4  A RÚA – QUIROGA
Camino de Invierno Trips

4 A RÚA – QUIROGA

Afrontamos por asfalto los primeros kilómetros de la etapa, donde antes se ubicaba una vía romana, para cruzar de Ourense a Lugo. El perfil rompepiernas gana en ocasiones cierta altura en la que podemos apreciar buenas panorámicas del Sil y sus meandros. Montefurado, Bendilló o Novaes manifiestan su relevancia histórica ligada al paso de los romanos por tierras gallegas y a la Orden Hospitalaria de los Caballeros de San Juan, en el último caso. Agua y esfuerzo físico serán nuestras armas para combartir las dificultades de la jornada.

 


 
 
Hoy comenzamos bien temprano la etapa.
 
 
La longitud y exigente perfil de la misma sumado a los pronósticos de subida de temperaturas vaticinaban un trayecto riguroso.
Ya de inicio, comenzamos ganando altura por la vía OU-602 a medida que nos vamos alejando de A Rúa. Un paso inferior permite sortear la N-120 por un carril cimentado que conectará poco después con la carretera OU-933.
 

Carretera OU-933

Esta carretera local tendremos que seguirla durante poco más de 6 kilómetros y afortunadamente es una vía comarcal poco transitada por el tráfico, lo que nos permite recorrerla con relativa tranquilidad.

Pero esto no nos libra del esfuerzo de superar algunos repechos, como el que se inicia al llegar a una fábrica de componentes de vehículos. Esfuerzo que se recompensa con bellas panorámicas del valle del Sil a medida que ascendemos.

Bajo nosotros, la carretera N-120 y la línea de ferrocarril Palencia – A Coruña, navegan junto al río siguiendo su serpenteante curso. Estamos enfilando un trazado que antiguamente ocupaba una calzada romana secundaria que partía de la Vía Nova, esta última construida para comunicar Braga con Astorga.

A pesar del tranquilo y solitario caminar no podemos evitar sentirnos observados. Ya se sabe, el bosque tiene ojos. Y flamencos, y un pato Donald.
 

 
Poder divisar ya la estructura del Embalse de San Martiño significa que estamos cerca de cruzar a una nueva provincia gallega.

La carretera pasa ahora a denominarse LU-933 y los curiosos habitantes de la arboleda aledaña siguen empeñados en acompañarnos en los tramos finales antes de adentrarnos en la aldea de Alvaredos.
 

Aldea de Alvaredos
 
Atravesamos este pequeño núcleo de casas para iniciar una senda que afrontaremos una vez hayamos descansado en este antiguo lavadero que sale a nuestro paso.

Nos espera ahora una bonita pero exigente senda que transcurre en un fuerte descenso.
 

Camino en descenso
 
La bajada se interrumpe momentáneamente por la carretera LU-933 que tendremos que atravesar para continuar el camino.

En menos de 2 KM descendemos unos 200 metros de desnivel, llegando a superar pendientes de más del 15%.

En la zona de El Molino, El Arroyo de Ferreiros, que cruzamos por un puente, marca el final del descenso. Aquí valoramos un bonito gesto con los peregrinos y continuamos el itinerario contemplando el sosiego de este lugar, solo interrumpido por el paso del tren por la línea de ferrocarril, con la que nos topamos pocos metros después.
 

 
Esta línea la dejamos a nuestra izquierda a medida que avanzamos y la estación de Montefurado nos sitúa en las inmediaciones de la población del mismo nombre.

Aquí, los amables vecinos nos echan una mano para superar las calores que empiezan a pedir paso. Montefurado está contruido sobre una pendiente, y así nos lo hace ver su Iglesia de San Miguel, a la que tendremos que subir. Esta localidad tiene también pasado romano, ligado a la extracción de oro, como muestra el túnel creado para desviar el Sil y así extraer el oro.

Por su parte, la Iglesia de San Miguel, fue construida en 1767 en estilo barroco y de la que nos llama la atención por un lado, el aspecto rojizo de su estructura provocado por la oxidación de la piedra y por otro lado, su torre, cuadrangular y compuesta de tres niveles.
 

 
Aquí realizaremos un pequeño descanso y repondremos de nuevo líquidos. Seguimos atravesando Montefurado en donde se advierte el predominio de casas construidas con pizarra rojiza. Apenas coincidimos con algún vecino y eso es síntoma de este perrito deseoso de jugar con alguien.
 
 
Pero tenemos que avanzar, y lo hacemos por la parte alta de la localidad, en la que iniciamos una fuerte subida de piedra y hierba con pendientes que oscilan entre el 12% y el 16% de media. Echando la vista atrás, Montefurado cae ya bajo nuestra mirada.
 

Fuerte subida

El ascenso son 600 metros de esfuerzo físico hasta Hermidón, la siguiente localidad a nuestro paso. Atravesamos la población y el camino nos vuelve a colocar en la carretera LU-933, que transcurre a media ladera siguiendo el curso del río Sil. Mientras marchamos por esta vía, divisamos el trazado que tendremos que tomar en el próximo desvío. Los mojones oficiales señalan seguir esta carretera pero nosotros tomamos la alternativa a Vilaster y Ventavella, que ofrece más diversidad en cuanto a localizaciones, pero tenemos que reconocer que su poco más de un kilómetro de subida es agotador.

Ante la adversidad, siempre buena actitud.

La cima del ascenso finaliza en Vilaster a 535 metros de altitud, y nos encontramos con otro apacible poblado, con escasa presencia de habitantes y sin servicios. Bueno sí, hay un centro cultural, pero no nos es de utilidad cerrado.

A la izquierda de este centro se encuentra la Iglesia de Vilaster, construida en el siglo XVIII en la que también advertimos la oxidación en los elementos de su estructura.

A falta de algún Bar, sí podemos decir que algo más abajo hay una fuente con una fresca y exquisita agua.
 

 
Reemprendemos la marcha terminando de atravesar Vilaester. El camino vuelve a aproximarnos al valle del Sil y en esta ocasión nos dirige por una pista de tierra en un descenso riguroso y algo incómodo. Hay ocasiones en las que la maleza puede entorpecer un poco la marcha. Pero el Sil se asoma de nuevo y eso reconforta. Además, agradecemos el soplo de aire fresco que nos dan pequeños tramos emboscados con los que protegernos del sol. Tras la fuerte bajada de poco más de 1 kilómetro el trayecto vuelve a ascender enfilando el monte que nos llevará hasta Bendilló.
 
 
Pues sí, sufrimos de primera mano las inclemencias del calor, pero los alicientes del camino nos ayudan a vencerlo. Tal es el caso del Molino de aceite y la Capilla de San Xoan de las Farrapas (ver vídeo), lugar donde antiguamente los caminantes quemaban sus harapos para evitar enfermedades tras tantos días de viaje. La capilla fue restaurada hace poco y carece de adornos para evitar los robos. A pocos metros se encuentra el antiguo molino hoy convertido en museo y que contiene una vieja almazara.

Toca ahora un último repecho antes de llegar a Bendilló. La tranquilidad palpable de la localidad se ve alterada puntualmente con la celebración de la Feria del Aceite que se viene festejando desde el año 2000. Una tradición aceitera que se remonta a tiempos de los romanos.

A la salida, encontramos la Iglesia de Santa María, de estilo renacentista y construida en el siglo XVII en piedra y barro aunque ha sufrido alguna restauración.
 

Iglesia de Santa María

Afrontamos ahora otro empinado descenso, fiel al sello rompepiernas de esta etapa, pero más importante aún es saber que el esfuerzo tiene su premio en forma de bellas panorámicas de los meandros del Sil.
 

 
Las señales conectan con la carretera nacional 120 y para poder evitarla, nos conducen por un corto repecho que a estas alturas de la jornada, donde las fuerzas empiezan a fallar y el estómago pide paso, se nos atraganta un poco.

Por fortuna, el pueblo de Soldón, donde pararemos a comer, se encuentra ya muy próximo. Una pequeña ermita nos recibe a la entrada y después navegamos entre sus estrechas calles buscando con ansias el lugar en el que el río Soldón desemboca en el Sil. Justo aquí como si de un oasis se tratase, se encuentra el Chiringuito Soldón, un área de descanso que bien supimos aprovechar.
 

 
Nos despedimos de un Río Soldón en pleno estado recreativo para encarar los últimos 6 kilómetros de la Etapa. Una carretera local nos devuelve al Sil dirección a Sequeiros cuyas casas vemos en la lejanía. Esta vía conectará con la N-120 que seguimos durante 500 metros para luego tomar otra pista asfaltada que nos llevará a Sequeiros.

El cielo semiencapotado nos da algunas treguas con el sol lo que permite que podamos disfrutar de un agradable paseo por este bello entorno natural. Y fieles a nuestra costumbre, echamos la vista atrás para deleitarnos por última vez de lo que vamos dejando atrás.
 

Sequeiros

La pista pasa por la parte alta de esta localidad ribereña que carece de servicios y que como muchas otras poblaciones del interior, está en proceso de despoblación.

Continuamos ahora ganando altura por una pista de tierra que nos brida preciosos balcones al río, imágenes bucólicas que quedarán en nuestra retina.

El camino se embosca un tramo para luego abrirse al amplio valle en el que se ubica Quiroga. Al poco culminamos el repecho y bordeamos un manto de viñedos hasta llegar a la aldea de Novais.
 

 
Atravesamos brevemente la población y pronto advertimos una estructura de piedra en lo alto de un montículo al que nos iremos acercando poco a poco. Desde luego la ubicación es idónea para plantar tiempo atrás una fortaleza defensiva con la que controlar el Valle del Sil y las tierras de Quiroga. Y las ruinas a las que nos aproximamos pertenecen exactamente a un Castillo Medieval del que solo quedan su torre y algunos restos de viviendas de la época. La Torre Novais, que así se llama la estructura de planta cuadrada, se levantó en el siglo X como parte de palacio también en ruinas. El Castillo perteneció a la Orden Militar de San Juan cuya Cruz de Malta se puede encontrar en la entrada de la torre y en la del palacio.
 

oznor

Nosotros veremos la segunda, y para ello continuamos el camino que se endurece y retuerce para ofrecernos la parte posterior de la torre y una vista inmejorable del palacio, desde donde ya se aprecia la insignia mencionada.
 

 
Pendientes de hasta el 11% entre piedra y tierra nos amenazan en esta última subida de la jornada, Un sendero que tampoco nos deja indiferente, troncos y ramas de acacias se retuercen intentando escapar de los muros de piedra.

Culminamos el repecho para empezar a descender al Valle de Quiroga en el que topamos con la localidad de Caspedro.
Bajamos un poco más hasta pasar por una ermita de construcción rústica con advocación a San Antonio, cuya figura se representa en una talla en la parte superior del frontal del templo.
 

 
Un recorrido entre fincas de huertas y viñedos marcan la parte final de esta exigente etapa. La intención fue dormir en el estupendo Albergue de Quiroga pero al final barajamos otra opción. No obstante nos fue grato volver a coincidir con los pocos peregrinos que se cruzaban en nuestro camino.

Hasta la próxima etapa.
 

Huertas y viñedos antes de Quiroga

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