1 IRÚN – ORIO
Camino del Norte - Primitivo Trips

1 IRÚN – ORIO

Preciosa etapa de inicio de nuestro viaje por el Camino del Norte – Primitivo que comenzamos en el Puente de Santiago. El trayecto nos hace afrontar varias subidas exigentes, visitar los pintorescos pueblos de Pasajes y atravesar la ciudad de San Sebastián con su Playa de la Concha. Para finalizar, un merecido descanso en el Albergue de Orio.

 


 
 
Nos encontramos en Irún en el antiguo Puente de Santiago, punto de inicio de nuestra aventura del Camino del Norte y Primitivo, y que sirve para unir las fronteras de España y Francia que separa el río Bidasoa.
 
Puente de Santiago
Puente de Santiago
 
Antes de meternos de lleno en el camino, quisimos hacer una visita al ALbergue de Irún para sellar allí y pedir algo de información de la etapa. Por el camino, dimos una visual al Ayuntamiento, una Casa Consistorial de estilo barroco construida en del siglo XVIII.
 
Ayuntamiento de Irún
Ayuntamiento de Irún

Después, circulando por el Paseo Colón pasamos por la PLaza del Ensanche, en la que se encuentra El Kiosko de Música, construido en 1903. En esta plaza, también destaca la escultura homenaje al escritor Pío Baroja, que estuvo muy vinculado sentimentamelte a la ciudad de Irún.

Tras la visita al albergue emprendemos la marcha. Las sensaciones no podían ser mejores, siempre dispuestos a empaparnos de todo lo que nos pudiera ofrecer esta aventura. Tenemos que decir que ante las dificultades que presenta la orografía de este camino del Norte-Primitivo y el estado de algunas pistas, se plantean alternativas para los ciclistas. Bien es cierto que nuestro mayor deseo es ser fieles al camino oficial sin importarnos echar pie a tierra y arrastrar la bicicleta, pero en ocasiones hemos tomado alguna de estas alternativas, unas más acertadas que otras.

Dicho esto, volvemos a esta primera etapa, en la que empezamos a afrontar las primeras rampas del monte Jaizkibel entre bonitos caseríos. Al igual que nosotros, había varias parejas de bicigrinos que escogieron este día para iniciar el camino.
Muy cerca, encontramos la Ermita de Santiagotxo, cuyos orígenes pueden estar en el siglo XII, aunque la construcción presente es del siglo XX.
 

 
Después de unos kilómetros por la agradable pista asfaltada, comienza una fuerte subida de tierra que nos obliga a empujar nuestro medio de locomoción y en la que los peregrinos de a pie nos ganan por goleada. Pero bueno, nosotros nos lo tomamos con filosofía, si queremos disfrutar de estas vistas hay que ganárselo.
 
 
El exigente ascenso nos lleva al Santuario de Guadalupe que, aunque el edificio actual es del siglo XIX, el monumento se erigió en el siglo XVI. En su interior, se encuentra la Virgen de Guadalupe, muy venerada por los habitantes de la zona y a la que los pescadores donan objetos marineros con motivo del cumplimiento de sus oraciones.
 
 
Los bicigrinos aprovechamos este descanso para reponer fuerzas y deleitarnos con las magníficas vistas de la Bahía de Txingudi en la que apreciamos Hendaya, Irún y Hondarribia.
 
Vistas desde el mirador
Vistas desde el mirador

Dejamos atrás el Santuario de Guadalupe y volvemos realizar un pequeño ascenso por el monte Jaizquibel, que salvo algún tramo dificultoso, el resto es asequible.

A continuación bordeamos el monte por su media vertiente durante unos diez kilómetros hasta la siguiente población. En el trayecto, nos enfrentamos con algunas pistas de tierra con bastante piedra suelta, lo que nos obliga a extremar las precauciones.
 

 
A pesar de esta dificultad, la belleza del sendero es indudable. Entre las localizaciones en las que podemos contemplar magníficas panorámicas y los extensos bosques de robles y castaños que atravesamos, la ruta no nos puede dejar indiferente. Son nuestros primeros kilómetros en los que no tenemos que arrastrar la bicicleta, y eso se agradece, sobre todo cuando se trata de disfrutar de estos parajes. Eso sí, volviendo al tema de las piedras, hay poner toda la atención en los descensos.
 
Por la carretera GI-3440
Por la carretera GI-3440

La senda enlaza con la carretera GI-3440, todo en un fuerte descenso, y poco después llegamos a Pasajes de San Juan. Desde este punto las vistas del embarcadero de este pueblo pesquero son espectaculares.
 

 
Nuestro siguiente objetivo era cruzar en barco a Pasajes de San Pedro, justo la población que hay frente a la que nos encontramos. Para nuestra sorpresa, se estaban celebrando las fiestas patronales de San Juan, unas fiestas de carácter urbano con actividades tradicionales, juegos, verbenas, etc.
 
 
Rumbo al embarcadero, reparamos en las peculiares calles de la localidad.
Ya en la otra orilla, volvemos a presenciar un baile tradicional y como curiosidad las participantes portan en su mano derecha una muñeca.

Aquí encontramos la Iglesia de San Pedro, de estilo renacentista cuya construcción finalizó en el año 1774. Gran parte del edificio está construido con los restos de la antigua iglesia. En su interior podemos observar cómo destaca su sencillez ornametal tanto en arcos como en columnas.
 

 
En este punto del trayecto, hicimos caso de los consejos de los lugareños y decidimos tomar la carretera para llegar al próximo destino, la ciudad de San Sebastián. Coger esta alternativa nos privó de disfrutar de uno de los puntos más bellos de esta etapa, es decir, la subida al monte Ulia con su Faro de la Plata y sus magníficas vistas. Si hay una próxima vez, creo que nos arriesgaremos por el monte, aunque tengamos que echar pie a tierra.

La carretera desemboca en la Playa de Zurriola, desde la que podemos apreciar el Monte Urgull con su Castillo de la Mota, del siglo XII de carácter defensivo y en el que se levanta un Cristo de más de 12 metros de altitud construido en 1950.
Cruzamos el Puente del Kursaal y giramos a la derecha para tomar el paseo Salamanca, donde nos divierte tentar a la suerte con el romper de las olas.
 

 
Seguimos bordeando el Monte Urgull y poco a poco vamos descubriendo el Monte Igueldo, la Isla de Santa Clara y la famosa Playa de la Concha.

Ya había hambre, pero antes dejamos un pequeño hueco para visitar la Basílica de Santa María del Coro, de estilo barroco y cuyas obras culminaron en el año 1774. En su portada podemos observar la figura de San Sebastián martirizado.
 

 
Además del barroco, la Iglesia contiene elementos del gótico, churriguerescos y neoclásicos. En el Altar Mayor se encuentra la Virgen del Coro, patrona también de la ciudad.

Después de comer, solo tendríamos tiempo para ver la Playa de la Concha, una playa urbana de un kilómetro tresciencientos cincuenta metros de longitud y que como podemos apreciar, estaba atestada de gente. Quizá la marea alta también ayudaba un poco a crear esa sensación de falta de espacio. Este hombre ha encontrado una buena forma de quitarse del bullicio.
 

Playa de la Concha
Playa de la Concha

Justo al lado de la Concha está la Playa de Ondarreta que, aunque tiene menos longitud su anchura es mayor al no afectarle tanto las mareas. Frente a ella está la Isla de Santa Clara.
 

 
Otro de los puntos clave a visitar era la escultura de Eduardo Chillida llamada “El peine del Viento” . Por desgracia, las obras de restauración de la ladera nos impidieron el paso.
El Monte Igeldo. La subida por el camino oficial tiene estas empinadas escaleras. Hay una variante para ciclistas por carretera, pero en esta ocasión decidimos no tomarla. Las dos variantes llevan a Igeldo y a estas bonitas vistas en las que podemos ver su Faro, construido en el año 1854.
 
Monte Igeldo
Monte Igeldo
 
También aquí, encontramos la bondad de un peregrino en forma de descanso, avituallamiento y sello para nuestra credencial.

El intinerario sigue por una pista asfaltada hasta adentrarse en la senda de la ladera de Mendizorrotz, con algunos tramos exigentes para las bicicletas.
 

 
El camino aunque está lleno de encanto ya empieza a hacer mella en nuestro físico. No ha sido una etapa larga, pero la falta de un ritmo constante y la irregularidad del terreno al final pasan factura.

Algunas sendas para llegar hasta Orio aunque son algo incómodas para las bicicletas se compensan por la belleza del entorno, por eso nos lo tomamos con calma y disfrutamos el momento.
 

 
El último repecho que tenemos que salvar es el que nos lleva a la Ermita de San Martín de Tours, un templo que fue reconstruido en el siglo XVI a partir de otro anterior al siglo XIII. Cuenta la tradición de que fue la primera parroquia de Orio.
 
Ermita de San Martín de Tours
Ermita de San Martín de Tours

Por fin, llegamos al Albergue de Orio situado en un enclave precioso que está regentado por Rosa Arruti, una simpática y enérgica hospitalera que lleva muchos años impulsando la acogida de peregrinos de este camino.
 

Llegando a Orio
Llegando a Orio
 
Desde luego un espléndido lugar para culminar el día.

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