta la Playa de la Arena y, el segundo, por Itsaslur, un bello camino por la costa en el que pasamos a la comunidad Cantábrica. Castro Urdiales, antigua colonia romana, nos da cobijo en el final de la etapa.

 


 

No queremos abandonar Zamudio sin echar un vistazo a su Torre, (Torre Malpica) antigua propiedad de los Marqueses de Malpica, y construida en piedra en el siglo XV. Mide 16 metros y medio de altitud y en cada esquina tiene un garitón, es decir, una pequeña torre para la vigilancia.
 
 
Un poco más adelante está la Iglesia de San Martín, construida en el siglo X en estilo gótico vasco, aunque posteriormente fue reconstruida en estilo renacentista en el XVII.
El Monte Avril es el primer plato fuerte del día, quizá demasiado fuerte para empezar la mañana. En poco más de tres kilómetros subimos un desnivel de 300 metros alternando pistas de tierra con otras de asfalto. No es que sea excesivamente dura, pero la etapa del día anterior nos estaba pasando factura.
 
 
Coronado el monte Avril, comenzamos el descenso en el que muy pronto empezamos a obtener las primeras panorámicas de Bilbao.
 
 
Entramos por la zona norte de Bilbao, por su barrio de Begoña que nos dirige a la Basílica de la Virgen de Begoña, una obra arquitectónica del siglo XVI, en su mayoría confeccionada en estilo gótico aunque dispone de otros estilos, como la portada renacentista con su gran arco.
 
 
Este edificio se erigió sobre una antigua ermita donde según cuenta la tradición, se apareció la Virgen. Esta Virgen, “Begoña”, se ubica en el retablo neoclásico del Altar Mayor y es la patrona de Bizkaia, muy venerada por los bilbaínos.
 
 
Descendemos por la Calzada de Mallona para acceder al casco viejo de la ciudad.
 
 
En el trayecto nos encontramos, por un lado, la Iglesia de los Santos Juanes, construida en el siglo XVII en estilo barroco Clasicista y, por otro lado, la Catedral de Santiago, construida entre los siglos XIV y XVI en estilo gótico.
 
 
Accedemos al complejo por una puerta lateral que contiene un escudo policromado de Bilbao.

Este edificio se levantó sobre una ermita dedicada al apóstol Santiago que ya existía antes del año 1300, lo que refleja la importancia de este punto como vía de paso de peregrinaciones por aquel entonces.

En el rosetón gótico de la fachada principal se aprecia como motivo central, la figura de Santiago montado en su caballo.
 

 
El resto de vidrieras representan figuras vegetales.
Tanto la puerta principal como la torre son de estilo neogótico, construidas en el siglo XIX.

La Catedral también alberga un sagrario del siglo XV, la Virgen de Begoña y una Piedad.
Continuamos nuestro itinerario pasando bajo los Pórticos Pintados de la Ribera, unos preciosos murales en la techumbre que hacen de estos pasajes un museo al aire libre.
Junto a los pórticos se halla el Mercado de la Ribera, el mayor mercado cubierto de toda europa y referente comercial por la calidad de sus productos y precios.
 

Mercado de la Ribera
Mercado de la Ribera

Tomamos rumbo al Museo Guggenheim. Sería un delito estar en Bilbao y no ir a ver uno de los iconos de la ciudad. Ya de entrada nos recibe la escultura conocida como Mamá, del autor Louise Bourgeois, una araña de casi 9 metros que representa la duplicidad de la naturaleza de la maternidad.
 

 
Este museo se construyó en 1997 para albergar arte moderno y contemporáneo y destaca por no poseer ninguna superficie plana en su arquitectura, dándole un aspecto orgánico.
 
 

Puppy al fondo
Puppy al fondo

Muy cerca del museo se encuentra el perro Puppy, compuesto de una estructura de acero recubierto de plantas que florecen.

Visitar el Guggenheim hace que perdamos la referencia del camino oficial, pero pronto unos amables ciclistas nos acompañan un buen tramo para guiarnos hasta retomar la trayectoria correcta, rumbo a Portugalete.

Ellos nos recomiendan seguir la ría del Nervión por el lado derecho hasta llegar al Puente Colgante, así que desechamos el trazado oficial y con ello las flechas amarillas.
Los inconvenientes de esta alternativa son el intenso tráfico y los tramos en los que apenas hay arcén, lo que la hace muy incómoda. No obstante, nos plantamos muy pronto a las puertas de Getxo, donde nos internamos en un paseo con carril bici o bidegorri, como se dice aquí localmente a estos caminos rojos para ciclistas.

Mientras avanzamos vemos en la otra orilla la población de Portugalete y al frente, vamos descubriendo asombrosa estructura del Puente Colgante, medio que utilizaremos para cruzar la ría.

El Puente de Vizcaya conocido como “Puente Colgante” se inauguró en el año 1893 y fue el primero de sus características, es decir, es el puente transbordador más antiguo del mundo.
 

 
Mide 61 metros de altura por 160 metros de largo y para el transporte utiliza una especie de barquilla.

En el año 2006 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco al ser un ejemplo representativo de la revolución industrial.

A la salida de Portugalete tomamos un largo bidegorri que nos acompañará durante 10 kilómertos hasta la Playa de la Arena. Es un placer rodar por esta infraestructura donde se nota su mantenimiento y cuidado.
 

 
Este carril es transitado también por los peregrinos a pie.

Desde luego, este trayecto comparado con el duro monte Avril es un camino de rosas. Y así, dejándonos llevar llegamos a la Playa de La Arena, la última playa del País Vasco antes de entrar en Cantabria. Tiene casi un kilómetro de longitud y es muy frecuentada por los surfistas.

Hay que sufrir unos 100 escalones para poder disfrutar de uno de los paseos más bonitos de este camino del norte. Desde el comienzo, ver desde aquí la Playa de La Arena ya apuntaba maneras.
 

Paseo de Itxas-Lur
Paseo de Itxas-Lur

Este recorrido de casi 6 kilómetros de longitud es en realidad el trazado de un antiguo ferrocarril minero que transportaba hierro hasta la playa de la Arena. La actividad de este tren transcurrió entre mediados del siglo XIX hasta los años 60 del siglo XX.

El Paseo de Itxas-Lur que es así como se denomina este trecho, es una ventana al cantábrico sobre unos acantilados que oscilan en torno a los 30 metros de altura. El perfil es bastante suave en general, lo que ayuda a saborear con más intensidad los estímulos de este agradable paseo, como el sonido de las olas, el olor a mar, el tacto del viento y las postales de la costa y su horizonte.
 

 
Circular por Itxas-Lur también significa despedirnos del País Vasco y dar la bienvenida a Cantabria, donde Castro Urdiales sería la población que nos acogería ese día.

Pasamos bajo el túnel apuntalado de Piquillo para disfrutar de los últimos tramos de este paseo antes de llegar al viaducto de la A-8, donde tendremos que conectar con la carretera N-634 en el pueblo de Ontón.

Rumbo a Castro Urdiales pasamos por la Playa de Dícido, en la localidad de Mioño, una de las primeras playas que nos encontramos en Cantabria.
 

Playa de Dícido
Playa de Dícido

Por fin, llegamos al destino de hoy y como locos vamos a celebrarlo a un bar situado en la Punta Cotolino.
 

 
Antes de hacer una pequeña incursión turística debemos dejar el material de viaje y ponernos cómodos.

Castro Urdiales es una de las villas más turísticas de Cantabria, con orígenes romanos al estar situada sobre una colonia fundada por el emperador Vespasiano.
 

Castro Urdiales
Castro Urdiales

En el cerro que hay al pasar el muelle se levanta un conjunto monumental de gran valor. Por un lado, se alza la Iglesia de Santa María de la Asunción, un edificio cuya construcción comenzó en el siglo XIII y finalizó en el XV. Fue la primera iglesia gótica del litoral cantábrico.
 

Iglesia de Santa María de la Asunción
Iglesia de Santa María de la Asunción
 
Hoy día es un Bien de Interés Cultural cuya conservación es delicada debido a que padece el mal de la piedra, es decir, una serie de reacciones químicas que hacen que su piedra se vaya convirtiendo en arena.

A su lado, se encuentra el Castillo de Santa Ana, de carácter defensivo construido en el siglo XII aunque ha sufrido reformas posteriores. Su faro es del siglo XIX y se encendió por primera vez en el año 1853.

Echamos una última visual general de la localidad y nos despedimos de su iglesia que luce majestuosa en lo alto del cerro.
 

Ayuntamiento
Ayuntamiento

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